REVISTA PICNIC LA DEFORMIDAD EN LAS PANTALLAS DE CINE - Revista Picnic
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DE LA PARADA DE LOS MONSTRUOS A LOS AUDITORIOS MÉDICOS

El cuerpo humano y sus representaciones para el hombre. Su transformación y resignificación  a través de la vorágine histórica es inevitable. Pensar el cuerpo, explorarlo, lleva a recorrer zonas desconocidas que al experimentarlas, damos cuenta de una extraña familiaridad. Así, bajo las rupturas que se disparan en el contexto y en el pensamiento durante el proceso sociohistórico, que incluye lo cultural, se tejen diferentes discursos y representaciones corporales.

Por lo tanto, comprender el cuerpo desde su complejidad, implica sumergirse en ello para lograr exorcizarlo de las  colocaciones que le imponen permanecer en una clasificación, al obedecer la dicotomía occidental: mente-cuerpo, sujeto-objeto,  normal-anormal. En este caso, no nos referimos al cuerpo trivial que acostumbramos ver en los medios masivos de comunicación; esos cuerpos canónicos, estilizados e impuestos como “bellos”. Este análisis está dirigido a aquellos cuerpos que suelen ser rechazados, repudiados, y por lo mismo puestos en otro lugar; es decir, en el escenario de los monstruos, de fenómenos, o simplemente bajo el eufemismo de “capacidades diferentes”.

Es por esto que la deformidad corporal nos abrirá las puertas para comprender por qué no cumplen con lo uniforme y transgreden el orden, efectuar un análisis fuera de las dicotomías para dejar de ser cosa y comenzar a conocerlo, pues como propone Merlau-Ponty,  la mejor manera de acercarse y conocer al cuerpo se da al vivirlo, se vive el cuerpo al abandonar el pensamiento que nos separa de él en términos de objetividad; por lo tanto, ¿qué mejor manera de vivirlo bajo la experiencia del cine?

 

Damas y caballeros: La parada de los monstruos

La cosificación de los cuerpos deformes puede retomarse desde varios escenarios; uno es el circo. El trabajo fílmico del norteamericano Tod Browning, Freaks (1932) o La parada de los monstruos, muestra de manera implacable una aproximación a la vida cotidiana de un circo, y su interesante apuesta en demostrar que los monstruos no son los que presentan deformidades físicas. Browning, alcanzó el reconocimiento bajo la realización de Drácula en 1931, y su objetivo era lanzar otra película bajo el género de terror.

Drácula, Tod Browning, 1931

Es interesante destacar que Browning, dedicó muchos años de su juventud como contorsionista en las artes circenses, y con la sugerencia de su amigo Harry Earles, de hacer una adaptación del cuento Espuelas escrito por Tod Robins, fue que el rodaje de Freaks se llevó a cabo. La historia consiste en la venganza de un enano hacia su hermosa novia trapecista, quien sólo se interesó por su dinero; cabe mencionar que Harry Earles, fue el enano que protagonizó la película en el papel de Hans, junto a su hermana Daisy, en el papel de Freida.

¿Y qué sucedió? Se dio el interesante reparto con Peter Robinson “El Esqueleto Humano”, Prince Randian “El Torso Humano”, Koo Koo “La Mujer Pájaro”, Olga Roderick “La Mujer Barbuda”, los microcefálicos Zip, Pip y Schlitzie, por mencionar algunos.  Estas personas sin maquillaje, fueron los personajes centrales de la historia, quienes nos aproximaron a la vida que se lleva en los circos.

Freaks, Tod Browning, 1932

La película nos muestra al desnudo la humillación que sufren las personas con deformidades; la violencia y el rechazo están claras en toda secuencia, y  pueden responder preguntas como, ¿qué es lo que provoca un cuerpo deforme al mirarlo? Ante esto, ¿por qué a veces esa mirada no se puede evitar? Estos cuestionamientos, probablemente pueden explicarse bajo la teoría de pulsión de muerte  realizada por Sigmund Freud.

La explicación consiste al experimentar una satisfacción mórbida por parte del espectador del circo o desde el propio discurso del cirquero. El pasaje mórbido se experimenta cuando se está frente al monstruo, porque implica bordear el displacer, tentar de manera efímera la muerte  por medio de la mirada y el discurso que pasa a ser enunciado poco tiempo después, violentando al deforme. Si bien, al observar al otro puede provocar sensaciones plurales como repulsión, miedo, y otros aspectos inextricables relacionados con la negación, quizás es porque nos recuerda a nosotros mismos, a esos corcovados que llevamos inscritos en algún recoveco de nuestro ser. Es aproximarse a lo siniestro para negarlo después, y tal vez, compadecerlo.

El riesgo que Tod Browning, tomó al mostrar en pantallas la oscuridad del circo, esa violenta cotidianidad que no para de evocar  a la muerte, merece gran reconocimiento. El vaivén entre lo bello y lo contrahecho; el manejo de violencia y terror que esconde la carcajada a manera de burla por parte de los “normales”, y la irreverencia que muestran los personajes a través del “Código de los Monstruos”, demuestra que ellos son personas, ellos piensan y también quieren vengarse.

