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Los primeros segundos de La Maldad (Mex,2015) -ópera prima de Joshua Gil- me remite por su forma a la potente secuencia de Offret (Tarkovsky, 1986) en dónde vemos como un personaje ve arder su casa a manera de llanto y dolor. En La Maldad podría ser un guiño figurativo a lo que su protagonista cargará o ha cargado toda su vida. Llamas que consumen una vida, fuego a manera de crematorio para la vida de un viejo que comienza a morir por dentro. Un amanecer que nos cuenta del futuro, que con sus matices claros nos propone un ciclo, una penumbra que se convierte en luz y que nos devela -de alguna manera-  el sentido de la permanencia y la construcción de la vejez que acabará por renacer.

La película busca transmitir los límites de la soledad, los rincones de la amargura; acompañando la vida de dos viejos que viven sus últimos años en algún lugar rural de México. El campo, una vez más como el contexto de la muerte y el desamparo, el campo como refugio de entes ya casi extintos. El joven director busca redimir a sus personajes, busca formarles un camino que los pueda llevar  a ser inmortales. Cabe destacar que este par de viejos que hablan de política, de arte y de su muerte, son los abuelos del director, es decir; la forma de acercarse a ellos ya en si, es algo interesante. No son actores, aunque en palabras del mismo Joshua Gil, dirigir a la familia se convierte en una empresa difícil.

 

Entonces; el camino de los personajes se vuelve un tanto enigmático. El final es claro, la muerte y el olvido. Joshua Gil propone algo nuevo que pocos esperaban debido al tono con el que empieza la película. ¿Le podríamos llamar un anti-clímax?

El personaje más carismático de la película deja el campo. A manera de retorno a casa, el cual yo descifro como retorno a la NADA -al verdadero infierno-  el protagonista busca una suerte de oportunidad en la gran urbe. El sistema se lo come. Instituciones como IMCINE y el mismo Gobierno Federal así como sus artilugios y parafernalia son retratados en el tercer acto de esta obra. El viejo que parecía quedar sepultado bajo amaneceres divinos y noches de campo, ahora pisa lo que a mi parecer es la verdadera metáfora de LA MALDAD: el sistema y sus instituciones.

El sistema no lo destroza, no lo tortura como lo ha hecho con la mayor parte de la sociedad de este país. Joshua Gil propone un desinterés de amabas partes. El viejo camina las calles y el sistema lo ve morir lentamente. Como cualquier viejo en la sociedad, ya no funciona, ya no protesta, ya no cree. Como si fuera algún viejo Chamula de la Ciudad Real de Rosario Castellanos; ya no es tomado en cuenta.

La película se exhibió en el prolifico ciclo #MásCineMexicano de Cine Tonalá y estará exhibiéndose en Cineteca Nacional, Casa del Cine y algunos complejos privados.