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No se puede repasar la literatura de Cuba sin mencionar a Dulce María Loynaz, quien amó tanto la vida que se ocupó de taquigrafiarla en tinta pastel, para deleite de todos. Loynaz se enamoró de respirar y el aire la premió con 94 gloriosos años de existencia, mismos que aprovechó puliendo lo mejor de ella, haciendo perdurar su esencia más allá de nuestros tiempos.

Nacida en La Habana un 10 de diciembre de 1902 y perteneciente a un importante linaje de poetas, Dulce María comenzó a publicar sus poemas teniendo sólo 17 años. A pesar de ser Doctora en Leyes, no abandonó sus ideales, y hoy esta considerada entre las principales figuras de la lírica cubana y universal, haciéndose merecedora del premio Miguel de Cervantes, en 1992.

En abril de 1997, tras ser homenajeada por los 45 años de su obra cúspide El Jardín, es sepultada. Al acto acudieron no sólo familiares y personas del ámbito cultural; las calles además se cubrieron con políticos, estudiantes y representantes de la iglesia católica, todos guiados por altavoces que propagaban consignas de amor en un marcado estilo de la escritora, muy parecido al impresionista.

El último libro de Loynaz, se publica en el 2001, gracias al trabajo de un investigador cubano, radicado en nuestro país. Roberto Carlos Hernández, logró recopilar en El áspero sendero, una hermosa colección de poemas que se fueron perdiendo por su antigüedad de publicación, ya que la poeta colaboró en múltiples ocasiones para diferentes medios en prensa escrita.

Unámonos a la caravana que la sigue acompañando, y repasemos estos fragmentos básicos para conocer de qué está hecha.

 

Balada del amor tardío

Amor que llegas tarde,

tráeme al menos la paz:

Amor de atardecer, ¿por qué extraviado

camino llegas a mi soledad?

Amor que me has buscado sin buscarte,

no sé qué vale más:

la palabra que vas a decirme

o la que yo no digo ya…

Amor… ¿No sientes frío? Soy la luna:

Tengo la muerte blanca y la verdad

lejana… —No me des tus rosas frescas;

soy grave para rosas. Dame el mar…

Amor que llegas tarde, no me viste

ayer cuando cantaba en el trigal…

Amor de mi silencio y mi cansancio,

hoy no me hagas llorar.

Tiempo

1

El beso que no te di

se me ha vuelto estrella dentro…

¡Quién lo pudiera tornar

y en tu boca…otra vez beso!

2

Quién pudiera como el río

ser fugitivo y eterno:

Partir, llegar, pasar siempre

y ser siempre el río fresco…

3

Es tarde para la rosa.

Es pronto para el invierno.

Mi hora no está en el reloj…

¡Me quedé fuera del tiempo!…

4

Tarde, pronto, ayer perdido…

mañana inlogrado, incierto

hoy… ¡Medidas que no pueden

fijar, sujetar un beso!…

5

Un kilómetro de luz,

un gramo de pensamiento…

(De noche el reloj que late

es el corazón del tiempo…)

6

Voy a medirme el amor

con una cinta de acero:

Una punta en la montaña

La otra… ¡clávala en el viento!