REVISTA PICNIC Historias paranormales de Industrias WIO - Revista PICNIC

Cual grupo de niños que se sientan alrededor de una fogata para contar sus mejores historias de terror, le pedimos a la familia de Industrias WIO que nos platicara sobre esas experiencias paranormales que además de sacarles uno que otro susto, han inspirado canciones.

Jehú Coronado (guitarrista y vocalista de Yo Maté a Tu Perro)

La casa donde ensayamos es extraña. Yo crecí ahí y durante toda mi infancia viví asustado por ruidos y siluetas. En alguna ocasión recuerdo que estaba acostado boca arriba en la noche, cuando una sombra apareció y me asustó gritándome en la cara. Hubo un tiempo en el que mi padre dormía con la lámpara encendida al lado de su cama, pero dejó de hacerlo cuando descubrió que algo la prendía y la apagaba, durante toda la noche. Una vez estaba en el cuarto de ensayo esperando a los demás, mientras tocaba la guitarra pisando todos los pedales para sentirme bien shoegazerboy. La puerta estaba abierta y de reojo pude ver cómo la sombra de una niña se asomaba, por sus ademanes descubrí que estaba molesta. Fue ahí cuando descubrí que a algunos fantasmas no les gusta el ruido.

A veces me quedo hasta tarde yo solo, encerrado tocando o grabando. Me quedo a dormir en el suelo del cuarto, coloco una sábana y me recuesto. Siempre pasa lo mismo, a las 2:30 AM comienzan a escucharse toda clase de ruidos en los otros cuartos y también afuera. Pasos, golpes, el sonido de algo arrastrándose. A esa hora puedo sentir que hay algo mirándome desde las ramas del árbol que está justo afuera de la ventana, como si alguien pudiera subir a las ramas tan delgadas y desde ahí mirar hacia adentro. El ruido dura exactamente una hora, a las 3:30 AM todo se desvanece y puedo intentar dormir tranquilo. Mis amigos vienen a la casa y les da miedo quedarse solos. Me gusta asustarlos, pero a mí también me da miedo.

Pablo Primo (guitarrista y vocalista de Áderiva)

Estela tomaba siempre la misma calle adoquinada, pasaba por los mismos callejones, admiraba las grandes casas que el tiempo distorsionaría en titanes de fierro y cemento, que con sus descoloridas fachadas taparían la luz natural que en esos momentos se deslizaba por el cabello negro con un lunar blanco que hacía de flequillo. Estela andaba sola, pero siempre se sentía segura, arropada.

Su madre la recibía con la ventana abierta, donde el aroma del guisante del día, guiaba el camino de Estela, un mole, arroz con frijoles, pozole, tamales y de postre calabacitas en dulce. Aquella ocasión abrió la ventana a la justa hora, para que se vertieran los aromas y jugaran con el viento. A lo lejos avistó a Estela acompañada de una persona, sin identificar quién era el personaje, notó que éste la abrazaba, la acobijaba con su presencia; si bien concretó que sería algún académico que le acompañaba. Estela entró, como todas las tardes, gustosa de probar los bocadillos maternales cuando su progenitora le inquirió sobre su acompañante y el porqué no había pasado a saludar; Estela, respetuosamente, mencionó que como siempre, venía sola.

Estela creció con esta tenue, y muy suya, forma de comunicarse con los espíritus, a veces para bien, otras no tanto. Cuando a Estela le llegó la hora de poder platicar con las ánimas de frente, lo tomó con la calma y paz que siempre le caracterizó, pues sabía que se encontraría con hermanos, su madre, y probaría nuevamente esos guisos que le laurearon su niñez. Pero se sentía sola, pues sus cercanos yacían hace tiempo en este otro mundo; todo era nuevo para ella. Fue así que le hizo un llamado a su comadre, la otra Estela, mi abuela paterna; le cuchicheó sobre la paz donde se encontraba, en donde sus dolores del alma se esfumarían; con toda la confianza que siempre se tuvieron, aunaron el mismo viaje. Así, mis dos Estelas, tomaron vuelo en el 2015 y ahora nos visitan para acariciarnos con sus historias.

“Y pronto te diré lo siento

no hay forma de cambiar tu hado

insondable estás allá abajo

yo sólo me tomé un atajo”

Fragmento de la canción “Llamándote a voces” de Áderiva

Ricardo Castillo de ISLAS

Esta historia me sucedió hace no mucho en Mérida, de donde soy originario. Era invierno de 2015 y ya empezaba con las primeras maquetas de ISLAS. Todos los días grababa en mi estudio como a eso de las once de la noche; lo hacía a esa hora porque es cuando me puedo concentrar más: casi no hay ruido y la noche tiene algo especial que ayuda a la música melancólica a fluir.
 Era una sesión normal.

