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Hace algunos años, cuando The Mars Volta se consolidaba apenas como uno de los grupos más importantes de rock progresivo y experimental, salió a la luz The Bedlam in Goliath. El cuarto material de estudio de la banda lanzado en 2008, tiene un trasfondo y génesis aún más tenebrosos que las historias a las que la banda nos tenía acostumbrados.

Antes de su separación en 2013, The Mars Volta se había caracterizado no sólo por un sonido que mezclaba las profundidades de una locura rítmica y tonal con las progresiones más extravagantes. También por la presencia de armonías fuertemente influenciadas por el Caribe y los ritmos heredados de la tradición salsera por parte de la familia de Omar. A su vez, sus letras nunca fueron completamente líricas, pues cada disco exploraba, a su manera conceptual, las realidades más escabrosas de la naturaleza humana.

Pues si bien las letras de las canciones están inspiradas en historias reales de crímenes, basadas en diarios  encontrados o incluso hasta experiencias personales, con su cuarto álbum, el grupo desafió los límites entre la ficción de reinterpretar historias ajenas y la realidad de tener que relatar su propia y escalofriante vivencia.

Algunas maquetas y primeras grabaciones para lo que posteriormente sería The Bedlam in Goliath, estaban listas desde principios de 2006. Sin embargo, la parte interesante de la composición del disco se desarrolla durante la gira de la banda junto a Red Hot Chili Peppers – es sabido que Flea y Omar Rodríguez (guitarrista y productor) mantienen una estrecha relación de amistad.

Durante una estancia de ambas bandas en Jerusalén, deambulando entre los mercados de pulgas y tiendas de curiosidades, Omar encuentra una tabla ouija y decide comprarla como obsequio de cumpleaños para Cedric Bixler (vocalista).

Después de hecho el regalo, no pierden el tiempo y comienzan a jugar con la tabla, en especial Cedric muestra un particular interés. Y entre las excentricidades tanto de los dos amigos que compartieran escenario desde At the Drive In, como los RHCP, se encontraba la de jugar a la ouija siempre que terminaran una presentación, como en una suerte de ritual. Es entonces que contactan con un adivino, el famoso “Soothsayer” quien a su vez logra comunicarlos con otro ser del más allá: Goliath.

Deciden bautizar a la tabla como Soothsayer y conforme más jugaban, descubrían más secretos y anécdotas que el muerto tenía por relatarles. La principal se trataba del triángulo amoroso entre el mismo Goliath, su esposa y su hija, con quien había mantenido relaciones más allá del parentesco y había culminado en un crimen terrible. Las letras se inspiran en dichas historias y trasladan poemas que Goliath les dicta para que ellos musicalicen.

Mientras tanto, la afición de Cedric al juego crecía tanto que terminó por volverse una obsesión. En una dependencia muy parecida a lo que Omar comparó alguna vez con la adicción de su amigo a las drogas. Goliath comienza a hacer peticiones extravagantes y a exigir una serie de acciones que asustan a más de uno, por lo que deciden terminar con el juego.

Y entonces comienza la mala suerte

Termina la gira y cuando llegan al estudio, sucesos extraños comienzan a desatarse. Las grabaciones, los programas de computadora y lo que habían guardado empiezan a revolverse, a desaparecer y cambiar de lugar.

Una mala racha parece perseguirlos y mientras pierden a más de tres bateristas en el proceso, los integrantes de la banda comienzan a sufrir de accidentes. Cedric se lastima uno de los pies a tal grado, que debe aprender cómo caminar de nueva cuenta. Las relaciones amorosas y familiares van de mal en peor para cada uno de los integrantes. Y finalmente, el estudio de grabación de Omar se inunda.

Viéndose asustado por los sucesos paranormales y la extraña vibra que habitaba las letras y los sonidos del nuevo disco, el ingeniero de audio renuncia y tiene que ser sustituido por Robert Carranza y un par de ayudantes. Finalmente encuentran a Thomas Pridgen para la batería. Harto de todo, Omar decide romper y enterrar la tabla en un lugar secreto y hace prometer a todos que nadie volvería a mencionar ni el objeto ni el tema. Se dedican a terminar con el proceso de grabación y producción del disco y por un tiempo, se niegan a otorgar entrevistas.

De manera extra oficial, se sabe que los sucesos llegaron a un punto en que el proceso del disco se volvió insostenible, por lo que tuvieron que recurrir a la Santería para arreglar el lío. A manera de defensa, se incluye a dos entes divinos en un par de tracks: Asclepio, dios griego de la sanación (“Askepios”) y Metatron, el ángel vocero de dios. Por su parte, el arte del disco tiene impresas ilustraciones de “Los Siete Poderes de África” utilizados en la santería y reinterpretados de la mano de Jeff Jordan.

Por todo ello The Bedlam in Goliath resulta fascinante y aterrador al mismo tiempo

Simbólico a cada paso y a cada acorde. Entre voces de ultratumba, letras que combinan los esfuerzos de Goliath por reencarnar en el disco y cánticos de mezquita, ha quedado como una anécdota que no deja otra lección más que la de no molestar a los muertos.