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Todo inició con un desayuno en la banqueta, aderezado con las ilusiones de volar hacia la música, mientras esperábamos el ya conocido transporte que nos llevaría a vivir la aventura del Festival Bravo.

Después de tres horas aproximadas de viaje; Festival Bravo nos recibía. Claro, en esta vida nada es perfecto y el ingreso al festival también fue algo atropellado, sin embargo, no fue nada que no se pudiera olvidar en cuanto nos adentráramos en el bosque.

El calor dejó de importar, el terreno, obviamente complicado, fue ignorado. Nos dejamos llevar y fuimos parte del entorno, conviviendo responsablemente con él y respetando la vida del mismo. Bravo, desde la entrada al festival hacía saber las reglas del juego; fumabas: nada de tirar colillas, podríamos vivir un infierno, literalmente. La basura a los botes que les correspondían y los baños; como en el rancho, 100% artesanales.

#LaMúsicaMeHaceVolar

Una vez adaptados al entorno, comenzamos el vuelo gracias a la música y el ambiente amable que propicia una primera edición de un festival. Decidimos incursionar en cada vereda que encontrábamos, Bravo nos incitaba a ser curiosos y explorar cada rincón del bosque. De pronto descubrimos un lugar como sacado de un cuento. El “Jardín escondido”: un espacio que te invitaba a disfrutar del entorno. Colchonetas, un sillón de paja que parecía ser del mundo de gigantes, colores fluorescentes y mucha sombra, hacían de este espacio el lugar perfecto para disfrutar de los espectáculos que se presentarían en este escenario.

Casualmente cuando nos encontramos con el Jardín escondido pudimos ser testigos de la danza de unas criaturas que se ocultaban entre los árboles. Bailarines salieron de todos lados para maravillarnos con su fusión de ritmos, baile y naturaleza. El bosque parecía bailar al ritmo de la música y nosotros simplemente decidimos dejarnos llevar para sentir lo que parecía ser el primer gran latido del bosque ocasionado por la energía de todos los presentes.

FOTO: SHA LUGO

El sol estaba en su punto más alto y el reloj marcaba las 3 de la tarde. Cuando apareció Wet Baez en el escenario, olvidamos el calor y armados con un trago bien frió nos acercamos al escenario. Gracias a que muchos estaban refugiados en la sombra, no sufrimos de empujones y disfrutamos de los ensambles relajados, inspirados en la música de los 70, característicos de este talentoso millennial. La puntualidad de los organizadores, por primera vez se volvió una jugada ingrata, pues disfrutábamos bastante de la música de Wet Baez cuando tuvo que bajar al cumplir con el tiempo que marcaba el horario de su presentación.

El calor volvió a ser el protagonista y nos hizo buscar refugio junto a las costureras que cosían los parches de Cerveza Modelo, en donde uno quisiera. Lo inquietante de esta activación fue que esto impulso a un par de valientes que decidieron cocer los parches en sus jeans y digamos que, el paisaje no fue el mejor pues desafortunadamente para las chicas, los valientes resultaban no muy atractivos en calzones.

Los más de 29 grados, hicieron que disfrutáramos desde lejos las presentaciones de Ela Minus y Curtis Harding. Pero después de haber cargado nuestros celulares en un stand (porque no había centros de carga para los celulares). Recuperamos la fuerza y decidimos continuar con el vuelo ascendente que proponía Little Jesus; que pese al calor final del día y por lo tanto el más incómodo, fue el primer talento que convocó un lleno en el claro del bosque, donde se encontraba el escenario “Bravo Especial”.

FOTO: SHA LUGO

“Yo las canciones y tú la magia” fue el momento en que todos nos unimos para corear su rola más popular: “La Magia”. El resto de su presentación fue 100% amigable y con la vibra característica de los ritmos alegres de Little Jesus, que incitaban a bailar.

