Revista Picnic logo
Local Natives - Sunlit Youth
8Promedio Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
6.2

Local Natives está de vuelta con su tercer producción de estudio: Sunlit Youth. En esta ocasión, hay menos guitarras, pero más grooves.

Casi tres años han pasado desde que supiéramos del quinteto californiano luego de la salida de Hummingbird. La banda originaria de Silver Lake regresa con un sonido de texturas más suaves y cuidadas mientras la voz de Taylor Rice mantiene su característica agudeza y capacidad de llegar hasta los nervios más duros. Este material incluye coros conocidos a lo largo de 12 canciones y secuencias de batería que en 46 minutos persisten más ligeramente que en los discos anteriores.

Resultado de imagen para local natives

Ya no hay covers a Talking Heads ni letras que retraten las dificultades de estar solo. Ya no encontramos esas ansias por escribir canciones sobre dolor y sobre las primeras decepciones que te encuentras en la vida. Las canciones con una lírica de corte más juvenil se quedan en los primeros dos discos para mostrarnos la parte que se enfrenta a la vida adulta.

Con canciones como “Masters” se atreven a salir de su zona de confort. Juegan un poco más con los sintetizadores y con los espectros de sonido para mostrarnos a una banda que ya no se queda en el lirismo de cuerdas y una voz aguda (“Coins”). También hay cierto parecido por momentos a otros proyectos electro como Glass Animals, en “Jellyfish”.

Decir que algo es fresco puede sonar ya como un adjetivo bastante quemado en ocasiones, pero en “Mother Emanuel” es realmente lo que sucede. Y es que en realidad no se trata de insertar secuencias de percusión o graves para darle un giro a lo que Local Natives nos tenía acostumbrados. Se trata de un disco que es casi una renovación, pero sin negar su pasado. Tal y como lo sugieren en “Past Lives”, todo el tiempo nos encontramos ante ciclos sin poder dejar el pasado pero sin quedarse estático tampoco en un momento definido.

Aunque el giro no es de 180 grados y aún encontramos esos tonos tan característicos en algunas notas de piano en “Everything All at Once” hay canciones como “Ellie Alice” y “Psycho Lovers”, piezas que guardan más elementos del pasado del grupo, como los acordes de guitarra que sobrevivieron para esta entrega y el ritmo de batería al que nos tienen acostumbrados. La nostalgia tan característica del grupo se reviste de colores y texturas synth conservando aún muy cerca los pantalones de mezclilla deslavados.

Los grooves reemplazan las largas y agudas vocalizaciones, así como arreglos electrónicos cubren su clásico equilibrio de tres armonías. Quizá no sea el boom musical para la crítica como lo fue Hummingbird. Quizá tampoco sea un disco imprescindible. No obstante, quienes han crecido acompañados del trabajo de los peores enemigos de Fleet Foxes, sabrán reconocer elementos anteriores que tanto caracterizaban al grupo.

Desde su presentación en El Plaza Condesa a finales del 2013, el quinteto de Los Ángeles no ha regresado a la capital. No los vimos en el booking para Corona Capital y tampoco parecen tener fechas pronto en nuestro país. Sin embargo, la esperanza de otra presentación en la Ciudad de México no muere todavía.