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Dorian Lynskey: un profundo recorrido por la historia de la canción de protesta

Fotos: Gerardo Mendoza Olivar

 

Dorian Lynskey, veterano escritor británico experto en rock y política, quien actualmente es considerado como uno de los periodistas musicales más influyentes y prestigiosos del Reino Unido, ha lanzado en español, a través de la editorial Malpaso, 33 revoluciones por minuto, un exhaustivo repaso sobre la historia de la canción de protesta. Desde Nina Simone a Bob Dylan, pasando por Neil Young, Bob Marley, The Clash, U2, o Public Enemy, sin duda todos los referentes que Lynskey menciona en este libro son necesarios para quienes aman la música y ven en ella una fuente de inspiración.

Con casi mil páginas de extensión, 33 revoluciones por minuto funge como un excelente compendio sobre la canción protesta, uno de los géneros que definieron el panorama musical del siglo XX. Podemos decir que esto fue en gran medida por su variedad de estilos, pero sobre todo por la actitud crítica que sus autores lograron perpetuar en distintas generaciones. Pues, ciertamente, los ideales tanto de transformación como de rebeldía que han proyectado grandes músicos de este género por lo general han sido encarnados con más facilidad, congruencia y compromiso por aquellos escuchas que viven en el lado opuesto de la fama.

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33 revoluciones por minuto

El libro arranca con cantantes y canciones de protesta anteriores a la Segunda Guerra Mundial y cierra en el año 2008. Lynskey transita por el folk, el blues, el jazz, el pop, el rock, el punk o el reggae, identificando las canciones más representativas de los movimientos sociales que han sacudido al mundo anglosajón. Si el título 33 revoluciones por minuto alude a la velocidad más usada a la hora de grabar discos de vinilo por su fidelidad, acorde a ello Lynskey recorre dichos estilos, describiendo minuciosamente su trayectoria y evaluando puntillosamente su calidad. Su análisis se desarrolla a partir de 33 canciones de protesta, comenzando con “Strange Fruit” (1939) de Billie Holiday, con todo y su estremecedora visión del racismo, para finalizar con “American Idiot” (2004) de Green Day, con todo y su feroz denuncia contra la administración de George W. Bush. Así que el que cada capítulo corresponda a una canción en particular es la excusa perfecta de la que se vale Lynskey para abordar un conflicto o contexto social determinado así como los juicios y opiniones que muchos han emitido al respecto.

Cada capítulo puede leerse de forma independiente, como si fuesen miniensayos, o bien como parte de una cronología bien cimentada por parte del autor. De cualquier modo, todos permiten adentrarnos con más curiosidad, empatía y nostalgia en las personas, las letras, los ritmos, las ideas y los acontecimientos que han servido para pensar tópicos tan apabullantes como la discriminación, la paranoia nuclear, la violencia bélica, la pobreza o los avatares de regímenes autoritarios. Por si fuera poco, a manera de bonus tracks, 33 revoluciones por minuto cuenta con un epílogo que pone sobre la mesa los desafíos al realizar una canción de protesta en el siglo XXI, con un apéndice que hace un recuento de la canción de protesta antes de 1900, otro también con un listado de canciones que se mencionan a lo largo del libro y uno más con un listado de 100 canciones no mencionadas pero igualmente importantes.

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Si bien es cierto que ninguno de los cantantes que aparecen en el libro han logrado cambios colosales en relación a los temas que han tratado en su música, que hoy en día factores como la pérdida de confianza en las ideologías y la comunicación a través de las redes sociales han debilitado bastante a ese espíritu revolucionario en pos de una colectividad presente en las canciones de protesta del siglo pasado, también es cierto que todas ellas han contribuido a despertar e iluminar muchísimas conciencias en todo el mundo, para no renunciar a la acción política. Razón suficiente para seguir revisitándolas una y otra vez, y así brindarle fuerza y esperanza al género que las vio nacer.