“Music is the answer”

Una hora aproximadamente fue lo que esperamos para ver subir al escenario a NoMBE, quien golpeó nuestra piel con sus bits, que subían y bajaban sin previo aviso. Su energía y emoción dejó el primer gran sabor de boca de la tarde. El escenario “Especial” se llenó por segunda vez en el día, pero en esta ocasión se apreciaba el cabello de todos los presentes, agitándose al ritmo de la música. Por fin un festival nos hizo justicia al otorgarle 10 minutos más a NoMBE, mismos que se habían ganado por la puntualidad de las presentaciones. Así que seguimos disfrutando de esta agrupación.

Para despedirse, NoMBE, decidió brincar por encima de las bocinas, bajar del escenario y cantar en medio de todos, entregando un cierre explosivo a su presentación.

FOTO: SHA LUGO

Después de escuchar las guitarras adictivas y los ritmos frenéticos de la agrupación californiana (NOMBE), entró  la noche en Bravo y el escenario “Bosque” estaba listo para iniciar actividades.

Continuando con el viaje entre luces, música y grandes árboles, cruzamos por primera vez al escenario “Bosque” y nos adentramos en él.

¿Qué encontramos? Sonidos bass, R&B y synth-pop del regio Teen Flirt,  mezclándose de manera perfecta con las melodías naturales y el genial juego de luces que aterrizaba sobre las hojas y troncos de los árboles, creando un mundo alterno en el que definitivamente, la música nos hizo volar.

Ahí fue donde nos presentíamos muy cerca del climax de nuestro viaje, gracias a las mezclas de Teen Flirt que lamentablemente bajó del escenario que parecía haber sido diseñado específicamente para su música a los 50 minutos. Los 50 minutos más breves de nuestra visita a Bravo.

FOTO: SHA LUGO

Rápidamente tuvimos que sacudirnos la angustia de haber escuchado tan poco tiempo a Teen Flirt, para poder regresar al escenario  Especial, donde encontraríamos al grupo australiano Jagwar Ma. Aquí fue donde por primera vez, el calor de los roces con los demás asistentes y la euforia se sintió al máximo. Todo impulsado por los sintetizadores de Jono Ma y los vocales de Gabriel Winterfield.

La noche comenzaba a ser una gran ilusión que se llenaba de luces y saltos marcados por la música de los australianos. La atmósfera se transformó y claramente se sentía cómo el bosque de Valle de Bravo, era un punto rojo palpitante en medio de la inmensa obscuridad que nos rodeaba.

Al finalizar la presentación de Jagwar Ma, nos vimos obligados a buscar nuevamente una conexión para cargar los celulares. Aprovechamos para descansar y relajarnos un poco. Llevamos alimento a nuestras bocas por primera vez en todo el día. Hicimos la parada obligada en el stand de Mercadorama, para ver la merch del evento.

FOTO: SHA LUGO

Nos esperaba de nuevo el escenario “Bosque”, así que apresuramos los pasos para regresar a ese mundo increíble que ofrecía ese escenario.

Cuando llegamos, “Bosque” ya estaba lleno y vibraba cada vez más fuerte. Las luces nuevamente nos invitaban a volar mientras que el dúo formado por los holandeses Harm Coolen y Merijn Scholte Albers, ponía a bailar a todos con su electrónica pop, de voces flotantes y ritmos alegres. Weval marcó el éxtasis del festival y  lo que comenzaba a ser el final de nuestra visita.

Las fuerzas ya no daban para más después de brincar, bailar y cantar en cada presentación que estuvimos presentes. No pudimos evitar regresar al escenario “Especial” para escuchar el final de Hayden James, pero tuvimos que conformarnos con escuchar de lejos sus últimas mezclas pues el transporte “según” ya esperaba nuestro arribo. Claro, todos sabemos que eso no fue así, sin embargo que weba quejarse de la mala aventura que fue el regreso.

¡Bravo Bravo! por un primer festival lleno de buenas y malas experiencias, por incentivar y contribuir en el cuidado del medio ambiente y por dejarnos volar al compás de la música que inundó el bosque, esa noche.

Fotografías por: Sha Lugo