A las tres horas de trabajo, me tomé un breve descanso para ir por cigarros al Seven, disfruto mucho caminar de madrugada por la calle mientras fumo un cigarro. Hasta ahí todo bien, fui por mis cigarros y volví al estudio por las calles vacías cuando de repente empecé a escuchar el sonido como de una cadena, pensé de inmediato lo mas lógico: un perro. Miré hacia atrás y no había nada.
 Seguí caminando. Uno, dos, tres pasos. Y el sonido de nuevo. Volteé una vez más. De nuevo nada.

La paranoia se apoderó de mí porque, a esas horas de la noche, precisamente no te quieres encontrar a nada ni a nadie. Aceleré el paso con un poco de miedo, tengo que admitir. Esa noche grababa las voces del demo de «Densidad». Terminé la sesión exhausto durante la madrugada.
 Al día siguiente, reproduje lo que grabé, ¡y casi me voy para atrás cuando percibí el mismo sonido de las cadenas dentro de la grabación! Chequé track por track. Lo encontré escondido detrás de las voces. Me asusté mucho pero algo me decía que no borrara el track, así que cuando vine a grabar el disco a la Ciudad de México, le pedí a Alanity, productor de ISLAS, que dejará ese sonido en la versión final. 
La verdad, soy muy escéptico, pero al día de hoy no consigo darle explicación a ese sonido. Si prestan atención cuando entra el ride en «Densidad»  en el minuto 2:06 se puede escuchar.

Daniela Navarrete de Fausto Leonora

Cuando participé en la puesta en escena Caleidoscopio de la compañía Canto en Movimiento en Roma, justamente las funciones fueron en noviembre, así que para día de muertos creamos una ofrenda enorme y muy bonita junto con el elenco italiano, que no entendían mucho de nuestras costumbres. El día que nos juntamos en el cuarto de ensayo para acomodar todos los arreglos de la ofrenda, casi al terminar, se fue la luz de repente. Obvio nos sacamos un buen de onda.

Uno de los chicos comenzó a asustarnos con historias mientras prendíamos las velas de la ofrenda, de hecho hasta se sentía una vibra medio extraña por ahí, como si de verdad hubiera espíritus con nosotros, de repente usamos todo eso para nuestros personajes, así que si había algún fantasma o algo, se volvió parte de la compañía. Al terminar de prender las velas, la luz regresó.

Trino Sahagún (Vocalista y guitarrista de REMMY)

Una de las experiencias paranormales más tenebrosas que nos ha ocurrido fue justamente el año pasado, cuando fuimos invitados a tocar en “El Festival del Globo” en León Guanajuato.

Resulta que una noche antes del evento, armamos un concierto en un foro conocido de esa ciudad, en donde compartiríamos con otras dos bandas, entre ellas una de mayor renombre. Llegamos, hicimos nuestro soundcheck y comenzamos a tocar. El evento iba viento en popa, la gente bailaba, disfrutaba y cantaba; después siguió la otra banda y finalmente, la estelar, una que, por el género que tocan, requiere de trompetas.

Pues es el caso que, una vez que comenzó la banda estelar, por cuestiones de horario, nos tuvimos que retirar al hotel, entonces, tuvimos que cargar nuestros instrumentos a la camioneta; entre todos fuimos subiendo los cases a la camioneta, aún recuerdo claramente que a mí me tocó cargar uno en donde Carlitos guarda su tarola.

Ya instalados en el hotel, nos dispusimos a dormir, pero nadie esperaba que el instrumento fantasma hiciera de las suyas. A las 4 AM, alguien tocó a la puerta de nuestra habitación, yo salí a abrir y cuál va siendo mi sorpresa, que eran los integrantes de la banda estelar de esa noche, quienes malhumoradamente, me dijeron: -¡Ustedes se llevaron nuestra trompeta!- a lo que yo respondí que no, pero que si querían comprobarlo, lo checábamos en ese mismo momento en la camioneta. Pues fuimos, abrí la cajuela correspondiente y “Oh sorpresa” el case que, según yo era de la tarola, en realidad era de una trompeta!!!!!

Todos me querían golpear por lo ocurrido, cuando lo que en realidad había pasado, era que, el instrumento había mutado. Finalmente lo platicamos, comprendiendo que los instrumentos a veces, cambian de forma para jugarnos bromas de mal gusto.