REVISTA PICNIC El backstage se vive como se cuenta - Revista PICNIC
CINE DE ARTE

Cada día que pasa, esta anécdota me resulta más interesante. Participar en la organización de un festival en la Ciudad de México no es una tarea sencilla, pero sí muy divertida. Breve pero desgastante, el área del catering fue mi labor durante casi 12 horas. Sábado, 8 de la mañana, fue el inicio de tan exuberante día. Mi primera labor fue el armado de los camerinos. Los elementos para cumplir con esta tarea eran: cinta adhesiva, una engrapadora, tela negra, mesas y sillas. Duró casi 3 horas y media.

Después de eso, los organizadores me explicaron la logística: todas las bandas tienen una hora de entrada y salida al inmueble, en ese tiempo tenía que ver por la comodidad y felicidad de todos los actos del festival, cubrir su catering, hablar con ellos para ofrecerles una gran experiencia a costa de mi sufrimiento y desgaste físico. En pocas palabras, entregar los alimentos y bebidas, todo esto con un control – aunque parezca irónico, la cerveza en este tipo de eventos está controlada dependiendo del números de integrantes que tenga cada agrupación-.

Teníamos el tiempo encima, las primeras bandas estaban a punto de llegar y no teníamos nada listo. Los elementos del catering se dividían en dos: el sencillo (para las bandas en letras chiquitas) consistía sólo en darles productos de los patrocinadores y el especial (elaborado para el talento internacional y algunos músicos mexicanos ya consolidados) cumplía con las exigencias culinarias y de salud de todos los artistas. Desde tres cajas de Redoxon, cervezas importadas y un frasco de mayonesa, hasta un burro de planchar.

Por mi poder pasaba la entrega de las cervezas, parte fundamental para todo backstage. Sin cerveza no había fiesta y ese poder me convirtió en objeto del deseo, insulto y poco tacto de los músicos. Algunos prepotentes y con actitud de divas me exigían, otros de manera muy amable acudían conmigo y al final una pequeña parte ignoraba mi presencia y simplemente me quitaba cerveza.

Las horas durante el festival parecían pasar de manera muy lenta. Como reloj de arena, cada minuto que pasaba era eterno. Las tareas fueron muy variadas, desde correr para conseguir 10 latas de refresco y que al final fueran ignoradas así como limpiar los desastres que el clásico rockstar creó en su estancia de 25 minutos en los camerinos, hasta la lucha contra mis compañeros de trabajo por el estrés que se vivía.

Convivir en el backstage fue una combinación de experiencias un poco bizarras, problemáticas y sobre todo dignas del  típico cliché del músico exitoso.

Los personajes fueron muy distintos:

La banda que llegaba como headliner

Parecía que el trato con sus integrantes tenía que ser especial, pero resultó todo lo contrario pues el ambiente que llevé con ellos fue muy natural. Su catering constaba de muchas cosas, pero al final los mismos músicos me pidieron no desperdiciar tanta cerveza y comida, era mejor guardarla para alguien más. Como recompensa tuve el privilegio de ver el soundcheck como un mini concierto para mi solito.

El rockstar por excelencia

Llegando con actitud arrogante y pidiendo trato especial, su estancia la defino como el típico cliché de la estrella de la música. Llegando con su esposa y algunos amigos, hicieron de su camerino una verdadera fiesta. Alcohol tirado por todos lados y comida desperdiciada fue lo que dejaron.

«Gratis hasta las puñaladas»

Esta frase me recuerda a otro personaje del festival. La banda internacional cuyas exigencias empezaban por 10 botellas de agua de manantial, ponche de frutas, pizza recién horneada, una dotación de papas de bote, cervezas, arándanos… Por lo regular piden muchas cosas que al final ignoran, pero estas norteamericanas decidieron pedir bolsas de basura para llevarse todo, absolutamente todo. 

Drogas y romance

La escena nacional no puede quedarse atrás y con estas actitudes demuestran que en México sí tenemos rockeros de corazón. Su entrada a camerinos fue un desmadre, su dotación de cerveza se terminó en cinco minutos, pidieron más, como el alcohol era limitado, decidieron comenzar con la drogas. El olor de la mariguana comenzó a llenar el pequeño espacio donde nos encontrábamos y por cuestiones del evento y del establecimiento tuve que pedirles que dejaran de consumirla en más de tres ocasiones.

Siempre es un buen momento para demostrarle amor a tu pareja, cualquier lugar es pertinente para una sesión de besos. Algunos aprovecharon ese momento de espera que se vive antes de subir al escenario para ir a las bodegas de comida para besarse plácidamente con su pareja.

Las situaciones y convivencia seguían, los músicos entraban y salían. No todo fue malo. Algunas chicas chilenas dentro del talento del festival, tuvieron una actitud amable en todo momento, demostrando su dulzura. Otros artistas llegaron únicamente para el after y su catering sólo era un sándwich, una bolsa de papas y dos cervezas.

Mi experiencia terminó alrededor de la 2 a.m. Cansado, agotado y explotado fue como llegué al final del día. Sin ninguna remuneración económica, salí del evento con sólo unas cervezas en mano y un sándwich frío que sobró entre tanta comida. La experiencia fue muy divertida, pero al mismo tiempo agotadora y pensaría dos veces en repetirla.

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