REVISTA PICNIC Balmorhea @ Teatro Milán - Revista PICNIC
Todas la pecas del mundo

La cita es en el Teatro Milán, un lugar pequeño, acogedor, íntimo y muy cómodo. Dentro del venue, pero aún sin pasar al Foro, dos chicas venden LPs, discos y bolsas a los primeros curiosos de la noche. Otros tantos se forman en una barra, esperando conseguir alguna bebida alcohólica o un café. El rango de edades entre los rostros varía de los 15 a los 65. Pocas veces se ha visto un público tan variado.

Se abren las puertas de la sala. Todos toman sus lugares acompañados por el amable personal. Entrar al Teatro Milán en esta noche específica es como llegar a la sala de tu casa, rodeado de amigos. Hay un misticismo mágico en el ambiente, el silencio por momentos sobrecoge y llega a lo más profundo de las entrañas. Envuelta en esta calma, Aisha Burns se posiciona en el centro del escenario y comienza a juguetear con algunos pedales.

Las luces principales se apagan, pero algunos focos permanecen a media luz. El acomodo de la concurrencia sucede en un plan bohemio. Aisha tiene hipnotizado a un auditorio lleno con su violín, una guitarra limpia y una potente voz, cargada de una tristeza innata. Sonríe y agradece la gran respuesta. Presume su disco próximo a estrenarse. Quienes llegan tarde procuran pasar agachados para no tapar el campo de visión de aquellos que están sentados. Se respira una camaradería especial, única en su tipo.

Unos minutos después, los seis músicos que conforman el ensamble conocido como Balmorhea toman posiciones. Al menos quince instrumentos, desde diminutas percusiones hasta un imponente xilófono y un igualmente sorprendente contrabajo, los rodean por todos los flancos.

El set inicia con “Clear Language”, canción que da nombre a su disco más reciente, lanzado el año pasado. El sonido es sencillamente perfecto. Esto provoca que la primera falla del audio sea dolorosa. El sexteto deja pasar un momento antes de comenzar con su siguiente tema debido a un amplificador que se niega a sonar. Rob Lowe aprovecha para darnos la bienvenida al show.

No hay ruido alguno en el público. Tampoco hay más que un par de celulares. Todos se mantienen atentos al escenario. Es difícil creerlo, pero pese a todos los instrumentos colocados a simple vista, existe uno más que pasa casi inadvertido: el silencio. El post rock convencional pareciera tener una fórmula de construcciones y clímax. Balmorhea juega con las sutilezas, convierte los volúmenes bajos en parte esencial de su show. Su música es casi un secreto, susurrado suavemente al oído.

Diez años de carrera deben entrar en un set de hora y media. Temas como “The Summer” de Rivers Arms (2008), “Jubi” de Stranger (2012) y “Bowsprit” de Constellations (2010) se intercalan con cortes de Clear Language de manera experta, sin sobrecargar determinadas épocas, dando espacio a la banda para mostrar todas sus facetas. Los seis miembros del ensamble rotan instrumentos constantemente, demostrando un talento envidiable.

Nada sobra, nada falta. Todo suena exactamente en el momento en que debe sonar. El violonchelo inicia una progresión y el violín la termina en perfecta sintonía. “First Light” nos devuelve las vocales de Aisha. Balmorhea deja el escenario agradeciendo los aplausos.

Rob vuelve y pregunta si estamos bien con que toque una canción en solitario con su teclado. “No se preocupen, el resto de los chicos volverán en un momento”. “Waiting Itself” es uno de los momentos más bellos de una noche inflada de emociones. Posteriormente, con cuatro hombres, se interpreta “On the Weight of the Night”.

El resto de Balmorhea se reincorpora para entregar “Truth”, poniendo fin a un concierto absolutamente memorable. Ni bien podemos salir del Foro, todos los integrantes se encuentran ya listos para recibir a sus fans en el lobby del teatro. Esa sensación de proximidad es lo que nos llevamos de la presentación, y es lo que más se debe agradecer a Pedro y el Lobo. Sobre todo, se debe aplaudir a una de las mejores audiencias que se hayan juntado en la historia reciente de los conciertos en México.

Fotos: Diego Vigueras