REVISTA PICNIC ¿El activismo de Banksy es una tomada de pelo? - Revista PICNIC

El hablar de arte urbano en las más recientes décadas nos llevará siempre a un nombre: Banksy. Estas simples seis letras conllevan un enigma que ha afianzado su penetración en el colectivo imaginario de la cultura popular contemporánea, y es que nadie sabe de quién se trata, si de una persona, un colectivo o sólo una idea. Su nombre es famoso a lo largo del mundo y su, o sus, rostros siguen en el anonimato. Gracias a esto impulsó e influenció a que muchos más artistas urbanos dedicaran su tiempo a crear obras que se interesasen por elaborar una crítica social y política en los muros de la ciudad.

Esta forma de actuar de Banksy ha dado lugar a múltiples usos de sus diseños e ilustraciones, incluso de sus graffitis, que son tomados para el consumo, dándole un giro a la presumible ideología expresada en su trabajo. Asimismo, sus obras se venden mediante la agencia de Steve Lazarides, que comercia sus trabajos por grandes sumas de libras esterlinas. Fue incluido en el 2010 en la lista de personas más infuyentes de la revista Time y es un pilar de la cultura pop inglesa del Siglo 21, siendo igual de valorado uno de sus graffitis que cualquier pintura o escultura dentro de las galerías británicas más importantes.

Recorriendo la posibilidad de que Banksy, en un tono de burla y un poco de reclamo, el artista urbano brasileño Butcher Billy, publicó un libro para colorar que lleva por nombre Butcher Billy Bullies Banksy, acompañado de la simple, pero avasalladora frase:

El activismo político en el arte urbano no es un juego de niños

Su idea es simple: recrear las obras más populares de Banksy e incrustarles personajes de caricaturas de Disney, Hanna-Barbera y Warner Brothers como protagonistas. La temática de las obras no cambió en lo más mínimo, simplemente el sujeto que actúa dentro él. Al libro lo acompañó la recreación de estos también en espacios públicos, haciendo aún más grande su queja y cosificando el concepto del trabajo junto con la frase que lo acompañó.

Billy no es el primero en hacer críticas ante este y algunos otros artistas urbanos que defienden un discurso diferente del que practican. Un ejemplo más se vio por parte de BLU, un graffitero con más de 20 años de carrera, que destruyó varios murales suyos para protestar contra la exposición Banksy & Co que mostró muros completos con graffitis de varias estapas de este y algunos otros graffiteros, además de hacer una venta de los mismos.

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El Dr. Luis Jaume, profesor de la Universidad de Salamanca y crítico de arte, ha dicho sobre Banksy que su «apropiacionismo es conceptualmente vago. Va dirigido a un público no especializado ni crítico. La ironía no lo convierte en artista.» Al mismo tiempo lo compara con Jeff Koons y Damien Hirst como un especialista en marketing de arte, viendo en cada uno de sus graffitis un comercial para la casa de arte Lazarides Inc. y todo aquél que tenga en venta su trabajo.

Las múltiples críticas contra su trabajo no han mermado en lo absoluto su popularidad, ni menos aún su reconocimiento ante la sociedad como uno de los artistas más importantes de este siglo. La problemática, evidentemente, no se encuentra en su trabajo, en su técnica o en su anonimato, se encuentra en la incongruencia que genera el hablar de él como un ente anticapitalista que trabaja con Puma o MTV, y al mismo tiempo cobra honorarios a organizaciones como Greenpeace.

Su trabajo sí se ha vuelto un «asunto de niños», en primer lugar por la banalización de las temáticas que tiene. Un artista anti-sistema se convierte en una figura pop retomada incansablemente por marcas, corporativos y medios, entonces pierde su sentido primigenio. Asimismo, la forma en que el público venera sus graffitis hace que cualquier predio que haya intervenido tome un valor agregado que estimula la compra/vente de los mismo con precios ridículos e increíbles por parte de coleccionistas. Y finalmente, su anonimato hace difícil referenciar su trabajo, lo que permite que cualquiera sea Banksy, y no como una idea artística, sino como una corporativa, tal cual como las caricaturas que utilizó Butcher Billy para mofarse de él.

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