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El séptimo arte festejó su celebración más popular, hace un par de semanas. El premio más esperado, Mejor Película del año, fue para 2 largometrajes en está ocasión. Algo inusual y nunca antes visto, aunque al final sólo una fue la ganadora. Pero no será objeto de nuestra discusión ese raro acontecimiento. Estamos más interesados en el desarrollo fotográfico de algunas de las películas nominadas de este año.

Tres largometrajes nominados pueden presumir de haber desarrolla una gran fotografía que se destaca por contar con una temperatura de luz y white balance, que transmiten de buena forma el concepto de cada cinta. Dos de ellas nominadas a mejor película y mejor fotografía.

Pero vamos por pares ¿Por qué la temperatura de la luz apropiada y un white balance adecuado, pueden hacer que una cinta sea mejor o peor?

Es muy sencillo, la luz lo es todo en la fotografía. “Es el caldo con el que se hace la sopa” así describió un día la importancia de la luz el multi-premiado cinematógrafo, Chivo Lubezki. La luz es la que genera el ambiente ideal para transmitir lo que se desea en una cinta. La temperatura de la luz va ligada cien por ciento al white balance, ambos aspectos son los encargados de crear ese ambiente perfecto para describir las sensaciones que una película quiere expresar.

¿Qué es la temperatura de la luz? Es saber que la luz a mayor temperatura, su color es más amarillo, naranja y rojo. Colores cálidos. Y entre menor temperatura, el color de la luz va más hacia los azules y morados. De esta forma, el color de la luz puedes aprovecharlo para comunicar los sentimientos que quieras. Después de elegir los tonos de luz, se hace el white balance, esto es detectar las dominantes de color que existen para equilibrarlas y que la fotografía no presente dominantes. De esta forma la luz se vuelve tan neutra como uno lo desea y aquí es donde las decisiones del director de fotografía toman importancia, que tanto equilibras los dominantes para tener una luz de qué tonos, si la mantienes, si juegas con ello, si de pronto haces cambios bruscos de tonalidades etc.

Para nosotros, los simples mortales que hacemos videos o fotografía con dispositivos más populares que los cineastas, podemos encontrar la opción de white balance (WB) en el menú principal. Muchas veces existen opciones automáticas que resuelven de forma “correcta” este tema. Los dispositivos muestran opciones para cada tipo de luz que podemos encontrarnos en las situaciones cotidianas; luz de día, tungsteno, sombra, incandescente etc. Con estas opciones eliges en la situación que te encuentras, la cámara detecta las dominantes y corrige para que tengamos un tono de luz adecuada. También existe el AWB, la opción automática por completo, aquí la cámara detecta si la luz es tungsteno, de sobra o de día y define cómo trabajar. Muchas veces no es la mejor opción pues no siempre la cámara, digamos que le atina para corregir el tono de la luz y explotar los colore de la mejor forma.

Si no cuentas con una cámara réflex pero si con las ganas de hacer una buena fotografía, también existen dispositivos móviles que cuentan con esta opción y la han desarrollado de buena forma. Es el caso del Sony Xperia XZ. Este dispositivo, por ejemplo, cuenta con un white balance automático que no le pide nada a los de muchas reflex. Bien aprovechada esta opción, se pueden lograr cosas interesantes y bellas, ya que el Xperia XZ tiene un sensor RGBC-IR que mide la información de color para ayudar al AWB a estimar la fuente de luz y de esta forma explotar la luz de mejor manera para obtener colores más nítidos. Digamos que más reales.

Ahora sí, ya que sabemos dónde, cómo y cuándo influye la temperatura de color y el white balance en una fotografía, te dejamos las cintas que explotaron de mejor forma estos principios fotográficos.

En primer lugar y ganadora del Oscar a mejor película, tenemos a Moonlight, una cinta que habla desde el color de su fotografía hasta las expresiones de su protagonista. El largo dirigido por Barry Jenkins cuenta con una peculiar fotografía dirigida por James Laxton, que nos lleva a sentir la esencia del personaje y del entorno a través del color de la luz que maneja en la fotografía.

Laxton apuesta por un white balance con temperaturas de colores fríos en su mayoría, haciéndonos ver una gama que va del azul al morado a lo largo de la película, los cuales contrastan de manera exquisita con el tono de piel de los personajes, creando texturas que erizan la piel y entornos que no necesitan diálogos para entender la sensación del momento o para explicarnos que todos somos azules bajo la luz de la luna.

Le sigue La La Land, ganadora del Oscar a mejor fotografía. Una cinta escrita y dirigida por Damien Chazelle, que de la mano de su director de fotografía, Linus Sandgren, nos dan un tour por una paleta de colores vivos y llenos de energía que de pronto se convierten en colores tristes y después en melancólicos y de nuevo en felices. Así nos llevan por un musical en el que subes y bajas, donde el ritmo de la luz es crucial para crear esos mágicos lugares donde se desarrolla la historia y al final ver una ciudad llena de estrellas.

Por último, Silence, una cinta dirigida nada más y nada menos que por Martin Scorsese. Donde nuevamente un mexicano hace presencia en los Óscar con la nominación a mejor Fotografía. Rodrigo Prieto, el encargado de esta genial fotografía, nos muestra el color de la tensión y esa sensación de sentirse tan pequeño, gracias a la luz que maneja en la cinta. A diferencia de La La Land y Moonlight, está cinta trata con un balance de blancos mucho más equilibrado mostrando, por decirlo de cierta manera, los colores de forma más real, tan reales que sientes el frío de las montañas y la textura de las hojas. Así, Rodrigo al mantener la luz en un balance más centrado, le da a la cinta un realismo que te pone la piel de gallina.