REVISTA PICNIC Sin delineador ni cuter: desmitificando al emo - Revista PICNIC

Tenía 14 años. En mi secundaria me llevaron al psicólogo por escuchar a My Chemical Romance, denominaban que la banda era emo, me revisaron los brazos tratando de encontrar cortadas, me interrogaron sobre lo que pensaba al escuchar a los de New Jersey.

A principios del 2006 el «emo» era un tema de interés social: había marchas en su contra y en la glorieta de Insurgentes los punks y skates se agarraban a madrazos a cualquier joven emo que pasara por ahí, entre otras diferentes situaciones que hacían que el emo fuera malinterpretado por los medios y a nivel mainstream (hay varios capítulos de La Rosa de Guadalupe para ejemplificar).

Aunque muchos definen a MCR como uno de los grandes exponentes emo, debo avisarles que no es así. Musicalmente otros grupos encabezaron el movimiento y por eso es importante señalar que el emo no es como todos lo piensan.

Fugazi es uno de los antecedentes de lo que conocemos como emo, su participación es una de las mayores inspiraciones que fueron expuestas en agrupaciones como Sunny Day Real Estate, Mineral, Jimmy Eat World entre otros. Con su estilo hardcore y algunas letras, Fugazi se convirtió en un punto para comprender al subgénero y esto queda comprobado con nuestra página gurú Is This Band Emo? en la cual si pones Fugazi lanza el siguiente mensaje:

fugazi

Sin delineador ni cuter: desmitificando al emo

La adolescencia es una etapa de grandes cambios en la que como molde de plastilina puede romperse, juntarse y acomodarse de cualquier manera, por lo que el emo funcionó en la vida de muchos ajustando sus gustos a un movimiento de dulce sonido. Junto a nuestras emociones muchas canciones llenaron de felicidad nuestros oídos y abarrotaron nuestro iPods.

El uso de grandes títulos en las canciones era un tema frecuente.  «I’ll See You When We’re Both Not So Emotional» de American Football, «The Quiet Things That No One Ever Knows» de Brand New, «The Places You Have Come To Fear The Most» de Dashboard Confessional. Incluso hay una banda que usó esta característica de un gran nombre como The World Is a Beautiful Place & I Am No Longer Afraid to Die. En ellos también destaca el uso de spoken word.

La sensibilidad, la soledad, la reflexión, el desamor y el amor eran los intereses más frecuentes para esta generación sin la necesidades de caer en un vacío existencial que no te dejara vivir y así cortar tus brazos. Algunos optaron por un sonido más potente y refrescante como lo hicieron Drive Like Jehu en Yank Crime; The Get Up Kids en Something To Write Home About; Jimmy Eat World en Static Prevails o Saves The Day en Through Being Cool. Pero también había dulzura y melancolía como en Bright Eyes o Death Cab For Cutie.

Queda claro que en ningún momento al leer esta nota sentiste ganas de matarte o ponerte delineador y un gran flecho, ¿verdad? Tal vez unas lagrimitas de nostalgia al recordar tantas bandas que nos acompañaron entre los 14 y 16 años y son aceptadas de buena manera, digo han pasado más de 10 años desde que la mayoría de la gente se adentró al subgénero, porque sí, el emo es un subgénero de lo que a finales de los ochenta y principios de los noventa fue el hardcore o el punk rock.

No hay necesidad de sufrir

Bandas hay muchas, desde algo más mainstream como Taking Back Sunday o algo más instrumental con mezclas indie como Mineral. Al final de todo esto el emo sigue vivo y no, no nos referimos a Fall Out Boy. Festivales como el Primavera Sound han incluido bandas como Drive Like Jehu, Modern Baseball y American Football en el cartel. Nuestro querido Corona también, hace 3 años nos trajo a Jimmy Eat World y este año a Dashboard Confessional.

Incluso hay bandas que si bien llegaron de diez a veinte años después a la fiesta, ahora son dignos representantes como The Hotelier, You Blew it! o Into It. Over It. No se trata de un revival, simplemente el emo dejó de ser moda. Y aunque muchos por ahí juran que Panic! at the Disco es emo, el tiempo ha dejado bien claro que fue una etiqueta mal empleada.

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Al salir de mi plática con lo que era un mal psicólogo, encendí mi iPod, tomé mis audífonos, sonó «Smile in Your Sleep» de Silverstein y regresé feliz y con mucho sentido del humor a mi casa. Eso sí, los prejuicios nos regalaron grandes momentos en una época en la que aún usábamos el infrarrojo.