REVISTA PICNIC Feist - Pleasure - Revista Picnic
Revista Picnic logo
picnic_pam2017
Feist - Pleasure
8.5Promedio Final
Puntuación de los lectores: (0 Votes)
0.0

Para los seguidores de la intérprete canadiense la espera ha sido larga. Tuvieron que pasar 6 años para que Feist se animara a sacar su quinto álbum de estudio, Pleasure, y es sin duda, un regreso triunfal. Compuesto por once reveladoras canciones, este álbum, un tanto más oscuro que los anteriores, destila un sonido que difícilmente puede pasar desapercibido.

El lanzamiento fue el pasado 28 de abril y desde la primera nota es fácil darse cuenta de que, quien fuese integrante de Broken Social Scene en otro tiempo, disfrutó haciendo este material discográfico tan pensado y maduro. Feist parece llegar cómodamente con su guitarra, sin prisa, sentarse en una silla en el interior oscuro de un cuarto y comenzar a tocar sin mayor preocupación. Dato curioso, esta sensación fue similar a la que se vivió ayer en el concierto que ofreció en el Teatro de la Ciudad.

Los preludios de Pleasure se elevan por encima del silencio de forma paulatina: uno siente que apenas está pellizcando las cuerdas, preparándose para un estallido cuando de repente su voz, suave y cadenciosa, invade todo.Acompañada de sutiles percusiones, va guiándote hacia un punto más elevado dentro de la canción y de pronto, de la nada, el estallido se retarda justo en el coro, para finalmente llegar a un breve clímax musical.

La canciones que rompen con con la tranquilidad, gracia a los riffs un poco más vehementes.  Para después bajar nuevamente hasta llegar al coro donde las voces secundarias y los aplausos anuncian el final de la canción, siendo ésta una breve prueba de lo que vendrá en el resto del material; balance placentero entre la melancolía, la introspección y el goce musical, sin dejar de lado esos matices seductores que se escurren entre nota y nota.

Aparece, por supuesto, ese gesto experimental que compone a Feist, y que estuviese tan presente en Let It Die El coro de Get No High, Get Not Low lo toma a uno por sorpresa, y si eres de aquellos a quienes los tenues cambios de ritmo lo invitan a moverse, notarás que de pronto lo estás haciendo. Esta tercera canción es un efímero viaje al oriente (si nos gustan los clichés), y precede a algo mucho más lento: Lost Dreams, que parecería ser una canción de cuna triste, liderada por la aguda y amena voz de Feist.

Llega Any Party para interrumpir todas las sensaciones anteriores. Como un parteaguas en el disco y con un ritmo mucho más ágil, aquí uno puede remitirse a los viejos tiempos de la canadiense en The Reminder. Acaba esta entre quinta canción con coros divertidos y el jugueteo entre lo que parece ser un columpio musical y sensacional.

Si seguimos en el pequeño juego de la habitación a oscuras que este disco invita a imaginar, para este momento se van encendiendo gradualmente las luces en la habitación con su voz. Su cadencia envuelve el ambiente por completo.

El disco da un giro a partir de aquí. A Man Is Not His Song es suavidad que impone. Se trata de un sentimiento hecho canción. Aquello que agoniza y se niega a morir sin dejar rastro. Su voz bien podría ser una dama que oscila entre el misterio, la seducción y la tristeza y que al final simplemente se corrompe.

Pasando por The Wind le sigue Century, que es otra cosa. La participación de Jarvis Cocker no es, lo siento, lo estelar en esta octava canción. Quizá uno de los momentos más agresivos y fuertes dentro del disco se presenta, y tal vez, además, una de las mejores canciones del material.

Sorprende el golpe que da Feist en esta segunda parte del disco, tomada del brazo del líder de Pulp y su sentenciosa y grave voz. Deciden tomarlo todo y botarlo sin más preludios al final de la canción. Ideal para agitar la cabellera un rato después del ritmo suave que se iba manejando.

Nuevamente un giro, Feist despliega y exhibe un profundo sentimiento en Baby Be Simple. Cala ese pequeño agudo que lanza la interprete aquí. Una súplica: “Baby be simple with me”, desde aquí, pide que se le acompañe en este andar final y lo logra gracias a la cadencia musical que maneja en I’m Not Running Away y finalmente, como un tren alejándose, se despide Feist de este camino con Young Up, la parte más ‘jazzera’ del disco. No podría imaginar un final mejor para esta producción. 

Debemos agradecerle una cosa: se expone. No hace falta preguntarse qué estuvo haciendo durante estos años. Lo narra. Todas las letras y arreglos musicales exponen los sentimientos y sensaciones que envolvían a Leslie mientras componía, y es fácil sentir empatía con su sonido. La voz de esta cantautora no necesita demasiado acompañamiento, lo sabemos, sin embargo, ella sabe ponerle las sortijas y joyas adecuadas a su canto.

Un leve violín, percusiones, un teclado por allá, etc. Pleasure nos deja el sabor de que los vinos, entre más añejo, saben mejor, y al menos, logran una conexión y autenticidad mayor que los tan alegres años anteriores.

La experiencia musical que tiene se vierte en un disco que abraza con cariño a todo lo que ha sido esta cantante a lo largo de su vida como músico. Un tributo al crecimiento musical que sólo una artista del calibre de Feist podría ofrecer.