REVISTA PICNIC 20º Tour de cine francés - Revista Picnic
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por @scleon20

Una de las actividades más reconocidas —me atrevo a decir de las más importantes— que se llevan a cabo en nuestra ciudad es el Tour de cine francés. Esta muestra que se conforma de no más de siete películas y una serie de cortometrajes mexicanos permiten un espacio de distracción, reflexión, pero sobre todo, una ventana a la cotidianeidad francesa, a los nuevos discursos nacionales a través de los cortometrajes, y las nuevas visiones de cine francés.

En Francia, el cine tiene un papel muy importante. Fue ahí su nacimiento, y sirve más que una fábrica de sueños y entretenimiento. Es un medio de expresión y de análisis para comprender y asimilar problemas que afectan a la sociedad actual. Esto nos queda claro en la forma de producción del cine, su promoción y distribución, el hecho de que los canales nacionales tienen como tarea obligatoria apoyar a la industria cinematográfica francesa.

Por nuevas visiones no me refiero a las grandes vanguardias ni los dramas más desgarradores, son visiones sencillas y nuevas aproximaciones a los géneros: comedia, comedia romántica, drama, policiaco, aquí, no hay grandes explosiones. Más allá de dar una reseña o una sinopsis que se pueden encontrar en cualquier lugar, me gustaría explorar los temas y las preguntas que nacen de estas películas.[*]

En Boomerang (2015) de Fraçois Favrat, los temas fundamentales son el amor y la familia. La familia como aquel contenedor del todo, y el amor como aquello que lo mantiene y lo nutre, que no siempre debe ser formal e idílico, más bien se presenta y simplemente trasciende. Nos ayuda a recordar que la tolerancia permite que la familia (sangre o lazos emotivos y espirituales) se mantenga unida y que aquello que más nos lastima son los secretos y las mentiras.

L’avenir (2016) de Mia Hansen-Løve nos muestra el rostro más arquetípicamente francés: apreciación e interés por el pensamiento crítico, una postura fuertemente política y una forma de enfrentar las crisis y los cambios con cierto porte y elegancia. Pero la pregunta que nace es ¿qué debemos hacer cuando tocamos fondo? ¿Cómo le hacemos frente a esa crisis, acaso con nuestro porte y orgullo, o nos dejamos sumergir a la oscuridad, nos alejamos de nuestro entorno y regresamos con una nueva postura?

Preguntas similares surgen a partir de L’étudiante et Monsieur Henri (2015) de Ivan Calberác, donde un encuentro entre dos generaciones nos presenta una postura ante la vida que apuntala hacia la libertad y el gozo por la vida; pero también a nunca darse por vencido ante los sueños. ¿Acaso los fracasos son agridulces como el viento de un cementerio pero, como el propio aire, abren ventanas trancadas?

Chocolat (2016) de Roschdy Zem nos transporta a principios del siglo XX, donde Chocolat y Footit se atreven a romper los cánones del papel de los payasos en el circo trayendo a la vida el acto mixto entre cariblancos y augustos —por no decir, blancos y negros—. La historia es real, y trágica, pero uno debe preguntarse cuál es el papel del arte en la sociedad. ¿Cuándo se trata de un tema delicado y controversial (como en este caso es la raza) debe servir de mofa o sátira, o simplemente uno debe atreverse a romper con los límites y necesidades de la sociedad y decir «aquí estoy y esto es lo que hago»?

También basada en hechos reales, Au nom de ma fille (2016) de Vincent Garenq nos cuenta la historia de obsesión de un padre por atrapar al verdugo de su hija. Pero, ¿cuál es el precio de conocer la verdad? ¿Cuál es el precio a pagar por entregar la vida a una búsqueda trágica? ¿La paz que brinda la justicia, la calma del espíritu, acaso no se obtienen por transitar un camino solitario?

Lolo (2016) de Julie Delpy nos muestra la cómica relación entre una snob parisina y su hijo artista y un «naco» de la Provenza. Además de preguntarnos sobre la naturaleza de las relaciones y el ejercicio de la tolerancia, este largometraje nos hace preguntarnos sobre la libertad y que el no cortar el «cordón umbilical» de forma correcta puede generar una obsesión (entre familia, entre pareja, entre amigos).

Finalmente, Un homme à la hauteur (2016) de Laurent Tirard reflexiona sobre las barreras sociales que ponemos sin siquiera darnos cuenta. Se pregunta sobre el miedo que aún le podemos tener a lo diferente, desde encontrarnos con él, enamorarnos de él, o nosotros mismos ser diferentes. Al final, todos somos particulares, pero la película aprovecha y expone la doble cara de la tolerancia y la aceptación al intentar romper barreras de expectativas sociales.

¿Por qué me atrevo a decir que el Tour de cine francés que se desarrolla durante este par de semanas es un evento importante para nosotros, los mexicanos? Porque el cine y la visión que esta nos presenta del mundo es para todos. Es a través de la cultura y el arte que podemos conocer las forma en la que otras sociedades operan, así, el cine es un aparato de reflexión y conocimiento. Por otro lado, entender los problemas humanos a través del drama es la mejor herramienta de sensibilidad que tiene el hombre. El cine —y en general el arte— nos ayudan a tener un mejor entendimiento, a ser más reflexivos y congruentes, nos enseña a ser más tolerantes. Los discursos que en estas siete películas ponderan nos muestran un reflejo de la sociedad francesa, pero el cine es universal, y también muestran un reflejo de nosotros mismos. Aquí insiste la importancia de este tour y la razón por la cual, personalmente creo, es importante reconocer las diferentes muestras de cine internacional. Nos une, nos ayuda a entendernos mejor, nos ayuda a crecer juntos y finalmente, nos cautiva y detiene el tiempo lo suficiente para que lo pensemos de otra forma.

[*] Dejo claro que estas son preguntas que me nacieron a partir de las películas. Cada lectura es diferente, cada postura es subjetiva. El cine se debe ver desde ese punto más íntimo, sin descuidar una postura objetiva, pero finalmente, es nuestra experiencia con las imágenes y sonidos en la sala de cine.