REVISTA PICNIC "Elle" o el devenir de Paul Verhoeven en Máquina Feminista Traumática. - Revista PICNIC
CINE DE ARTE

Por: Lauro López-Sánchez M.

Los personajes femeninos en el cine de Paul Verhoeven parecen establecerse fuera de lo simbólico al punto de señalarse como el Otro absoluto, o ser la encarnación del trauma. Viene a cuenta lo que menciona Collette Soler sobre la mujer: es real en un doble sentido, “por lo que no se puede decir” y “por el goce de lo no fálico”. Pareciera que esta doble articulación entorno a lo femenino, describe adecuadamente dos personajes en dos películas claves de Verhoeven. Me refiero a Catherine Tramell la escritora en «Basic Instinct» (1992), y Michèle Leblanc en «Elle» (2016), como las dos caras de la misma moneda.

En la primera cinta el director Paul Verhoeven, nos brinda un film inspirado en «Vértigo» (1958) de Alfred Hitchcock. El film se deleita en retratar la crudeza y supuesta perversidad de la escritora Catherine; novelista millonaria de oscuros thrillers criminales. La trama se desata cuando la realidad copia a la ficción, ya que los crímenes llevados a cabo son basados en los descritos en sus novelas; lo cual la vuelve sospechosa. Todo parece indicar que la propia escritora urde una trama más allá de los crímenes, erigiendo una máquina traumática por establecer. Es claro que al director no le interesa tanto, señalar al acusado o resolver el caso, como conformar la figura del trauma masculino, encarnada en Catherine.

El núcleo traumático que enciende el mecanismo, es el hecho paradojal que se ancla al inicio del film y es la de ser tan inocente como culpable. Término en sí mismo que establece la condición femenina histórica e intrínsecamente a los ojos del patriarcado. Incluso la noción de histeria nace en relación a la feminidad, para así cargarla del sentido de la falta. En el caso de Catherine, emplea a manera de coartada esta relación en la estructura del lenguaje y la articula como potencia o vehículo de escape. Acepta a priori esta condición paradójica, asumiendo ambas determinaciones a la vez: escritora y asesina. Estableciendo así un juego entre la ficción y la realidad, es decir fantasear o pasar al acto. Ella dirá: Jugar es divertido. Es así que la trama del film se anudará bajo este núcleo traumático donde los demás entrarán en esta relación. El nudo nunca se va a desenredar, puesto que es preciso mantener la doble articulación que se ha fraguado; lo que importa es cómo se verá afectado, traumatizado el orden simbólico masculino.

Una oscuridad exquisita se atenúa para enmarcar a Catherine, fantasía invertida de Nick Curran, que le señala y lo precipita hacia el goce de lo no fálico.

Michèle es lo opuesto equidistante de Catherine. Dueña de una empresa de video juegos, fría ejecutiva. Lleva sus días entre la soledad e intimidad de su casa y la cargada agenda laboral. Madre de un chico castrado que parece no impórtale mucho. Michèle en ningún momento encarna una fantasía, por el contrario, es un personaje que lidia con los problemas cotidianos del día a día. Todo parece normal hasta que descubrimos que ella es hija de un asesino serial que mató a varias mujeres, sin ninguna explicación aparente (al igual que los amigos asesinos de Catherine), siendo ella una niña de 10 años y obligada por el padre a participar en dichos crímenes. La duda sobre qué tanta responsabilidad tuvo, es omitida, y más bien se da por entendido que fue víctima de la demencia paterna. Sin embargo, conforme avanza la historia, se aproxima la incertidumbre y se plantea la posibilidad de que Michèle no sólo fue víctima.

Al igual que el personaje de la escritora de Bajos Instintos, el personaje nos plantea un núcleo traumático que despliega un mecanismo, una doble signatura: en este caso Michèle es víctima y victimario. Su vinculación con la ficción es similar a la de Catherine Tramell, aquí es sugerida por el mundo de los video juegos. En el juego que está por desarrollar su compañía, vemos a un ser completamente fálico -una especie de demonio- lleno de cuernos/tentáculos, someter a una princesa hasta que los largos tentáculos destrozan su cráneo. Ante la falta de realismo del videojuego, ella regaña a sus programadores y les da una extraña indicación: «cuando un jugador destripa a un orco, necesita sentir la sangre en sus manos, sangre fresca y caliente sí es posible». El plano de ficción/fantasía (videojuegos) se vuelve transparente evidenciando la doble signatura traumática en Michèle: víctima/ victimario, y que se extiende en una red vinculando a los otros: amigos, familiares, exmarido y amante (la mayoría hombres). Michèle parece interferir sutilmente en la vida de los otros, tener una secreta injerencia y determinar su posición imperante.

