REVISTA PICNIC Bon Iver @ Pepsi Center WTC - Revista PICNIC

Bon Iver se presentó al fin en la Ciudad de México luego de algunos años de espera y el escenario de la urbe no podía ser más adecuado. Una nublada y húmeda tarde de domingo en pleno invierno recibía al compositor originario de Wisconsin.

Aún con el tráfico derivado de las incesantes lluvias en algunos puntos de la capital, parece que no hubo impedimento alguno para acudir a la cita en el Pepsi Center, pues ante la ventisca, lo de menos era correr con todo y chamarras, botas o bufandas ya con boleto en mano.

Alrededor de las siete de la noche comenzaron a llegar los primeros asistentes quienes, en los minutos posteriores se apresuraron a ir llenando el lugar. Aún cuando el evento no fue sold-out, durante las siguientes dos horas no dejaron de formarse grupos de personas bien abrigadas, entre ellos montones de güeros con pinta de intelectuales y hipsters de ocasión que no dejaban de formar filas para entrar.

La Noche fría y folk de Justin Vernon.

Pasadas ya las nueve de la noche y con los jalacables ausentes, se apagaron las luces y una pequeña tropa de músicos se dispuso a ocupar su lugar. En medio, a lado de su pulido y resplandeciente piano, Justin Vernon en jeans, camiseta y gorra, dio inicio al show sin demasiado preámbulo. Arrancando con “10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄”, la banda conformada por dos baterías, bajo, sintetizadores y un grupo de metales que incluía saxofón y cuatro trompetas, Bon Iver se dejó venir con todo, menos con miedo.

Después, unos acordes familiares comenzaron a sonar y “Flume”, la canción que abre el famoso material For Emma, Forever Ago, dio inició para contagiar de una nostálgica calidez a todos los presentes.El show iba y venía entre la melancolía boscosa de los trabajos anteriores de Bon Iver – con rolas ya clásicas como “Holocene” y “Perth” – y la radiante potencia de las canciones de 22 A Million. Todas en conjunto, no sólo con la ordenada interpretación de la banda, sino con una iluminación sumamente íntima, casi de culto, dotaba al escenario de una atracción ineludible.

Antes de marchar a su primer encore y luego de un par de pronunciamientos por parte de Vernon con respecto a las nuevas políticas migratorias de su país, el conjunto de metales realizó una conmovedora interpretación de un fragmento de “La Llorona”, conocida canción de origen oaxaqueño. Al interior de una atmósfera electrizante y sumamente amistosa, amena y abundante de parejas y amigos abrazados unos a otros, Bon Iver ofreció una presentación única y transparente, en la que todos y cada uno pudieron estar, aun a solas, en contacto con su sensibilidad más oculta.

Al filo de la noche no pudo faltar la coreadísima “Skinny Love” seguida de “Creature Fear” con el cierre definitivo a cargo de “22 (OVER S∞∞N)”. Justin Vernon no estaca particularmente por su contacto con el público o con un carisma exacerbado, pues la timidez le permite concentrarse en su trabajo con los sonidos, no obstante, agradeció a los asistentes su calidez pues, aún estando tan lejos de su hogar lo hacían sentir como en casa, dijo.

Pasaron varios años antes de que pudiéramos tener la fortuna de escuchar a Bon Iver de cerca, no obstante, valió la pena cada minuto de espera, aunque de ser por todos los presentes, hubiese sido perfecto escucharlo por un rato más.

Fotos: Monserrat Castro