REVISTA PICNIC Jordi Alós: Una noche de pintura clásica, streetart y prints - Revista PICNIC
MIRAI

Vivir como artista emergente se ha vuelto más fácil, a partir de la apertura de la cultura y la sociedad de la última década. Aún así, existen muchas dudas sobre la definición de «artista emergente». Dado a esto, navegando por la infinidad del buscador más famoso, encontramos una definición sarcásticamente acertada.

Artista que espera emerger, y que probablemente después de su primera exposición seguirá sumergido. O seguirá siendo emergente, a veces es mejor ser emergente que estar emergido.”- El Diario, España.

Los últimos años y tras el apogeo del termino, las galerías han volteado la mirada a muchos de esos artistas. Cubriéndolos con su manta de curadores, corredores y expertos en lo que el “buen arte” debería de ser. Así, sumergidos en la mafia de las artes, logran estar presentes en ferias, exposiciones y codearse con personas de renombre.

Dentro de este mundo de artistas «emergentes», existe un grupo que desafortunada o afortunadamente, se encuentra alejado del pequeño circulo social que envuelve las artes en México. Ilustradores, estencileros, grafiteros, pintores y hasta diseñadores que tienen la necesidad de buscar sus propios medios y maneras, para dar a conocer su arte y lograr vivir de lo que realmente aman hacer.

Jordi Alós es uno de esos artistas (diseñador y pintor) mexicanos que ha picado piedra desde sus inicios, a pesar de haber sido rechazado en múltiples convocatorias; no por falta de talento o poca pasión por lo que hace, sino por no pertenecer al selecto grupo de graduados de las escuelas de artes más prestigiadas de la ciudad.

Gracias al poder de las redes sociales, Alós comenzó a difundir su trabajo y es de esta manera que llegamos a él. Mientras recorríamos el timeline de instagram, una extraña composición llamó nuestra atención.

Una fotografía compuesta por un print de un dibujo/retrato bocetado de manera clásica, envuelto por un entorno callejero. Pósters coloridos de una de las tantas fiestas alternativas, que se llevan a cabo en la Ciudad de México.

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Como parte de su gusto por el streetart e influenciado por artistas de esta disciplina, “decidí llevar mi arte a las calles y saltarme todos esos obstáculos que a veces se presentan por ser un artista emergente y autodidacta”.

“Hojeando mis primeros dibujos, encontré algunos que hice en el 2014 que me gustaron, así que decidí comenzar mi aventura con ellos”.

Una foto publicada por Jordi Alós (@jordialoss) el

Una foto publicada por Jordi Alós (@jordialoss) el

“Hago con lo que tengo”

Por la dificultad de conseguir los materiales (debido a que la mayoría son muy caros), Jordi tiene la facilidad de transformar cualquier superficie en un lienzo. Desde tapas de botes de basura, hasta sus actuales prints, impresos en hojas recicladas.   

Con un favorable impacto en redes sociales, ante su iniciativa de sacar la pintura de su área de confort y enfrentarla en un ambiente un tanto irrespetuoso y efímero, Jordi decidió dar un paso más e intervenir en vivo  (con aerosol y/o acrílico) las piezas. Una experiencia visual, diferente para cada muro.

“Plasmar arte en un diseño”

Con un bagaje en diseño, pintura y fotografía, Jordi hace la selección de puntos de colocación de una manera muy específica: “Elijo basado en el supuesto visual del resultado final. Lo veo como un diseño compuesto en su totalidad. Veo la posible foto, la composición del diseño, digo “aquí entra esto” y pum, lo meto”.

 

Con genes de artista, desde los 6 años encontró en la pintura una distracción que con el tiempo se convirtió en su centro de vida.

Como artista autodidacta, optó por diplomados y cursos en diversas academias. “A los 12 años tomé un curso de manga. Duró como 6 meses pero no me gustó ese estilo de dibujo”, tiempo después ingresó a una academia (Goya) en donde “tomé clases dirigidas más hacia el manejo de sombra y luz. Era de realismo, aprendí mucho”. “La daba un viejito”- agregó, mientras sonreía como consecuencia del recuerdo.

A pesar de los talleres y cursos, fue hasta la universidad (estudiando diseño publicitario) cuando comenzó a enfocarse más hacia el arte, la pintura y la ilustración, como un complemento del diseño. “Realmente llevo 3 años de lleno como pintor, experimentando con todas mis posibilidades”.

Con claras influencias de unos de sus artistas favoritos, Erick Jones, encontramos la serie “Niños”

“Es una mezcla de todas mis experiencias. Un desquite de emociones que refleja la dualidad de las personas”, a través de trazos realistas marcados en los rostros de las personas que retrata y el estilo child-art con trazos gruesos, inconclusos y un tanto torpes que vuelven cada pieza única gráficamente.

