REVISTA PICNIC La pretensión intelectual del art rock: El concepto sobre las formas - Revista PICNIC

Lo complicado de atravesar una época en la que la clasificación de cualquier fenómeno es juzgada y puesta en duda, es intentar seccionar un hecho para intentar facilitar su comprensión. Tenemos por un lado a los intelectuales que reniegan de este tipo de análisis. Por el otro, los métodos didácticos y de difusión que funcionan mejor organizando el conocimiento en conjuntos ordenados y esquemáticos. Y como la utilidad gana a veces (como en el caso de esta nota) para fines prácticos no abundaremos en la dificultad de establecer límites genéricos. No obstante, trataremos de ceñirnos por un conjunto específico de ellos: los que delimitan la etiqueta del art rock.

El rock como tal, es un género inmenso y muy difícil de caracterizar. Con el paso de las décadas, cada una de ellas se ha encargado de dejar una huella distintiva en el género mismo. Resulta muy difícil en nuestros días construir un árbol genealógico del género, como el que Jack Black dibujara sobre el pizarrón en School of Rock. Ya todo se combina con todo, no hay herencias ni ascendencias directas. La distinción entre subgéneros se vuelve complicada al momento de dibujar los límites de una subcategoría. El intercambio en la producción musical actual de elementos  es frecuente y demasiado diverso.

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Sin embargo, a veces el uso termina por ganarle a la definición y se emplean ciertas etiquetas a diestra y siniestra para referir esto o aquello. Y desde que se pusiera de moda formar bandas de rock con tantos instrumentos que parecieran la versión pequeña de la orquesta sinfónica local, lo cierto es que parece que hoy todo se tratara de art rock.

¿De qué va el art rock?

Si buscas en el Merriam Webster y hasta en el Urban Dictionary  te dirán básicamente lo mismo. Que el art rock se trata de aquel subgénero del rock que añade instrumentos de música clásica o instrumental para incorporarlos a su expresión. Vale, lo entendemos. Entonces, ¿si le ponemos guitarras eléctricas y violines a Rihanna sería art rock? Bueno, supongo que no. No precisamente.

Quizá los nombres relacionados con este subgénero resulten confusos de conjuntar. Aunque muchos de ellos tienen influencia de diversos elementos estéticos propios tanto del jazz, de la música de clásica como de la denominada world music, se apropian de cada uno para formar una expresión distinta. Y si bien la gran mayoría de los grupos incluidos en dicha categoría hacen uso de instrumentos de cámara como la flauta (Jethro Tull y Yes), el órgano, así como de estructuras traídas de la composición orquestal y hasta operística (Queen evidentemente), el intento por escapar a las convenciones del pop rebasa los límites de lo formal.

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El concepto sobre las formas

Más allá de un sonido que sea posible describir con cierta clase de instrumentos, acordes, ritmos, tonos o contenido lírico lo que sucede con el art rock es un concepto.  Lo que tienen en común es un afán por llevar el contenido ideológico y lírico a algo más allá. No sólo cambian su relación con la cultura de masas al retomar las formas de la música elevada y desacralizarlas, también las de la escritura elevada.

Algo muy característico del género, es la producción de álbumes concepto. En contraposición a la estrategia comercial del lanzamiento de singles, en el art rock hay un interés por generar sus propios discursos y relatar historias, llevando sus letras a un nivel de crítica social casi literario. La historias que cuentan llegan a un grado de virtuosismo poético elevado y en ocasiones la narrativa de los álbumes es comparada constantemente con el género de la ciencia ficción como ocurre con King Crimson y Pink Floyd (evidentemente Roger Waters siguió trabajando sobre los álbumes concepto tiempo después).

Los exponentes

Los álbumes se desarrollan conscientemente con un importante factor de cohesión lírica y temática. Discos como Pet Sounds de The Beach Boys, Freak Out! de Mothers of Invention y The Who Sell Out de The Who han sido considerados pioneros de los álbumes concepto. Por su parte, Velvet Underground & Nico es considerado por la crítica, no sólo una influencia mayor para las décadas posteriores en el rock. También el punto de arranque para lo que se gestaría después en el art rock.