De manera irónica la película acabó con la carrera cinematográfica de Browning. No obtuvo éxito en taquillas, por lo contrario, despertó el repudio y terror en la audiencia; incluso se prohibió su exhibición en países como Reino Unido. Hoy en día es apreciada como una joya del cine culto.

 

 

Del circo a los auditorios médicos

Browning, nos permitió explorar un poco sobre el papel de la deformidad en el circo, su atmósfera mortuoria a partir de la cotidianidad, ¿qué otro escenario se puede mostrar? Sin duda, el del saber científico, el positivismo médico. De esta manera, se desarrollan construcciones en este saber a partir de la anormalidad anatómica, donde la exhibición y el rechazo a partir de sus anomalías continúan, pero de diferente manera: por lo tanto, se desprende un pasaje que va de las curiosidades de circo para convertirse en objetos de estudio en los auditorios médicos.

La muestra que nos permite apreciar este pasaje de manera contundente, está dirigida por David Lynch (Eraserhead, Dune, Sailor & Lula, Mulholland Drive), y su segundo largometraje titulado Elephant Man (1980), aclamado por el público, ser ocho veces nominado por los premios de la Academia y recibir un premio a la mejor película.

The Elephant man, David Lynch, 1980

Lynch, se basó en la verdadera historia de Joseph Merrick o John Merrick, interpretación llevada a cabo por John Hurt. Otras fuentes que el director utilizó para basarse en la vida de John Merrick, junto a Chritopher de Vore y Eric Bergren, para la realización del guión, fueron los textos El hombre elefante y otras reminiscencias (1923) escrito por el propio Sir Frederick Treeves, el médico que se encargó de examinarlo; y desde la perspectiva antropológica El hombre elefante: Un estudio de la dignidad humana (1971) de Ashley Montagu.

Bajo el contexto londinense del siglo XIX,  el largometraje cuenta la historia de un hombre que padeció deformidades corporales extremas, éste es John Merrick o “El Hombre Elefante”, exhibido como fenómeno de circo. Bytes (Freddie Jones), el cirquero que se encarga de presentarlo todas las noches, lo posee como su principal fuente de ingresos, lo humilla y golpea. El prestigioso médico Frederick Treeves (Anthony Hopkins), queda atrapado y fascinado con la anatomía deformada de Merrick, por lo que le paga a Bytes, para que John lo acompañe al hospital y pueda ser examinado. Así, la vida del Hombre Elefante se narra en blanco y negro; por un lado  nos muestra  la repulsión que provoca en los demás, el insulto y la burla. Por otro lado, su exhibición en el circo refiere a ese fenómeno morboso que despierta inquietud ante los ojos de los médicos.

 

Los sueños de la razón producen monstruos

La obra de Francisco de Goya, puede decirnos algo, el desequilibrio que la ciencia expresa cuando enfrenta lo monstruoso. Este punto destaca  su obsesión por querer clasificar lo indescifrable, y sin estar exenta de cualquier escape o fractura, la racionalidad encarnada en la medicina estará dispuesta a querer explicar lo que le es ajeno. Es así, que el proceso del conocimiento racionalista desarrollado en occidente, abre camino a las primeras nociones sistemáticas sobre el origen biológico de las deformidades corporales.

El primer intento de clasificación sobre lo monstruoso fue desarrollado con  Buffon, durante el siglo XVIII, y fue durante 1832 que se inician los estudios sobre la Teratología, rama de la medicina que se encarga de estudiar las anomalías corporales, a partir del trabajo realizado por el francés Geoffroy Saint-Hilaire. Como lo describe el diccionario, proviene de las palabras griegas, teratos, que se puede traducir como algo monstruoso “que excede los límites de lo natural”.  Logos, por otro lado, es el “estudio, tratado o discurso”; por lo tanto, es el estudio o tratado de las malformaciones, deformidades o disfunciones congénitas de los seres vivos.

Francisco de Goya, Dos Viejos

Pero el racionalismo científico no le da talla a su quehacer, los disparates inconscientes que muestran la satisfacción mortuoria del médico, no lo alejan de los escenarios de un circo. Aquí, la orquesta entre la pulsión de vida y de muerte, comienzan a mezclarse.

La satisfacción placentera, en cierto punto podría consistir, en el prestigio que se gana el médico Treeves, al exponer, observar y clasificar el cuerpo deforme frente al auditorio de los médicos. Su narración trata de ser objetiva, porque quiere llegar a la causalidad de lo extraño, pero a la vez, no oculta su fascinación y aversión ante el caso, por lo que su argumento no es tan lejano a la presentación que haría un cirquero.       Por lo tanto, lo mórbido y lo placentero dan pie a la producción discursiva; y a manera de híbrido, funcionan dentro del sistema.

Esta historia nos muestra el papel de los deformes desde la cuestión popular (circo) y su transición a lo racional, y el reflejo de la experiencia de lo siniestro en cada persona. Sobre todo, es importante el argumento central que se encarga en destacar el lado humano de John Merrick, y su condición de persona, como lo muestra una de las últimas escenas cuando estalla ante los demás: ¡Yo no soy ningún monstruo, no soy un animal, soy un hombre!