REVISTA PICNIC Hacksaw Ridge: La Pasión de (Mel) Gibson como director
Todas la pecas del mundo

En un punto de Hacksaw Ridge (Hasta el último hombre), Desmond Doss — encarnado por Andrew Garfield — se encuentra apartado de las barracas militares. En prisión preventiva, lejos de sus seres queridos, cuando su cruzada es puesta en duda, musita: “No sé como podría vivir conmigo mismo si no soy fiel a lo que creo”. Ese es Mel Gibson, director de la cinta, hablándonos de frente.

Aunque la imagen que muchos tengamos en la cabeza cuando se nos habla de Mel Gibson sea la de una estrella del cine de acción, gracias a títulos como la trilogía de Mad Max, las cuatro entregas de Lethal Weapon o The Patriot, el actor ha forjado desde principios de los noventa una reconocida, quizás intermitente, carrera como director.

Su segunda vez en la silla del director, Braveheart, le trajo cinco premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, incluyendo las preseas de Mejor Director y Mejor Película.

De la filmografía de Gibson, director, — compuesta ahora por cinco obras — podemos observar su fascinación por las figuras mesiánicas, un genuino desasosiego por la mortalidad y lo divino, así como una predilección casi maníaca por imágenes de violencia hiperrealista. De sus cintas podemos constatar su calidad como autor; a través de sus imágenes, diálogos e historias surge una voz tan poderosa como sincera.

Hacksaw Ridge cuenta la historia verdadera de Desmond Doss (Garfield), un joven inscrito en las filas del ejercito norteamericano para participar en la Segunda Guerra Mundial, quien bajo objeción de conciencia se rehúsa a tomar un rifle. Calificado como cobarde por sus superiores y similares, el camino de Doss no nos es desconocido: vemos las condiciones que lo moldearon — el casi asesinato, accidental, del hermano de Desmond a manos del mismo, así como el alcoholismo y el estrés postraumático de su padre — ; el heroísmo con el que hace afrenta a la batalla, su compasión casi beatífica; así como su sacrificio y la conclusión satisfactoria de su cruzada.

La primera parte de la historia se desarrolla inteligentemente en una puesta de clásica americana: imaginería de colores saturados, personajes y situaciones propias de una cinta bélica patriotera — la bonita enfermera enamorada del héroe, los pintorescos miembros de la compañía militar, y un personaje reminiscente al Sargento Hartman de Full Metal Jacket.

Es en esta ignición de la trama donde descubrimos la primera intención de Gibson, quien lejos de estar preocupado por destruir convencionalismos, los usa y subvierte para sus propias necesidades como narrador; escenas que toman lugar en lo íntimo de la convivencia familiar sirven para recordar al espectador que, a pesar de lo que la ficción cuente, las guerras fueron peleadas por personas con dramas que rara vez se contarán, pero que son de sumo peso para los participantes.

Luego llega la ruptura, en donde la película atenúa sus colores, termina con la música y, literalmente, nos grita en la cara. Cuando Desmond y sus seguidores ponen un pie en el epónimo risco — para su título original — Hacksaw Ridge se convierte en un festín de balas, explosiones, quejidos y desmembramientos. El campo de batalla es donde Gibson hace explícita su firma de forma enérgica; con señorío el director nos recuerda los horrores de la guerra y las heridas físicas y mentales que crea en cada soldado.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El también director de The Passion of the Christ se toma tiempo para mostrarnos el destino de los otrora descreídos, oficiales y rasos, a la par que hace patentes, en encuadres que glorifican, las acciones humanitarias de Desmond Doss, simultaneidad con la intención de crear historia extraordinaria, casi divina, en la cuál la peculiar candidez del protagonista es indispensable para lograr el máximo impacto.

Pocos directores actualmente se atreverían a hacer declaraciones fílmicas tan controvertidas, viscerales y, sobre todo, sinceras con sus creencias. Gibson detrás de la cámara, como sus protagonistas, es incapaz de abandonar los principios que lo impulsan; cinta tras cinta ha demostrado ser inamovible a pesar de las críticas, para bien o para mal. En esta ocasión, resultó para bien.

Hacksaw Ridge puede verse como la mejor de sus obras: Una producción con actuaciones sobresalientes, formidable dirección e ideas feroces. Pese a su sobrecarga de simbolismos obvísimos, estamos frente a una cinta conmovedora, franca hasta sus últimos momentos. Si el ex (Mad) Max continúa otorgando propuestas audaces, su apreciación por la crudeza y la consciencia no pasarán desapercibidas.


Referencias: Pandemonium Films, Permut Productions, Vendian Entertainment, Kylin Pictures.

Visita el sitio oficial de la película.