REVISTA PICNIC Bob Dylan recibe el premio Nobel - Revista PICNIC

Mientras tanto, las reacciones en todos los medios y redes sociales se desataron y mientras sus más fieles seguidores y algunos melómanos no caben de alegría con la noticia, entre líderes de opinión y pseudointelectuales mostraron su insatisfacción al respecto.

Aún cuando el compositor originario de Minnesota anteriormente ya ha ganado otros reconocimientos como la Orden de las Artes y las Letras (1990), el Príncipe de Asturias (2007) e incluso el Pulitzer (2008), otorgarle el premio Nobel a alguien que no se desempeña «formalmente» como escritor o «literato» tiene conmocionado a más de un grupo de personas.

Cabe destacar el motivo por el que a Dylan le otorgaran la distinción, y es por la trascendencia de su creación poética. La importancia de este suceso no sólo es relevante para el universo de las letras, sino para el mundo de la música y de las artes en general.

Con la llegada del siglo veinte, las expresiones artísticas dejaron de ceñirse a sus marcos formales de desarrollo y comenzaron convivir más explícitamente entre ellas, sin embargo, no siempre han estado separadas del todo.  Alguna vez, Rousseau escribió un Ensayo sobre el origen de las lenguas (1781) en el que sostiene que la palabra y la música no son entes que existan de manera independiente, pues en algún momento muy remoto, al momento de surgir, lo hicieron al mismo tiempo.

Las artes han convivido siempre de manera cercana entre unas y otras, en especial la poesía y la música. ¿Qué sería de los poemas sin la parte de su esencia que reside en la sonoridad? Asimismo, por muchos siglos, las composiciones musicales han ido estrechamente de la mano con la escritura de las letras. Los cantares de gesta, los romances y la tradición oral no nos dejarán mentir.

La especialización del trabajo durante el siglo 19, fue algo que quedó sumamente impregnado en las formas de vida cotidiana de occidente, sobre todo en un ámbito tan conservador como lo es el arte y sobre todo, la literatura. Es por ello, que la noción de «literatura» persiste aún muy ligada a las ideas de libro, prosa y sobre todo de novela, dejando de lado otras creaciones diversas como lo son todas las variantes de la creación poética, como lo es la canción.

Por otro lado, la alta cultura, en un intento de legitimar su creación cultural, ha jerarquizado las expresiones artísticas, impregnando de cierta inferioridad o hasta desprestigio las creaciones de la cultura popular. Muestra de ello, ha sido por mucho tiempo el premio Nobel de literatura mismo.

Por décadas, se le ha otorgado el galardón a escritores y literatos con carreras casi todas profesionalizadas, que regularmente pertenecen a estratos sociales altos y sobre todo, que escriban en prosa y en algunas de las lenguas más habladas en occidente, como lo es el inglés. Lo cual, ha dejado de lado innumerables posibles reconocimientos para toda clase de lenguas, naciones, estratos y expresiones literarias.

No hay que olvidar que el Nobel es un importante representante del canon, lo cual quiere decir que no debería sorprendernos la exclusión que suele estar presente en la selección tanto de los nominados, como del ganador.

Bob Dylan puede no gustarle a todos, puede ser aburrido para algunos, demasiado pretencioso para otros. No obstante, tanto la forma como el contenido de sus letras son de una creatividad y una sensibilidad que juega con la morfología y los sonidos, independientemente del acompañamiento acústico. Incluso llega a experimentar con la temporalidad en ciertos momentos jugando con los tiempos verbales, para hacer de las situaciones descritas un remolino de interpretación.

Muchos se han quejado de que no se le otorgue la distinción a un escritor «serio» o siguen lamentándose el premio no otorgado a Jorge Luis Borges en vida. Incluso las burlas hacia Haruki Murakami «cruzazuleándola» no se hicieron esperar al igual que en años pasados durante la entrega del premio de Estocolmo.

Lo destacable de la entrega de este reconocimiento, quizá no es quién lo gane. Porque es cierto que existen muchos cantautores contemporáneos cuyas letras son incluso de un virtuosismo mayor que el de Dylan y no muy (re) conocidos por el público. En esta ocasión, lo afortunado ha sido salir del gremio literato y caer en cuenta de que la poesía no culta también es literatura a su modo.

A su vez, que sea reconocida una figura importante para la cultura no elitista como lo es Dylan – quien también puede caer en el esnobismo de ciertos sectores – es en cierto modo un reconocimiento a décadas de canciones y a tantos músicos que han sido olvidados por el prestigio de la letra escrita.