REVISTA PICNIC Horacio Quiroz: una reflexión de la condición humana.
FICM

Un recipiente emocional.

Existen muchas formas en que las personas podemos expresar nuestros sentimientos y maneras de pensar. La pintura, la danza, el canto, son algunas maneras. Sin embargo, cada cabeza es un mundo y existen representaciones desde las más simples hasta las más complejas.

Horacio Quiroz es un artista gráfico, quien después de trabajar 12 años en la industria de la publicidad, se dedicó a la pintura.

De manera autodidacta, Horacio fue perfeccionando su estilo, enfocándose en el detalle y los encantos de la anatomía humana.

Quiroz aprovecha cada espacio del cuerpo como una representación constante de nuestra realidad. Su pintura explora los límites de las tensiones entre lo estético y lo no estético, logrando una combinación llena de espacios cautivantes en los cuales podrías perderte por horas.

Si bien, el cuerpo es tomado por muchas ideologías como un templo sagrado, para él funciona más como un recipiente donde encuentras y se combinan las historias y emociones espirituales y temporales; pensar que logra plasmar de manera única en cada una de sus piezas.

«La encarnación de emociones mutantes a través de la creación de anatomías imposibles, similares a una radiografía de las experiencias por las cuales pasa una persona, mientras evoluciona.»

Todo lo que existe está compuesto por la dualidad de los opuestos.

La existencia de la dualidad en todas las cosas, es conocida y reconocida por la mayoría. En las pinturas de Quiroz podemos encontrar esas dualidades viviendo en un mismo espacio y en un mismo momento, permitiéndonos explorar la pintura de lado a lado, guiados por una serie de texturas y composiciones, que a primera instancia causan sensaciones contrapuestas que oscilan entre el agrado y el desagrado, pero unidas se transforman en un gusto extraño el cual no te permitirá despegar la vista de cada pieza.