REVISTA PICNIC Delta Sleep @ Bajo Circuito - Revista PICNIC
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Un par de semanas después de iniciado el #TacoTour que llevaría a Delta Sleep a lo largo y ancho de la República Mexicana, la cita para acudir al show final de la gira tenía como fecha el sábado 10 de junio en el foro Bajo Circuito, en un rincón ya bien  conocido por algunos en la Ciudad de México. Poco después de las ocho de la noche, recibidos por húmedas ventiscas y un venue abarrotado, Le Knevett abrió paso a una noche que, en medio de la oscuridad, estuvo repleta de bailes incansables, risas y muy buena vibra del escenario al público y viceversa.

Entre la barra, las mesas y la merch oficial de las bandas, el bochorno traído por la lluvia vespertina fue combinándose con los calores de las primeras canciones y los primeros slams para elevar la temperatura del lugar ya desde las primeras canciones. Lo que orillaba a los asistentes a salir de vez en cuando a tomar un poco de aire o simplemente, calmar los calores con un buen trago de cerveza.

Le Knevet

Calor, Energía y Sudor.

Luego de una muy cálida- en todo sentido – recepción de la primera banda, la audiencia aplaudió y recibió con muchísima emoción el arribo al escenario de Sad Saturno, cuyos integrantes vestidos de negro y con la mata larga, se olvidaron de la temperatura y se entregaron canción a canción a todos los que habían llegado apara la verlos.Curiosamente, aquella noche la presencia masculina era innegable, y la poca cantidad de chicas se limitaba en la mayoría de las veces a acompañar en una orilla a sus compañeros sentimentales o a ver el show desde lo lejos junto a alguna mesa.

Para cerrar su set, Sad Saturno subió a algunos de los asistentes a cantar y bailar con ellos en el escenario y prácticamente ninguno pudo negarse a seguir cantando rolas tristonas enfrente de todos.

Sad Saturno

Coros exclamados al unísono sin parar de saltar, sin dejar de agitar las cabelleras ni de revolverse en movimientos de vaivén, fueron elementos que desde ese momento, hasta el final, nunca estuvieron ausentes. La multitud, como si se conociera desde siempre, se dedicaba a sonreír, a gritar y a revolverse hasta donde la noche y las fuerzas de sus piernas pudieran alcanzar.

Con mucho cariño pululando en el ambiente, Sad Saturno dio paso a la siguiente banda, unos de los consentidos de la capital en el último par de años: Jean Loup quienes anduvieron de estreno de Lilith, su más reciente material.Si bien todas las bandas que se presentaron aquella noche oscilaban entre el post-rock, el hardcore, el punk rock y el math, Jean Loup es un grupo que consigue hacer vibrar a las almas más secas y hace brotar energía hasta de las piedras, siempre con muy buena actitud y siempre agradecidos, siempre con alborozo, aventándose al público y tocando sobre la marea de sus brazos.

Jean Loup

El ánimo festivo y achispado que fue tejiéndose durante el show de Jean Loup quedó pululando en el aire aún después de terminada una presentación donde quedaba claro que casi nadie estaba en medio de esa vorágine llamada mosh pit porque no tuviese de otra. El calor era insoportable y aún así quedaba relegado siempre a segundo plano – mención especial para quienes se rifaron los shows con una máscara de luchador puesta – porque nadie estaba ahí por obligación, ni siquiera fotógrafos o periodistas.

Como en una hermandad de ruido e instrumentalismos, de gritos y ojos cerrados al bailar escuchando cantos de sirenas de cuerdas que saltaban sobre cabezas entre fosforescencia y crowdsurfing, la noche llegó a un punto en el cual la celebración asemejaba un ritual. Se trataba de una ceremonia de unión con aquella parte profunda de nuestras almas que sólo se asoma al mundo de vez en cuando al escuchar un disco. Pero no consigue sino llegar a la cumbre en mitad de un voraz y colectivo abrazo entre danzas, donde cada escucha renace de las sombras en un ritual de adoración al sonido y a las pasiones que emanan de él.

No Somos Marineros

Así, No somos marineros se presentó luego de un tiempo sin tocar en la ciudad. Con armonías que erizaban cada vello y cada piel, fueron la antesala ideal para el cierre de la velada y emocionaron aún más al anunciar que pronto estrenarían material nuevo.Alcanzada la media noche el venue había alcanzado su máxima capacidad, no obstante rebasada la línea que marca la transición de los días, algunos asistentes se retiraron poco a poco, lo cual liberaba un poco la circulación del aire, pero no resultó impedimento para la explosión del acto estelar.

Con una candidez que nadie atribuiría a los británicos, los integrantes de Delta Sleep salieron al escenario después de brindar por el último show en tierra mexicana. Haciendo muestras de su poquito español aprendido – especialmente groserías – se subieron a tocar en bermudas, con gorras puestas y camisetas estampadas de otras bandas que los estuvieron acompañando durante la gira.

Pero sin duda, el momento crucial antes del iniciar el set fue Devin Yuceil usando una camiseta de las Chivas: «¡Que chingue a su madre el América!» y entre chiflidos fue que empezó con muy buen humor la presentación estelar.

Delta Sleep

En cierto modo se ha convertido en un lugar común que, artista que pisa México, artista que afirma que aquí está el mejor público del mundo. Sin embargo, uno puede notar a simple vista cuando se trata de un juicio sincero: sonrisas genuinas, miradas de complicidad entre los integrantes y un brillo incomprensible en la mirada. Eso es la clave y eso y más era visible en los rostros y enérgicas ejecuciones de la banda británica.

Uno no pensaría que una tocada de rock – o subgéneros de éste – pudiese tener algo “bello” o “bonito”, pero quienes lo dudan es porque nunca han presenciado shows de tal calidad. El tamaño de la entrega en el acto final fue de un dinamismo sumamente enternecedor cada que alguien se lanzaba a la multitud para navegar entre dedos y acordes, dejándose llevar por una amistad instantánea pero sumamente sólida. Y todo gracias al hechizo musical que cambió los océanos geográficos por océanos de arrebato y gozo por medio de la magia acústica.

Delta Sleep

En comparación con gigantescos shows y grandes personalidades, la noche que Delta Sleep visitó la ciudad parecería muy pequeña. Incluso el evento suena como algo que podría pasar desapercibido. En contraste, no fueron suficientes miles de personas o pirotecnia para satisfacer expectativas de masas, y ese es el encanto de una gran ciudad.

Poder rebasar presupuestos y producciones millonarias con experiencias íntimas, discretas y sencillas, pero que marcan etapas en la oferta cultural de una gran ciudad; que se consuman en la complicidad de las memorias que emergieron.

Delta Sleep

Fotos: Diego Vigueras.