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Todo hijo de artista conocido tiene la duda y se pregunta qué es ser su padre- Adán Jodorowsky

 

Luego de actuar en Santa Sangre, Adán Jodorowsky se interesó por el cine y empezó a dirigir cortos con una pequeña cámara, junto con un amigo. Con el tiempo la gente comenzó a verlos hasta que unos productores le propusieron dirigir un corto en 35 milímetros. El resultado fue Echek, el cual marcaría el inicio de su carrera formal como cineasta. Y es que a pesar de que ha cobrado fama gracias a la música, él asegura que su verdadera vocación es el cine.

Durante sus vacaciones, el también cantante nos platicó sobre Cannes, la experiencia de personificar a su padre, y por qué ha decidido dejar atrás a Adanowsky y volver a ser Adán.

¿Por qué si querías ser director de cine te decantaste por la música?

Yo siempre quise ser director, solo que en algún momento dado comencé a hacer música y como que se abrieron puertas y empezó a irme bien. Entonces me enfoqué en eso pero en realidad yo quería ser director de cine. Comencé a dirigir mis videos, pensando que me servirían como un demo para mostrar más tarde un día a productores y poder dirigir una película. Hace dos años dirigí un mediometraje que se llama The Voice Thief con Asia Argento y mi hermano Cristóbal. De repente como soy hijo de director de cine –Jodorowsky- la gente se entusiasmó y a la película le fue bien, ganó premios, etcétera, etcétera. Y empecé a escribir guiones y me siguió apasionando el cine y es lo que me gusta de verdad, ser director. Nunca dejaré la música pero quiero hacer cine.

¿Tienes planeado dirigir algún largometraje?Sí, ahora tengo un guión, estoy buscando los fondos, pero es complicado porque se trata de mucho dinero. Entonces para que confíen en ti, una primera película, es toda una cosa, pero ahí le estoy dando y no soltaré hasta hacer la película.

¿Qué temas abarcas en tus guiones?Escribir sobre algo real me aburre porque lo veo todos los días. Me gusta alterar la realidad. Crear historias fantásticas, de ciencia ficción, surrealistas. Es lo que me interesa.

¿Cómo es la experiencia de dirigir a alguien de tu familia?

A mí me encantó dirigir a mi hermano porque lo conozco tanto que sé cuando actúa bien o no y yo quiero sacar lo mejor de él. Él me entiende y dice: sí, sí es cierto, podría hacerlo así. Tuvimos una comunicación muy buena.

 ¿Y cuándo es a la inversa y tu padre te dirige a ti?

Es diferente porque mi padre es un verdadero director, es decir, pone en escena. Como hizo mucho teatro te dice: te pones aquí, abres los brazos… Te dirige absolutamente todo y después te deja tu libertad. Es una carga hacer una película, entonces a veces se pone nervioso, a veces es muy tierno, a veces es muy educado, a veces es colérico, hay de todo. Uno pasa por miles de emociones cuando hace una película, porque hay tanta carga, como 100 personas en el set. Es una responsabilidad. Sí se siente eso pero todo se hizo en el momento. Mi padre no es alguien que dibuje los planos. Él llega al set e improvisa en el momento.

¿Tú también trabajas así o eres más metódico?

No. Yo sí dibujo los planos. Los movimientos de cámara, todo. Me siento más seguro así. Pero el hecho de haber trabajado con él me enseñó a tener más libertad, es decir, ahora sí creo que sería capaz de llegar en el set e improvisar todo en el momento. Lo que sucede es que algunos productores te piden preparar lo que vas a hacer el día siguiente, y te quitan un poco de espontaneidad. También es bueno no escuchar, no entrar en un sistema de todo preparar antes. Es inseguro pero quizá salga todo mejor.

¿Cuál es tu formación como actor?

Bueno, nunca tuve una formación como actor. Era niño, me dijeron: actúa. Y actué. Luego de eso me metí a clases de teatro, en el Actor´s Studio en París. Tomé clases durante cuatro años pero creo que aprendí más tocando en un escenario, siendo músico e interactuando con gente, que tomando clases de teatro.

¿Cómo te preparaste para ser tu padre en Poesía Sin Fin?

Me preparé toda la vida, viviendo con él. Soy su espermatozoide, soy él de alguna manera. No tuve que trabajar mucho aparte de hablar con los amigos que tenía él antes que son pocos porque ahora son viejos. Le pregunté qué música escuchaba en esa época, tomé algunas clases de marionetas, de mimo, de baile y leí mucha poesía de los poetas que leía, de su amigo Enrique Lhin, de Nicanor Parra, leí Neruda aunque él decía que era un burgués; mi padre era el punk de la poesía con sus amigos de la época, entonces odiaban a Neruda. Pero leí Residencia en la Tierra, a Vicente Huidobro, me metí lo más que pude en su mundo. Él me estaba dirigiendo entonces lo tenía ahí al lado todo el tiempo, Era muy fuerte, raro. Además tenía a mi hermano Brontis que fue mi coach de actuación y además actuaba en la película, entonces cuando él no actuaba era mi coach, pero cuando actuaba él era mi abuelo, o sea el padre de mi personaje. Pascale, la mujer de mi padre, hizo los trajes, fue un trabajo familiar, duro y bonito a la vez. Al principio quería imitar a Alejandro, copiar sus gestos, la manera en que hablaba, pero de repente solté eso. Opté por eso y ahí encontré la manera de actuarlo.

