REVISTA PICNIC Friendstival: Prefiesta #2 @Dobermann Aragón - Revista PICNIC

Fotos por Damián Amora

A partir de las 3 PM, las puertas del Bar Dobermann de Aragón permitieron el acceso al recinto, y entre caguamones y lluvia intermitente, fueron ingresando poco a poco los asistentes a la segunda prefiesta del Friendstival el 29 de julio.

Sobre un escenario elevado del nivel de piso, fue aproximadamente hasta las seis de la tarde en que, luego de algunas pruebas de audio, inició su presentación By Olimpic, unos chicos orgullosamente originarios de Neza, que pese a los pocos asistentes presentes, se mostraron un tanto nerviosos pero con muchas ganas de estar ahí. Desafortunadamente, acababa de llover muy fuerte y había algunas goteras en el techo del bar, lo cual no solamente resultaba molesto para la banda al momento de tocar, también era peligroso. Ojalá que los encargados del lugar tomen las respectivas precauciones al respecto.

Aunque el grupo todavía es demasiado experimental y le falta hallar una línea propia de sonido, los integrantes de By Olympic tocaron sus instrumentos con presteza y en su canción final, se aventaron un sampleo bastante fiel de «Two Steps, Twice» de Foals. No desaprovecharon ningún momento para hacerse promoción mencionando sus redes sociales y hasta regalando algunos stickers después.

Para las siete de la tarde, fue que subió al escenario Endless, de quienes sólo sus conocidos tenían una idea del concepto de la banda, pues hasta ese día no tenían material grabado o disponible en línea para conocerlos. Sin embargo, sorprendieron a todos aquellos que no sabían qué esperar del grupo.

Ya había dejado de llover, por lo que las goteras cesaron y había notablemente mayor público que al iniciar el evento. Con un sonido muy potente que rondaba los límites del post-rock, el progresivo y se acercaba constantemente al metal, la banda inundó el ambiente con sus riffs de guitarra y fuertes percusiones. Siguiente parada: la Escupidera de Salty.

En punto de las ocho de la noche, los chicos de For Dummies subieron con toda la buena vibra que tenían para dar y repartir. Muy animados, dieron inicio a un show de math rock que casi le vuela la cabeza a alguna que otra chica de las que rondaban el bar, bailando como si no hubiera mañana. Lo más llamativo fueron sus integrantes: por un lado, la enorme energía del baterista quien no paraba en ningún momento; por otro, el bajista, quien con un curioso color de cabello y distorsiones que se trasladaban de las cuerdas a su rostro, parecía acercarse al éxtasis con cada interpretación. Prendieron a más de un asistente y agradecieron a todos ellos al finalizar, incluso a los de Ikiatari, quienes andaban entre algunas de las mesas del lugar.

Para finalizar con el show que nos tenían preparado en el Dobermann, a las 8:45 PM dio inicio el set de A Shelter in the Desert. Con una duración exacta de media hora, la agrupación logró lo que ninguna de las anteriores: atención absoluta del público. Sin bien las demás bandas hicieron pasar un muy buen rato a la audiencia, las personas conversaban o se movían entre los demás asistentes; sin embargo, el grupo de post-rock logró cautivar – en el sentido literal de la palabra – a todos los presentes.

Quizá suene cliché, pero esta agrupación constituye un descanso sonoro, un oasis. No es que su género incite a tomar una siesta ni nada parecido, al contrario, hacen posible una experiencia que lleva al espectador de viaje, a soñar despierto. El conjunto logra construir un ambiente que traslada al escucha lejos de su presente, de su aquí y ahora. Por unos minutos incluso daba la impresión de que el tiempo se había detenido.

Aunque el venue era pequeño y la planta superior no estuvo abierta al público, logró llenarse para el final de la noche. Cada una de las bandas tocó de cinco a seis canciones, lo suficiente para darse a conocer e invitar a otros a sumarse al empeño de bandas pequeñas por conquistar poco a poco la capital del país.

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