REVISTA PICNIC Los orígenes de la salsa, de Nueva York para el mundo - Revista PICNIC
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Es cada vez más frecuente conocer conjuntos musicales que han retomado los ritmos latinos y caribeños para hacerlos parte de su sonido, como aquellos que mezclan la cumbia, el son cubano y la salsa con géneros como el rock, la psicodelia y la electrónica.

Si bien es cierto que la cumbia se ha puesto de moda gracias a estas colaboraciones, la salsa no se ha quedado atrás, y aunque todavía se le considera demasiado propia de la cultura popular, la denominada «alta cultura» ha comenzado a incluirla en su espectro musical, otorgándole un valor elevado ya sea por su cercanía al jazz o porque hay músicos de conservatorio descubriendo y experimentando con los elementos del género.

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De cualquier modo, pareciera que no es muy conocida su procedencia. Aunque el boom que diera lugar a la proliferación de bandas y cantantes de salsa se diera en Nueva York durante los años setenta, los orígenes de la salsa se remontan a la música cubana. Algunos de sus elementos datan de centenarias danzas españolas y rituales africanos, pues durante la colonización del continente Americano, españoles y franceses trajeron consigo innumerable cantidad de esclavos negros.

Aunque permanecieron segregados de los europeos durante generaciones, esto propició que conservaran algunas de sus tradiciones, sobre todo las relacionadas a sus creencias y su religión, como fueron el baile y el canto, parte esencial junto con los tambores de las prácticas religiosas y sociales de los africanos. Sin embargo, logran escapar algunas expresiones tanto de la parte europea como de la parte afrocaribeña para dar pie a la generación de nuevos ritmos y bailes, como la contradanza cubana y posteriormente el son, la rumba.

Para que la salsa tuviera la aceptación y difusión que alcanzó durante la segunda década del siglo 20, primero tuvieron que proliferar ritmos como el son, la conga, la rumba, el mambo, el cha cha chá y la pachanga (de ahí el término que terminaría siendo sinónimo de fiesta). La estructura y los fundamentos de la salsa latina retomó formas, estilos y ritmos que integraban al son cubano, y asumió el estilo de formatos de conjunto, estructurando cada composición en introducción, desarrollo, montuno, mambos y coda final. Es hasta la década de los sesenta cuando comienza a fusionarse visiblemente con elementos e instrumentaciones propias del jazz: a las congas y la clave se añaden el piano y metales como el trombón y las trompetas, además la agrupación se integra orquestralmente.

Al ascender Fidel Castro al poder en 1959, el embargo estadounidense a Cuba redujo la presencia de esta isla a nivel mundial, sin embargo propicia también la generación de tres nuevos centros donde confluye la música de origen caribeño: Colombia, Miami y Nueva York. En Nueva York, los migrantes apuestan por la música afrocubana, mientras que en Miami el movimiento salsero se politiza: el fomento de los nuevos ritmos, es símbolo de anhelo de una Cuba sin Castro por parte de los migrantes que huyen de la isla. Colombia por su parte, es centro de innovaciones rítmicas y aportación de talentos musicales.

La denominación de «salsa» al género, comenzó a ser utilizada por los propios migrantes latinos en N.Y. a finales de los sesenta y principios de los setenta, y se trata de una historia bastante anecdótica. Antes de su gran repunte internacional gracias al apoyo de las disqueras, en los clubes nocturnos donde solían realizarse presentaciones, los cantantes acostumbraban interactuar con el público (conocido como los «soneos») y entre las frases que más solían decir estaba aquella de «¡salsa, salsa!» o  la de “échale salsita”, tomando ambas a los alimentos servidos en las mesas como referencia, para trasladarlos al ambiente del lugar e incitar al público y a la orquesta a «ponerle sabor» al momento. Por ello es que también solían cerrar el acto diciendo “se acabó la salsa” e indicar que la tocada estaba por concluir y el lugar por cerrar.

Es hasta los años setenta en que se incrementó la influencia puertorriqueña en la salsa, pues luego de la Crisis de los misiles en 1962, el contacto con Cuba fue en descenso. En esta misma década, sellos discográficos como Fiesta RecordsManhattan Record Company y en sobre todo Fania Records hacen despegar la carrera de muchos cantantes, al grabar y distribuir los materiales de gran parte de estos artistas, organizando giras por todo el mundo y haciendo de algunas canciones éxitos que alcanzarían incluso países como Japón.

La orquesta Fania All Stars, organizada por el sello del mismo nombre, agrupó una gran cantidad de músicos y cantantes como Willie Colón, Rubén Blades, Héctor Lavoe y en ocasiones Tito Puente. Solía presentarse en los clubes»latinos» de la ciudad de Nueva York, siendo considerada actualmente como una de las máximas expresiones que ha tenido el género.

Los dos primeros grandes lanzamientos producidos por Fania fueron el álbum debut de Willie Colón y «El cantante» de Héctor Lavoe.

En los años ochenta, la salsa se expande a Europa, Asia y otros países de Latinoamérica, haciendo que surgieran conjuntos como Los Titanes, Grupo NicheOrquesta Guayacán. A finales de esta misma década, comienza a popularizarse la salsa romántica, que se acerca más al tono y letras de la balada, caracterizada también por su ritmo más lento. Entre sus más destacados exponentes se encuentran Eddie Santiago, Marc AnthonyWillie González.

Sin embargo, a finales de los noventa empezó a decaer la popularidad del género, sobre todo por el fuerte impulso que tuvieron la bachata y el merengue, por una parte; por otra, el fallecimiento de grandes exponentes o la inestabilidad de las carrera de grandes estrellas provocó una suerte de interrupción en el seguimiento del movimiento salsero. No obstante la salsa ha sido combinada con otros géneros como el rock, el ska y hasta mariachi. En el caso de México, los sonideros fueron quienes lograron mantener viva la tradición salsera, mezclándola hasta llegar a crear un sonido propio, que en los últimos años como consecuencia de la creciente popularidad del kitsch, ha tenido un repunte en la escena musical sobre todo en la capital mexicana.