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Por Alfredo Araujo @textoservidor

Bienvenidos a la ciudad más septentrional de América Latina donde la comida china es gastronomía local y la caguama fluye a raudales por las gargantas cachanillas; aquí, el calor es la médula espinal de la vida y el eje gravitacional social.

La gente de Chicali es resiliente, viven en donde los mortales podemos aguantar un par de horas, -o un día a lo mucho-. En esta ciudad, el sentido de identidad se construye alrededor de la idea de soportar 54 grados centígrados de calor. Aquí, la habilidad consiste en encontrar la forma de sobrevivir de mayo a junio y aferrarse de julio a septiembre (y a veces hasta octubre), sin empeñar todas las pertenencias para pagar los estratosféricos recibos de luz. En Mexicali, hay rifas en la tele local en las que el premio es precisamente ese: el afortunado se hace acreedor a que le paguen su consumo eléctrico. En una ciudad como ésta donde las temperaturas son abrasadoras, que te paguen el recibo es realmente sacarse el premio mayor.

En medio de este cálido contexto (en sentido literal), imaginen la tragedia que representa que se roben tu instalación de luz. Sí, intenta pasar cualquier día de verano sin refrigeración: imposible. Ha sido precisamente esta situación la que ha dado origen a la organización del Coshinero 001. Un grupo de compas organiza una party para recaudar fondos a favor de Escritorio de Procesos (infortunada galería que padeció la delincuencia chicalense) y así reponer la instalación eléctrica hurtada.

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El Coshinero resultó ser un doble éxito: se juntó suficiente varo y además, la raza quedó encantada al grado de que cuando llegó el momento de cerrar el lugar en donde se había organizado el pachangón, todos los asistentes se coordinaron para trasladar el equipo y al personal al bar de enfrente. Es prudente mencionar que mover equipo de sonido en un calor nocturno de 40 grados y echar a andar de nuevo una party que vivía su momento más álgido, no son tareas fáciles.

Los Coshineros son fiestas sencillas que amenazan en convertirse en un fenómeno social en el noroeste del país y sus ingredientes son simples: música candente, DJs, ponerrolas y selectores cábulas e irreverentes, tequila gratis servido desde una bota vaquera, albures soeces, asistentes con ganas de bailar, reír muchísimo y tomar cerveza hasta que se agote la renta del lugar y el sudor haya empapado camisas y pantaletas por igual.

Los responsables de estas fiestas son Polo Vega aka Trillones y José Chávez y Nacho Montes, dupla que conforma la irreverentísima y divertida Banda Mashups. Para escucharlos, hay que tener amplio criterio y una escala de valores bien fundamentada que no repare en moralismos absurdos.

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En los últimos dos coshineros fue posible contabilizar la asistencia de 3,500 personas sedientas de ritmos y sí, adivinaron: de cerveza. La lista de músicos que han deleitado al respetable está conformada por Dj Chucuchu (Cumbia Cartel), Coshadera, DJ Stacey Malibú, DJ Me truena la reversa, Trópico Tentación, DJ Elba Esther Gordillo y los mismísimos Banda Mashups, entre muchos otros cuyos sobrenombres se acoplan a la perfección al imaginario del Coshinero.

El Coshinero 006 sucederá el 22 de octubre y en esta ocasión el cartel será encabezado por Santos de Tropic All. Si la casualidad los favorece y están en Chicali en esas fechas, no lo duden, vayan al Coshinero. Este evento es una muestra del temple cachanilla: gente sencilla que le gusta la fiesta y que no hace distingo de clase. El Coshinero hace honor a su nombre y sus anfitriones son un trío de músicos que no le dan rienda suelta a la vida, porque la rienda ya se les tronó hace un rato.

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Fotos Coshinero3 de archivo Coshinero