REVISTA PICNIC 30 años de El Personal: un gay en tierra de machos - Revista PICNIC
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Durante el Vive Latino de 2012, en el escenario que se encuentra en el estadio de futbol que muchos conocen como simplemente “el Palillo”, la gente se comenzaba a juntar para poder ver a The Horrors desde las 6:00 p.m. Terminaba el show de Alfonso André y se escuchaba un murmullo cercano a la barda de seguridad. El siguiente grupo en salir era El Personal, ese mito del rock mexicano que se esfumó entre la muerte de sus integrantes y el clamor de la gente que llegó a conocerlos durante el siglo pasado.

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Entre los que se encontraban más cercanos al escenario se oían pláticas que recordaban haber visto a Julio Haro y compañía en el Bar 9 de Zona Rosa en los últimos años de los ochenta y otros que compartían la experiencia de ver a El Personal sin su vocalista original en 1995 de nuevo en la ciudad. Para la mayoría, era la primera vez que podían ver al grupo tapatío, y la impresión era de sorpresa, porque aunque su nombre ha pasado por las diferentes generaciones de mano en mano en grabaciones ilegales, el secreto de su presencia se fue apagando con los años.

A las 6:30 en punto el sonido anuncia la salida de la banda y el barullo no se apaga, pero Andrés Haro saluda, canta sus canciones que hacen reír a los desinteresados y prende a los demás cuando invita a Sabo Romo y a Rubén Albarrán a cantar con ellos para recordarnos que somos los marranos y que hay que alimentar a un pequeño animal de granja. El secreto vuelve a estar vivo. Varios jóvenes preguntan a otros más viejos y con chamarras de piel por el grupo, a lo que alguno atinó a decir solamente: “pues como decía Cobain: ‘todos son gays’.”

El Personal nació hace 30 años durante el mes de julio en la ciudad de Guadalajara. La idea surge de Julio y Andrés Haro, que se juntaban a tocar canciones después del trabajo, pero ante la falta de virtuosismo de ambos preferían divertirse y modificar las letras de lo que escuchaban. De estas experiencias se consolidaron canciones como “Dale de Comer al Conejito” o “Broche de Oro” y la forma definitiva que tendría El Personal como agrupación se vio reflejado en No Me Hallo, su primer álbum y único con Julio en la voz.

En los años ochenta, Jalisco seguía siendo ese destino charro, donde la hombría del macho mexicano dominaba. Las canciones que se encuentran en su primer álbum detonaban en una de las ciudades más conservadoras del país por los temas que tocaban con un juego del doble sentido, como la masturbación, el fumar mota y la vida en la llamada perla tapatía. El éxito para la banda llegó gracias a la gente de la Ciudad de México, que recibió su propuesta como una pieza más de un movimiento que junto a grupos como Café Tacvba, La Castañeda o Ritmo Peligroso, le dieron un nuevo giro a la escena del rock en nuestro país, después de que una generación se quejara de que sólo el hijo de Díaz Ordaz era el que iba a poder tocar.

Charly-Andres-Haro-Alfredo-Sanchez-y-Julio-Haro

El mito de esta banda se formó en la tragedia por la muerte de tres de sus integrantes. Primero el baterista, Pedro Fernández, en 1989; luego Julio Haro, en 1992; y finalmente Lalo Parra, sucesor de Julio, en 1995, los tres víctimas del VIH. Andrés recuerda que cuando formaron El Personal “los dos sabíamos que (Julio) estaba infectado de sida. Hice el grupo a sabiendas de que iba a ser efímero, de que Julio iba a morir pronto.” A pesar de esto, Andrés continuó con la banda, que este año cumple tres décadas de haberse formado. La decisión de seguir respondió más al instinto de ver cumplido el sueño de Julio, antes de verlo como una empresa monetaria.

Julio, Pedro y Lalo murieron, pero el mundo al que le quisieron cantar y los despreció sigue vivo junto con el legado de El Personal. Las canciones de la banda están aquí para recordarnos, a través de metáforas con tono sexual y temas espinosos, que se puede reír ante la nula posibilidad de nombrar las cosas y la necesidad de disfrazarlo con un conejito, una “Torta ahogada” o un “Broche de oro”. También, sin la irrupción de las letras y la mezcla de géneros que lograron a finales de los años ochenta, fue el primer paso para una propuesta más amplia dentro de la música mexicana, que no sólo se detuvo en lograr mezclar géneros sino también intenciones, entre la protesta política y social, las represiones sociales o las incomodidades de la vida diaria.

El Personal fue un gay en tierra de machos, un ateo en el edén de los creyentes, artista donde sólo cabe el conformismo de tocar las mismas canciones tristes de amor, músico de reggae, cumbia, blues o foxtrot donde el mariachi y las baladas hacen nido. La música mexicana sufrió una revolución silenciosa que ha pasado como un secreto a voces desde el legendario Bar 9, las cintas pirata del tianguis del Chopo hasta el Vive Latino, sobreviviendo como ese ideal de enfrentar la aplastante finitud de la vida con música y humor.

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