REVISTA PICNIC La asesina - Revista Picnic
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La película comienza en blanco y negro, solo vemos a dos personajes: negro y blanco. Una maestra y la otra aprendiz con la tarea de asesinar. La primera tarea es sencilla, la segunda es el eco sobre el cual se desarrolla la historia que nos cuenta La asesina, de Hou Hsiao-hsien Una historia que, como el crecimiento de un árbol, o la danza del viento en el bosque, es tanto sutil, como briosa.

Basada en un cuento de la época de la dinastía Tang, La asesina muestra un fragmento de la vida de Nie Yinniang que, castigada por no haber cumplido una tarea, su maestra le encomienda asesinar a un político corrupto: su primo. A partir de esta historia se desprende un toque ético que permea toda la película y cuya resolución evoca las primicias del confucianismo. Pero, sobre todo y lo que más impacta de la cinta, es su bella y coreografiada belleza reuniendo así una cinta con una estética que empareja las difíciles decisiones morales del personaje con la potencia natural de los paisajes chinos del siglo IX con la belleza de las coreografías marciales clásicas del cine wuxia.

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Pero, La asesina va más allá. Si el confucianismo se basa en la relación del hombre con el cielo, entonces la maestra, ella que ha logrado el dominio sobre la naturaleza humana, pertenece a aquellos cielos, ella se para en la cima de una roca, encima de las montañas, encima de todo alejada del mundo, sus órdenes, sus políticas y su corrupción. En cambio, Yinniang no puede acceder a ese reino, ella permanece atada a su naturaleza humana: la compasión, el perdón, a sus errores y pasiones; ella es más humana que su maestra, pero también más humana que el resto de los hombres. Por eso, ella no tiene acceso al cielo, y debe permanecer anclada a la tierra. La asesina, a diferencia de su maestra, no es un ente inaccesible, sino la mejor representación de la doctrina que se busca instaurar.

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Hsiao-hsien regresa —después de ocho años de ausencia— con una cinta sobre qué es aquello que nos hace humanos y qué acciones, de cierta forma extrahumanas, nos alejan de la tierra. ¿En dónde pertenecemos? ¿Acaso es en la compasión y el entendimiento permaneciendo siempre errantes a la sociedad? ¿O acaso en la subordinación a las órdenes de una autoridad? No sé cual sea la correcta, pero lo que sí sé es que La asesina se debe ver desde la contemplación: la contemplación de los paisajes y como se transfiguran con los personajes, la contemplación de las míticas batallas donde Yinniang se convierte en una hoja en el viento, y la contemplación de la naturaleza humana y su transformación.