 Platícanos sobre la recepción de Poesía Sin Fin en Cannes.

Estaba aterrado, nervioso. Era la primera vez que actuaba un papel principal. La gente aplaudió muchísimo, como quince minutos. Fue muy emocionante, mi padre se levantó con lágrimas en los ojos y me dio una emoción terrible, me tembló el cuerpo. Nos levantamos todos, no me podía mover, estaba paralizado ese día. Estaba recibiendo los aplausos de todo el mundo y fue muy fuerte para mí. A los artistas nos encanta recibir aplausos pero también somos muy tímidos. Mucha gente no entiende por qué me incomodo con las fotos, pero me da vergüenza delante de todos ser la estrella, es raro porque soy un ser humano como todo el mundo, que me pongan en pedestal es un juego, no es real. Es efímero, me pueden olvidar mañana. Mi hermano Brontis describe el momento muy bien, le llama “el momento Mickey Mouse”.

¿Haber interpretado a tu padre en Poesía Sin Fin tuvo algo que ver con que dejaras atrás a Adanowsky? Todo hijo de artista conocido tiene la duda y se pregunta qué es ser su padre. Qué es ser Alejandro Jodorowsky, ser un ícono. Y el hecho de haberlo interpretado, de repente ya lo fui, lo experimenté. Después de la película me rapé el pelo, lo enterré en el desierto, tuve un renacimiento. Decidí ya no llamarme Adanowsky, ya no esconderme detrás de máscaras, en el mundo ya hay mentira, este mundo necesita verdad. Me di cuenta que la gente ya no quiere estrellas, quiere seres humanos. Decidí ser un ser humano y ya no interpretar personajes y llamarme Adán. Todo se encajó perfectamente, el universo hizo todo para que se encajara: hice la película, me rapé, me convertí en padre, hice un disco que se llama Adán y Xavi y los Imanes. Fue mi proyecto paréntesis, una transición suave para llegar al nombre Adán. Mi próximo disco saldrá simplemente como Adán.

Has musicalizado películas. ¿Cómo cambia tu proceso creativo cuando compones para una cinta y no para un disco tuyo?

Me gusta mucho, cuando haces música para películas ya no hay versos, coros, puentes. Es totalmente libre, sigues la imagen y dejas que te inspire. Es algo visual. Me encierro tres meses, todos los días sentado en mi casa, componiendo, así como monje. Es extremadamente complicado a veces. Es otra energía, más libre. Me encanta.

¿Qué referencias utilizas?

Escucho la música de las películas del director, esto me sirve para entrar en su mundo. Para la película de mi padre escuché mucho a Beethoven, Schuman, Stravinski, Satie y Berrnard Hermann. Me inspiraron esos universos pero al final las melodías las compuse al piano, había muchos violines porque a mi padre le gustan mucho los violines y las flautas, entonces incorporé eso, oboes. Me adapté a lo que a él le gusta.

En efecto, “Los Mineros” del soundtrack de La Danza de la Realidad suena mucho a Satie.Sí. cuando era niño yo escuchaba mucho a Eric Satie, entonces me inspiró mucho ese compositor. Tu inconsciente capta cosas y se inspira de melodías. Pero sí, “Los Mineros” podría ser una especie de gimnopedia de Satie.

Para musicalizar La Danza de la Realidad y Poesía Sin Fin trabajaste con la Orquesta de Macedonia. ¿Cómo fue esa experiencia?

La orquesta de Macedonia es muy buena. Tocan los violines muy bien. La flautista es excelente. Con las trompetas fue un poco más difícil para mí porque ellos no tenían la buena sala, no sonaba del todo bien, pero hicimos lo que pudimos y creo que salió bien al final. Cuando ves que tocan tu música de repente te tomas por Beethoven, dices: Wow, yo compuse eso, qué increíble. Para Poesía Sin Fin lo hice todo por Skype. Les pasaba las partituras y yo los dirigía desde París.

 ¿Qué soundtracks te han marcado?

El de Berrnard Hermann para Vértigo. Es obvio, Hitchcock tiene muy buenas músicas. También me encanta el de Splendor in the Grass que es una película con Warren Beatty y Natalie Wood. Está el soundtrack clásico que es Once Upon a Time in America que a todo el mundo le gusta pero es que es maravilloso. Y bueno, obviamente todo lo de Ennio Morricone.

 ¿Qué películas te han marcado?

Mary Poppins, la vi como 100 veces. Después vi como 50 veces El Profesor Chiflado con Jerry Lewis. También me encantaban los movimientos de cámara de las primeras películas de Scorsese. Me gustan mucho los movimientos clásicos. Orson Welles por supuesto, me encanta. En realidad me han marcado muchas cintas porque, ¿sabes?, yo veo por lo menos dos películas diarias. El otro día, como mi mujer estaba embarazada, vimos cuatro películas. Me gusta mucho el terror de los años cuarenta, los clásicos: Drácula, Frankenstein, La Momia, La criatura del lago. También me gustan las películas de John Waters, me gusta Fellini, Buñuel me encanta. Más actual me gusta el cine de Paul Thomas Anderson. The Lobster de Yorgos Lanthimos; me gustó la primera parte, la segunda no sé, se fue a otra cosa, pero me gustó la primera parte, la encontré muy interesante.

¿A quién eligirías para dirigir una película sobre tu vida?

Le pediría a Salvador Dalí, sería muy divertido.

 

 

 

 

 

 

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