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Las cicatrices de las ciudades se muestran como el paso intempestivo que el tiempo tiene sobre sus calles y sus construcciones. Muchos artistas urbanos buscan sanarlas y,  mediante sus murales y obras de gran formato, cubrirlas y entregarles un entorno diferente a los habitantes que tienen que lidiar con ello a diario. Pese a que esto es lo que la mayoría busca hacer, Oakoak, artista urbano francés, ha logrado tomar a su favor cada fisura en el pavimento, parque oxidado o parada de autobús destruida como su medio de expresión en vez de su fuente de críticas.

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El trabajo de este artista está enfocado en los pequeños detalles y en los espacios que pueden desaparecer por su irrelevancia o su deterioro dentro del paisaje urbano. Oakoak no camina por las calles buscando un gran edificio o una construcción por donde transiten cientos de miles de personas al día para dejar su huella. Él busca esos espacios que son olvidados por su poco protagonismo en la vida diaria. Aunque suene a cliché, su interés está en los detalles insignificantes que se pierden entre tanto ruido.

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Centrarse en grietas y los defectos propios del uso en las cosas que conforman las metrópolis y los complejos urbanos, le ayuda a construir pequeñas historias que desarrolla gracias a eso. En donde hay un metal abollado ya no sólo es la consecuencia de un golpe, sino porque algún personaje, como Bruce Lee o Astro Boy, pasó por ahí dejando estragos visibles. Oakoak cree que su obra ayuda a cambiar un poco la forma de transitar por las calles, haciendo menos abrumador el ajetreo de la vida civilizada, sacando de lo común lo que siempre se observa sin detenimiento.

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Hacer evidentes los defectos que existen, además del olvido en el que pueden caer, en la infraestructura citadina se convierte en un juego gracias a la visión que Oakoak encuentra y entrega a cada paso que da. En sus propias palabras busca “poetizar el ambiente urbano”, cosa que logra mediante una suerte de humor que suelta ante las aburridas y frías formas que puede tomar una ciudad entre tantas toneladas de metales y concreto. Este artista francés toma la mundanalidad y crea un escenario nuevo que no requiere modificar para crear escenas que no son ajenas a quienes lo miran, pero que necesitan de un giro para que las volteen a ver una vez más, pero ahora con una firma anónima que busca sonrisas en los transeúntes.

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