Aunque desde sus inicios ha compartido conexiones y formas con el rock progresivo, el experimental, e incluso el post-rock, el art rock desarrolla un nivel de complejidad y conceptualidad propio. Sigue estructuras y patrones de influencias eclécticas pero sin llegar a ser demasiado radical o de ruptura.

Otros nombres que han sido catalogados dentro del art rock han sido Roxy Music (al igual que las carreras musicales de Brian Eno y Phil Manzanera), Station to Station, la trilogía de Berlín de David Bowie (Low/Heroes/Lodger), Genesis (y los trabajos en solitario de sus ex integrantes: Peter Gabriel, et. al)  y los ex integrantes de Velvet Underground: Lou Reed y John Cale.

Su época y lo que le ocurrió

A finales de los años sesenta, después de la explosión de toda la psicodelia y el boom de la era hippie algunas bandas de rock llevaron los ideales artísticos del momento a su proyectos musicales. Gracias a que muchos de los integrantes de algunas de estas bandas (sobre todo las británicas) contaban con una educación artística bastante completa fue que construyeron todo su universo conceptual y artístico.

La experimentación con drogas que legara el rock psicodélico, dejó como herencia también una cierta experimentación con la duración y los efectos del sonido. Por lo cual, también llega a confundirse el art rock con el rock experimental. No obstante, es posible que ambas esencias convivieran en conjunto con bandas como Procol Harum y The Nice.

Es decir, aunque el art rock llegue a ser considerado como un subgénero, no consistía en una línea ni objetivo definido para los grupos.  De hecho, regularmente ningún subgénero llega a ser la meta de nadie. La experimentación es lo que ha logrado que en nuestros días exista una multiplicidad de expresiones apabullante. Como sucede con los colores en la pintura, con los sabores en la gastronomía y con las palabras en las lenguas y la literatura, la combinación de posibilidades sonoras es lo que constituye la riqueza del universo musical.

Durante los años setenta, es cuando alcanza su máxima expresión también con nombres como The Moody Blues y Emerson Lake & Palmer.  Aunque luego de la explosión del punk rock a finales de esta misma década,  lo que se conocía como art rock fue disgregándose poco a poco. Viéndose opacado por nuevos géneros influenciados por el desarrollo tecnológico y la belleza de sintetizador, es reemplazado (o en todo caso su influencia se ve diluida) por nuevos movimientos como el post-punk y el new wave.

El art rock revival

Durante los noventa, el auge del grunge deja detrás también al género. No obstante, a finales de la década, se da el surgimiento de algunos grupos inspirados musical y conceptualmente por el art rock. Retoman algunas de estas ideas y emprenden una suerte de revival que continúa hasta inicios de la década del dos mil y nuestros días.  Es cierto que no todas las agrupaciones tocan subgéneros de rock, algunas tienen tendencias más pop, pero retoman la idea del álbum-concepto.

Quizá sea cierto aquello de que nuestra época se ha estancado en un punto donde sólo miramos al pasado y la industria de la nostalgia no nos permite mirar hacia el devenir. Hemos caído en el consumo de recuerdos y en un loop quién sabe si infinito de apego hacia la memoria. Por algo aquel tópico de que «todo pasado fue mejor» , aunque nada nuevo, se ha vuelto tan popular.

Grupos que van de Radiohead, The Mars Volta, These New Puritans y Swans, pasando por Deerhoof y Arcade Fire hasta llegar a proyectos más pop como Bat For Lashes y Florence + the Machine, o más recientemente Weaves, están retomando el álbum como unidad quizá también como forma defensa del material discográfico en los tiempos de streaming. En una época donde las canciones se desprenden fácilmente del álbum y son llevadas a YouTube, la industria musical y la expresión artística se ven en necesidad de recurrir una vez más a la experiencia particular del Long Play.