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La calle de la amargura se presentó en ciclo #MásCineMexicano del Cine Tonalá.  

La de Arturo Ripstein es una mirada hacia atrás, hacia el cine de oro mexicano, es una mezcla entre lo antiguo y lo moderno, haciendo uso de la fotografía a blanco y negro. La historia basada en hechos reales y sacada de una nota del periódico, se desarrolla en el centro de la Ciudad de México. Dos luchadores gemelos con enanismo y dos viejas prostitutas son los protagonistas a lo largo de la película, escrita por Paz Alicia Garciadiego, cónyuge del director.

Los personajes marginados se encuentran nuevamente en esta película, un sello de Ripstein. La familia, el oficio, la religión, vicios, pasiones, son elementos base que componen a los personajes, rodeados por edificios antiguos, decadentes y penumbrosos del centro de la Ciudad de México. La selección de las locaciones para esta película estuvo investigada por la misma guionista, Paz Alicia Garciadiego, para enriquecer la ambientación de una historia que le conmovió desde que la leyó en el periódico, una nota del 2009 y que la hizo cuestionarse: ¿Por qué contar esta historia en particular? ¿Desde el punto de vista de quién está narrado?

Si hay alguien que sigue tocando los temas de personajes marginados en la Ciudad de México es Arturo Ripstein, un hombre que aprendió de Luis Buñuel los temas vulnerables de una parte de la sociedad desconocida e ignorada para algunos; prostitutas, borrachos, travestis, luchadores, con sus objetos del deseo, producto de la consciencia o del subconsciente. “Son cosas del destino y que todo pasa.”

 

Los personajes en este caso, prostitutas, Adela (Patricia Reyes Spíndola),  y Dora (Nora Velázquez) son protagonistas activos, con mayores conflictos internos y personales, en un tiempo lineal, con situaciones verosímiles, ante una crisis o dilema (peligro por tomar la decisión equivocada y perder para siempre algo) producto de sus mismas acciones, víctimas de un mundo regido por el dinero y con un final cerrado.
La música se hace presente muy poco y de una manera diegética, por ejemplo en un radio antiguo se escucha “Perfume de gardenias”, mientras Adela seduce a los enanos, de una manera la Femme fatalle marginada usa su sexualidad para conseguir su objetivo, dinero, dando espacio para la posterior investigación, mezclándose géneros como el policíaco y el drama social, también se percibe una canción que murmura la Anciana que vive con Adela, sin embargo, la música no suena para subrayar las emociones ni para hacernos sentir otra cosa, de algún otro modo a lo representado en cámara por los actores junto con sus diálogos barrocos que se vuelven coloquiales con el correcto tono para las diferentes circunstancias.

Alejandro Cantú hace un grandísimo trabajo con la fotografía, con los contrastes y continuas sombras que rodean a los personajes, junto con movimientos lentos de cámara, acompañado por la exacta puesta en cuadro ensayada previamente por los actores sin improvisaciones. La influencia del cine clásico, cine noir, o cine de detective se hace presente a lo largo de la película, grabada digitalmente con el look de un cine que ya no se hace hoy en día, el celuloide a blanco y negro, para Arturo Ripstein esta ausencia de color significa “belleza” y a la vez permite alejarse de la realidad, este tipo de fotografía se concreta con el aprendizaje de ver y  hacer este trabajo durante más de 50 años y de crear a partir de la inspiración o el recuerdo de algunos encuadres tipo “Gabriel Figueroa”, pintar con la luz y narrar con la cámara, usarla a favor de uno, la cámara de cine= máquina que beneficia al hombre.

La calle de la amargura, es una película que merece ser vista, no por el simple hecho de remontarnos a una época del cine de oro mexicano, sino por la misma metáfora que crea el cine con todos sus elementos y nos hace conscientes de que la realidad supera a la ficción día con día, dando inspiración para nuevas historias y películas. “La calle de la amargura” será exhibida en el cine Tonalá los días : 18, 20, 24, 27 y 29 de Enero.