La audacia del director es lograr que el propio film se vuelva una cancha de juego entre tensiones, en donde la relación víctima/victimaria introduce una noción femenina: ELLE “lo que no se puede decir” traumatizando así el orden masculino (patriarcal). ¿No es acaso Michèle la única sobreviviente del padre feminicidia?

En la primera secuencia Michele es violada, sin embargo establecerá una relación secreta con su violador anónimo. Todo parece insinuar que Michele busca vengaza, pero ella no busca vengarse de su violador, su deseo es decodificar la relación binaria víctima/victimario, (ejecutada por el hombre hacia la mujer). Tal parece que lo que se busca es desquebrajar la subjetividad del violador, no ser más su víctima en los términos del violador. Podríamos sospechar que ella desea a su violador y busca mantener un tipo de relación con él, la única ya posible. La idea la seduce al punto de desenmascararlo. El espacio simbólico del violador es transformado y traumatizado, porque el violador ya no se sabe anónimo; cabe su pregunta. ¿qué quieres de mi? en lugar de la pregunta freudiana por excelencia: ¿Qué quiere la mujer?

Los espacios de intimidad en Paul Verhoeven son como resortes que distienden la relación cuerpo y trauma, volviéndolas un circuito de intensidades.

Funcionan como la ducha en «Psicosis», el espacio de más intimidad -donde bajamos la guardia- será traumatizado o el lugar donde comienza la trama. En «Basic Instict» será la cama el lugar de ejecución y el momento brutalmente por interrumpir, será el orgasmo masculino (secreción de espermas). Lo que canalizará Nick, es el suspenso mortal entre él y la imaginación ilimitada de la escritora: circulación de su deseo que ella le proveerá, porque sabe que el placer/adicción a la droga y bebida estancan su deseo. Opta por el filo de la navaja donde correrá su deseo, ya que puede volverse un alto riesgo de aniquilación, tanto del organismo como de sus secreciones vitales (muerte en el orgasmo). Desvinculación entre su chorro espermático y su objetivo (su pareja de acoplamiento). Al igual que el esperma es aniquilado, el cuerpo deviene una pantomima masculina. Mismo riesgo que asume Michèle al frecuentar a su violador, lo cual se vuelve una especie de programa para habilitar su deseo y ponerlo a circular.

Chorro de sangre, la vagina es una herida literal. En Elle, las caras de las moneda se intercambian de un lado al otro, siendo que Michèle asume el lugar de Catherine pero también de Nick Curran. La figura masculina ha sido removida. No hay posibilidad de ser padre. Michèle desvincula a su agresor al asumirse ella plenamente como la víctima; fracaso del violador. Michéle redobla su goce no fálico dejando sin objetivo al agresor al hacerlo su amante. La VAGINA, dirán Michèle y Catherine, no es falta de falo, si no goce de no falo.

¿Qué es lo que desea la escritora Catherine y Michèle? Lo mismo que el director Paul Verhoeven, devenir máquina feminista, producción de traumas masculinos. La trama de ambos films son el trauma mismo, plano inmanente que desorienta las representaciones fálicas desde su centro, para erigir a la mujer como el otro absoluto.No en un plano trascendente exterior al hombre, sino por el contrario, desde la subjetividad masculina. Romper el centro del falocentrismo y redirigir la subjetividad masculina fuera de ese centro. ¿La figura del centro la determina el falo o viceversa?. ¿Acaso podemos pensar un falo sin centro?; y sí es así, ¿cómo podremos nombrar a la mujer fuera del centro falocrático?. Ese afuera tendría que ser un programa político, una insurrección ante el centro, una herejía para desactivar la máquina feminicidia.

Michèl ante el cadáver de su padre suicidado en la cárcel le dice: Te maté al venir aquí.