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Por Fahyr Arroyo

Una de mis lecturas más recientes ha sido la antología de textos de Eduardo Antonio Parra, Ángeles, putas, santos y mártires. Este volumen, que recoge cuatro cuentos del autor mexicano, nos presentan diversos personajes cuyas acciones los irán catalogando (como bien menciona el título) de ángeles, putas, santos o mártires ¿cuál serías tú?

Así pues, iniciamos la lectura con Cuerpo presente, cuento que nos habla sobre Macorina, una prostituta que al cabo de los años adquiere un status relevante en el pueblo de Hualahuises. El personaje de Macorina (en este caso el de la puta) es, uno de los más fascinantes, puesto que irá teniendo, a lo largo de la narración, una serie de cambios. Entre ellos, el cambio físico es uno de los más relevantes, esto debido a que, tras un accidente, Macorina sufre la pérdida de una de sus extremidades, esto en vez de desembocar en un fin trágico le sirve de pretexto para realizarse una serie de cirugías, que le dan a su cuerpo un nuevo aire, las cuales logran que la extremidad perdida pase al olvido. Es así como, a lo largo de su funeral, a Macorina la conoceremos a partir de los recuerdos de quienes fueron sus clientes favoritos y amigos desde el momento en que aquella muchacha llegó al poblado para con ello, mantener en la memoria a “la mujer más querida de Hualahuises” (Parra 2014, 10)

Otro de los relatos incluidos en esta breve antología es El cristo de San Buenaventura, del cual no hay que fiarnos en el título; aquí el personaje es un mártir. Este relato, desarrollado en un escenario rural, muestra la situación que suele suscitarse en espacios regidos por sus propias creencias por lo que, al que llega de fuera, se le percibe como portador de ideas negativas. La fluidez del texto, junto a las escenas de persecución del mártir, logran que la historia de este personaje, del cual se cree es un brujo, se vean envueltas de una atmósfera de misterio que desemboca en un final trágico.

Los dos últimos relatos: El cazador y Nadie los vio salir, se desarrollan en el espacio de urbanidad del norte del país. Aunque ambos textos presentan una relación con la frontera México-Estados Unidos, en el primer relato esto se hace más evidente, ya que el protagonista del cuento hace un recorrido por las principales ciudades fronterizas con el único fin de huir (o buscar refugio) en su hogar, Ciudad Juárez. Temor, persecución y un desenlace inesperado es lo que nos aguarda en esta breve narración.

Por su parte, en Nadie los vio salir, la alegría y celebración se hacen presentes en una noche que debió ser de tristeza. La narradora del cuento, una prostituta de edad y físico ya no tan firme, nos irá contando lo que sucede la noche en que dos personajes, que no son esposos, ni pareja, ni amantes, ni hermanos (aunque les encuentre similitud), y cuyo trato de amigos hace pensar que hay algo más allá, llegan al bar de Marcial, el dueño del establecimiento. La aparición de estos dos personajes, cuya belleza angelical y porte hipnotizan a los asistentes del lugar, encuentra su relación con un deseo que Marcela, la comadre de nuestra narradora, tiene sobre un asunto de la vida, imposible de puede evitar. El goce, sexo y unos ángeles que hacen un bien de manera distinta a lo que dicta el dogma cristiano-católico, es lo que este cuento de fiesta nos ofrece.