REVISTA PICNIC Charlando con Alan Anaya - Revista PICNIC

“El gusto por la música es de chiquito, yo crecí en la colonia Ramos Millán con mi hermano, mi papá y mi mamá. Mi padre solía llevarnos al mercado de Río Frío, mejor conocido como las ‘chácharas’. Ahí mi papá cada domingo iba a comprarle vinilos a un señor llamado Roberto que tenía un puesto llamado ‘Lupe DJ’ (…) a mi papá le encantaba hurgar entre los vinilos. Le gustaba Santana, Black Sabbath, Deep Purple y ahí el señor encargado del puesto le recomendaba algunas cosas (…) Mi papá solía ser muy entendido en la música.

Creo que el verlo con regularidad me dotó de una especie de gusanito que yo también quería hacer lo que él estaba haciendo (…) Conforme fui creciendo, en la primaria comencé a guardar de mis domingos para invertirle en vinilos.

En parte fue mi papá y en parte fue el entorno; a mi abuela le gustaba mucho la salsa y a mi abuelo, el jazz de las grandes bandas. También era muy entendido en la parte de Louis Armstrong. (…) A mi mamá le gustaba mucho el rock n’ roll y los tríos (…) Aunque quien tuvo mayor influencia es mi padre.

Al crecer en la Ramos Millán, la calle donde vivíamos era una calle cerrada y a veces la gente se la pasaba fuera de su casa hasta altas horas de la noche y sobretodo un par de malandrines locales solían poner una grabadora justo afuera de nuestra casa, porque vivían pegaditos y a veces se estaban echando unas cheves, o se prendían un toque y hablaban de fútbol. Cotorreaban de compadres, ya sabes: cotorreo banquetero.

Me acuerdo que ponían a Caló, salsas, charangas o la cumbia ‘rebajada’, pero todo era el acabose cuando ponían al General (…) el putazo venía con ‘Te ves bien buena’.

La fusión de épocas y ritmos a través de los sonidos.

Me llamó la atención porque era el primer flow en español que escuchaba. Aprendí masomenos lo que decía y le pregunté al señor que conseguía los vinilos y ya me dijo: ‘El General’. Comencé a comprar mis primeros vinilos del ‘General’ y puta, mi mamá me empezó a odiar. Me decía: ‘no mames wey, justo queremos alejarnos del cotorreo de esta gente’. Y eso detonó esa semilla de buscar ese tipo de ritmos (…) del rap primigenio, compraba casetes de 2 Live Crew, Vanilla Ice, MC Hammer, Run DMC (…) ya de ahí, mi vida se convirtió en un constante vínculo con la música…”

Curiosamente, aquel DJ, quien ha formado junto a Simpson Ahuevo una de las duplas más dinámicas en el rap nacional, estaba vestido de una manera similar, como cuando entrevisté a Simpson Ahuevo en las oficinas de Sicario hace un año. Sneakers, jogger pants, una playera blanca y una chamarra biker con algunos pines de adorno.

Antes de la entrevista, comenzó a dibujar una especie de autorretrato caricaturizado en un pizarrón. Me comentó que él también había estudiado comunicación.

Con un bagaje tanto amplio otorgado por su entorno es inevitable que éste se vea reflejado en su faceta como DJ. Alan reconoce que en su infancia siempre estuvo en un constante contacto con la música. Gracias a su padre también se volvió fanático de la radio. Alan Anaya reconoce que gracias a estas múltiples influencias, dejó hasta cierto punto de ‘distinguir’ los géneros musicales y aprovechar todo.

“¿Sabes cuál es mi contexto? La música popular: puedo escuchar hip-hop hasta charangas, reggaetón o nü metal (…) Hay canciones que marcan las generaciones. Sí soy muy clavado, en tratar de captar esa esencia de una canción que sea buena/inmortal o un himno. Define generaciones (…) mucha gente crítica mi estilo por poner ‘hits’ (…) en un principio si me dolía pero no son los hits, sino los géneros y la forma en que lo mezclo (…) armo una coherencia muy extraña (…)

Algunos DJ’s de México creen que son artistas por poner música sin voz o con muy poca voz (…) A mí me gusta ser más descarado y poner algunas canciones, dándole una redirección y un significado (…) Trato de captar el espíritu de la época, donde esa canción era reinaba y cuando la pongo algo que se convierta la fiesta en ese momento (…) Y digas: si claro, así vivían estos weyes la música en los noventa , por ejemplo o en los setenta, cuando pongo funk y soul.

Realmente no existimos muchos que respetemos el género como tal, hacer una sesión que engloba ese tipo de música. Yo sí puedo decir que mi género está embarrado de cultura popular porque Yo soy cultura popular (…)”

Alan recuerda aquel folclore propio del barrio de la Ramos Millán en contraste al que había en la Del Valle –ya que él estudiaba ahí y ya en la universidad se tuvo que trasladar hasta la salida a Cuernavaca-.

Curiosamente, el estilo de Los Alan Anaya es muy bien recibido en zonas de clase media. ¿Qué curioso no? La música popular o considerada marginal ahora forma parte del gusto de las clases socioeconómicas un poco más acomodadas. Anaya considera que este tipo de música tiene realmente ‘corazón’, no demerita la instrucción ‘clásica’. Cita ritmos como el jazz o el blues, como música que en un principio fue considerada marginal pero en un futuro se convirtieron en las raíces de la música popular.

Por otra parte menciona el hecho que muchos ritmos tribales o con golpeteos con bajo, se sincronizan de una u otra manera con el ritmo cardiaco y probablemente eso sea lo que hace que la música popular conecte tan bien con las grandes masas. La industria al ver eso lo toma, lo redirige y de ahí es que el mainstream ahora esté plagado de ritmos que antes se consideraban ‘bajos’, ‘marginales’, ‘de barrio’ o bien, los modos en el que se baila -por ejemplo el polémico perreo en el reggaetón-.

De ahí Alan Anaya fusiona distintos ritmos musicales aportando una esencia de identidad nacional a través de sonidos tradicionales.