REVISTA PICNIC Crate diggin’ y breaks legendarios: el origen del Tijuana Funk Club - Revista PICNIC
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Por Alfredo Araujo @textoservidor

Quienes imaginan la vida en Tijuana, es posible que lo hagan en torno a una serie de estereotipos y lugares comunes camuflados como cebra y de leyendas urbanas que han alimentado imaginaciones foráneas con presentaciones eróticas entre lap dancers y burros en algún club para caballeros de la Coahuila. La vida, de este lado del país corre en un ralentí uniforme resultado del spanglish con acento golpeado, los burritos mañaneros de hielera y los clamatos bien fríos después del mediodía.

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Diseño de René Soberanis

Esta ciudad, avecindada entre cañones áridos, lotes abandonados y costas rocosas, resulta ser terreno fértil para diversas manifestaciones artísticas. Así pues, aunque silencioso es el quehacer musical que se afinca en las colonias, y que de vez en vez salta a los espacios públicos para convertirse en parte indispensable del imaginario tijuanense -o bien para diluirse en el eterno bullicio nocturno de la Avenida Revolución-, éste es constante y prolífico.

Tal abundancia, es posible en parte a las tiendas de segunda, los sobrerruedas, swap meets y outlets gringos, en donde se pueden encontrar guitarras eléctricas, cajas de ritmos, sintetizadores, bajos, vinilos, amplificadores, tornamesas, mixers, y un sinnúmero de artilugios y artefactos creados para sustentar las comodidades que caracterizan el modus vivendi de los vecinos del norte.

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Foto: Rosa Rodríguez

Entre todo este vendaval de manifestaciones rítmicas, musicales y culturales encontramos al Tijuana Funk Club (TFC), el cual está encabezado por René Soberanis aka Loopdropkid, quien desde la década de los noventa se ha dedicado a escuchar, investigar y posteriormente en la década de los dos mil a producir, mezclar y hacer del crate diggin un hábito que le ha convertido en uno de los coleccionistas más minuciosos de vinilos, particularmente de aquellos pertenecientes al género del funk. El TFC es un movimiento discreto que posee una propuesta sencilla y paradójicamente compleja.

Paulatinamente, las presentaciones del TFC han crecido y ha encabezado una centena de fiestas en Tijuana en las cuales el vinilo es el protagonista indiscutible. Si bien, la intención última de dichas presentaciones es que los asistentes presten atención al acto de mezclar utilizando discos impresos en los años sesenta, setenta y ochenta, la sola actividad resulta fascinante por sí sola y es el resultado de toda una serie de preparaciones que generalmente están fuera del alcance del espectador.

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Foto: Gonzalo González

Colocarse detrás de unas tornamesas con un centenar de discos resguardados en maletines y cajas duras, implica haber escuchado incansablemente miles de canciones durante años. En este caso, el TFC es resultado de la curiosidad de Loopdropkid, quien comenzó a prestar atención a los breaks utilizados por conjuntos de hip hop como Erick B. & Rakim, Public Enemy, De La Soul y A tribe called quest, a quienes escuchaba en el legendario Yo! MTV Raps en los ahora lejanos años noventa.

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René Soberanis

Como parte de TFC también encontramos a Sergio Contreras aka Serge Beat Conductor quien es dueño de una tienda de discos de vinilo en Pacific Beach, California y quien también ha dedicado una vida alrededor de la música. Si bien los estilos de Loopdropkid y de Serge Beat Conductor son diferentes, ambos preparan con muchísima precisión los discursos que se brindan a través de las tornamesas.

El enlace de YouTube que mostramos corresponde a un set ejecutado en su totalidad con discos de 45 rpm en donde además se ejecutan una serie de técnicas propias del tornamesismo como el beat juggling, juggling entre otros.

Si algún día están en Tijuana, o bien si desde ahí nos leen, bien valdría la pena asistir a una de las tantas presentaciones que el TFC hace en distintas sedes en la ciudad: desde salones de cerveceras independientes, hasta lugares precarios en la Plaza Fiesta. No importa la locación, lo que importa es sentir el poder del vinil cuando una aguja corre por los surcos del placer sonoro.