“Todos tenemos un niño interno y esta serie es justo esa combinación niño/adulto”. En planes futuros, Jordi participará como pintor escénico en una película y estará de invitado en un festival en San Miguel de Allende, donde tal vez habrá intervenciones de por medio.

“Me la jugué, me gustó y creo que me hice adicto”

Amigos que cuidan y ayudan en el proceso de colocación, una curaduría basada en la búsqueda de antiguos dibujos, más la precisa selección de superficies que funcionan como escaparate de muestras artísticas: es la combinación que Jordi fusiona en cada colocación.

Con poco más de 5 paseos de experiencia, en los que “no hemos tenido problemas, pero las patrullas son súper mañosas. Apagan las luces y pasan como un coche común y corriente. Ya hasta que la tienes atrás y suena la advertencia de la sirena, es cuando sudas”. Decidimos acompañarlo, experimentar lo que Alós vive en cada salida y documentar un poco del proceso.

La colonia San Rafael como inicio.

Bajo el esquema anterior y con un scouting previo a la colocación (en el que selecciona lugares donde pegará sus pinturas), nos citó en la colonia San Rafael para comenzar el recorrido en caminata, hacia los lugares en donde colocaría sus prints.

A las 11 de la noche y a pesar de la lluvia (aunque leve, tupida); Alós decidió colocar sus primeros dos prints en una calle convergente al Monumento a la Revolución, Ignacio Ramírez. Una valla publicitaria y un puesto de tacos cerrado, fueron los escaparates elegidos para iniciar la documentación.

Como segundo punto, cruzando Reforma en la calle de Morelos, justo en frente del Hotel Imperial; decidió colorar el tercer print de la noche. Lo intervino de manera rápida con aerosol, pues lo arriesgado de ese punto se volvía mayor conforme pasaban los segundos.

Patrulla esquinera.

Minetras la lluvia bajaba su intensidad, nos adentramos en la colonia Juárez, donde colocó alrededor de 3 prints sin ningún problema. Fue hasta la calle de Lisboa, en donde la adrenalina y los nervios fueron constante.

Con la ayuda de un «vieneviene» del bar de la esquina, quien con una sonrisa en la cara nos dijo “yo les echo aguas”; Erick (equipo Picnic) grababa, el hermano de Jordi sostenía el material y Jordi se dedicaba a pegar e intervenir 2 de los prints más grandes de la noche.

Mientras eso ocurría, una amiga de Jordi observaba desde la esquina a una patrulla; lejana, estática pero atenta al movimiento de esa calle. Fue acuerdo mutuo no avisarle al equipo sobre la patrulla, a menos que prendiera su sirena o se moviera; pues con lo paranoico de Jordi, el estrés hubiera aumentado sin ser necesario y (como satisfacción propia) nos hubiéramos perdido la imágen de sus caras, al momento de ver con sus propios ojos la patrulla; ahí, asechando a las presas de esa noche.

Una santa muerte, una iglesia y el último print.

Después de pasar frente a una enorme figura de «la santa muerte» (montada justo enfrente de una iglesia católica) y tras estar tentados a colocar un print exactamente en la cara de esa figura; era conocimiento de todos que la colocación de esa noche había terminado.

Mojados por la lluvia constante, caminamos hacia el primer punto de encuentro donde nos dispondríamos a partir por caminos diferentes; pero no terminó así de fácil.

Mientras cruzábamos Reforma, Jordí decidió cerrar la noche con broche de oro. Colocó (ahora sí) el último print de la noche en un tótem, exactamente en la esquina de Reforma e Insurgentes. No sabíamos si cuidar de las patrullas o sólo tener fe y esperar que no pasara ninguna; era como estar en el centro de un tiro al blanco de lo visible y arriesgado de ese «spot».

Tal vez su costumbre y experiencia generadas en las escasas salidas a colocar, lo han llevado a exigirse colocaciones más arriesgadas o más grandes.

Es un hecho que el sacar una técnica de pintura clásica (de galería y enmarcado especial) a las calles, con el tiempo cambiará los estándares y limites en cuanto a exponentes, escaparates y reglas; volviendo cualquier esquina un punto fértil para colocar diversos tipos de arte y no sólo streetart.

Tal vez, esto nos habla de un cambio y homologación, en cuanto al “estatus” que rodean las diferentes artes, permitiendo que cualquiera muestre el talento que tiene, sin necesidad de ser aceptado por todo un sistema.