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Por  @rodrigofiallega

Los setenta fueron una época convulsa en Inglaterra. Sumidos en una gran crisis económica y social, el resultado fue por un lado el nacimiento del movimiento punk como contracultura y el ascenso de Margaret Tatcher como Primera Ministra como parte del establishment conservador. Hoy, casi cincuenta años después, el mundo en general se encuentra en una crisis muy parecida y los extremos vuelven a encontrarse como válvula de escape: muestra de ello es el actual proceso electoral de Estados Unidos, por un lado un socialista judío y por el otro un magnate racista, misógino y neoliberal al extremo.

En aquellos años setenta, cineastas como Ken Loach o Mike Leigh usaron el cine para mostrar esa crisis en su país al punto de que ese momento cinematográfico que gente como ellos construyeron creó su propia escuela a la que se le llamó (y llama): “cine social británico”. Naturalismo, improvisación, trabajo con los actores, personajes de la vida cotidiana y una dura carga de crítica social: estos fueron los pilares de ese cine que se convirtió, hasta nuestros días, en uno de arquetipos del cine inglés del que han bebido cineastas de todo el mundo (su compatriota Andrea Arnolds, quien también estuvo en competencia en Cannes este año con American Honey, podría ser una de las alumnas más aventajadas de esta corriente).

Entonces como la historia se repite, gente como Loach vuelve a encontrarse en el punto de hacer un cine necesario en un mundo en crisis donde las soluciones que se proponen son justamente aumentar las políticas que llevaron al mundo a esa crisis. Un mundo poco esperanzador, tal vez. Justo como en el que le tocó desarrollar su cine.

Loach es obviamente un conocido del Festival de Cannes. Por ejemplo, en 2006 ya había ganado la Palme d’Or con The Wind That Shakes The Barley, en 2012 su película The Angels’ Share ganó el premio del jurado y en 2014 Jimmy’s Hall compitió en la Sección Oficial. Pero tal vez por todo lo anterior no es gratuito que a sus 80 años, este veterano logre su segunda Palme d’Or por I, Daniel Blake (La historia de un carpintero y su periplo para conseguir ayuda social tras haberse lastimado).

Y no es gratuito en primer lugar por lo necesario de este tipo de cine en estos tiempos, como suena natural. Pero también porque irónicamente, mientras los cineastas más jóvenes (que son quienes realmente sufren y sufrirán las consecuencias del estado del mundo actual) han decidido en general preocuparse más por la forma que por el contenido (sólo falta ver el caso de uno de los nuevos favoritos de Cannes como Nicolas Winding Refn), la vieja guardia ha terminado por permanecer como algunos de los cineastas más contestatarios de la actualidad. Muestra de ello son el propio Loach o el siempre joven Godard. Pero esto es solamente una justa imagen de parte de la crisis actual: una juventud más preocupada por cómo se le muestran las cosas que por el qué.

“El cine es muy importante porque nos puede traer el mundo de la imaginación, pero también el mundo en el que vivimos”, fue una de las cosas que comenzó diciendo el cineasta al recibir el premio, haciendo un statement de porqué su cine realista es más necesario que nunca en un mundo encandilado por la fantasía y los efectos visuales. “El cine tiene muchas tradiciones. Uno es representar los intereses de la gente contra los de los poderosos. Y espero que esta sea una tradición que podamos mantener viva”.

A partir de ello Loach no pudo dejar de poner el dedo en la llaga y atacar el neoliberalismo y la política de austeridad europea. Pero Loach podrá ser un obsesionado por la justicia social, pero no un amargado. Loach terminó su discurso diciendo: “Debemos dar un mensaje de esperanza, debemos decir que otro mundo es posible y necesario.” Un octagenario que termina un discurso diciendo algo así a pesar de haber visto la guerra y varias crisis sólo deja ver, al final, un espíritu joven y optimista por naturaleza. Y por cierto, para que este último mensaje no quedara sin ser entendido, el cineasta lo dijo tanto en inglés como en francés.

Tal vez el cine de Loach no sea lo más novedoso y deslumbrante que podamos ver en nuestros días. Incluso me atrevo a decir que es poco cinematográfico en el sentido de que su lenguaje es siempre sencillo, austero y muchas veces más teatral que audiovisual. Sin embargo, como un crítico de The Guardian escribió: “¿Es la película de Loach la mejor de Cannes este año? No, por mucho, pero dados los tiempos que vivimos, es tiempo de darle espacio a la crítica y la polémica.”