REVISTA PICNIC Lucy Rose @ Lunario del Auditorio Nacional - Revista PICNIC

Lucy Rose regresó a la Ciudad de México el 17 de mayo como parte de su gira «Something’s changing». Nombre bajo el cual se titulan no sólo su próximo disco, también el documental que forma parte del show.

A mitad de una semana repleta de cambios de temperatura que incluían lluvias repentinas y bochornosas tardes, el Lunario del Auditorio Nacional tenía todo listo para recibir a la británicaY como «en gustos se rompen géneros», una pequeña pero significativa porción de quienes llegaban a las proximidades del Auditorio Nacional no se hallaban ahí precisamente para ver a Sting.

Con un par de pantallas desplegadas en cada lado del escenario, en punto de las nueve de la noche, Lucy Rose Parton salió un par de minutos para para saludar al público y darle personalmente la bienvenida al show. Anticipó que antes de dar inicio a la presentación el público tendría la oportunidad de ver el pequeño documental acerca de su viaje por Latinoamérica el año pasado, que ella misma había realizado y financiado.

A manera de disculpa, expresó que le avergonzaba demasiado estar presente durante la proyección, y entre aplausos y risas descompresión, se retiró al escenario mientras se apagaban las luces para dar lugar a la presentación del corto.

Durante veinte minutos, el público no solo fue testigo de una crónica de viaje, sino también de la catarsis que éste había producido en Lucy Rose.

A lo largo del filme, ella iba explicando cómo dicho viaje había modificado radicalmente su percepción de las cosas alrededor de la producción musical y de la industria. Pues, aún cuando sus agentes y productores le habían advertido que el viaje que se proponía era demasiado peligroso, ella asumió los riesgos de viajar por su cuenta. Al final, su viaje además de inspirarla a componer nuevas canciones, había modificado la impresión que tenía de sus fans y de ella misma con respecto a sus expectativas en la vida.

Después de ver y escuchar anécdotas y reflexiones diversas en torno a cómo la música termina por unir a las personas, el documental terminó con agradecimientos a todos aquellos que lo habían hecho posible y se encendieron las luces. Minutos más tarde, volvían a apagarse  para escuchar la dulce voz de la británica en compañía de un par de músicos más a cargo de una guitarra, un violín y a veces un teclado, quienes también fungían como tímidos coristas.

Desde el inicio Lucy Rose se mostró alegre y emocionada de poder regresar a la Ciudad casi exactamente un año después para reencontrarse con el público que tan cálidamente la había recibido anteriormente. Entre aplausos y una multitud que iba creciendo paulatinamente, Lucy Rose cautivó, desde el primer acorde de su guitarra, los ojos, oídos y emociones de quienes se hallaban en el recinto para escucharla, aunque para esto tuvo que pedir silencio al inicio del show antes murmullos que aun se percibían.

Solitarios personajes acompañados solamente por sus teléfonos celulares, parejas de universitarios, grupitos de amigos y hasta un par de familias invitadas por algunos trabajadores del lugar no parecían poder resistirse al terso timbre de voz de la rubia cantautora; ni siquiera los encargados de vigilar los accesos.

Aún con el Lunario bastante lleno, fue posible la creación de una atmósfera sumamente cordial, dispuesta y muy respetuosa con la cantante. Podría decirse que la interacción entre la guitarrista y sus escuchas era sumamente amorosa. Gran parte de la audiencia coreaba de memoria cada una de las canciones del repertorio con emoción y sin dejar pasar la oportunidad de grabar favorita, ya fuese «My life»,»Middle of the bed», «Nebraska» o «Like an Arrow».

Entre melodías, Lucy Rose no dejaba pasar la oportunidad para agradecer al público por estar ahí y por haber pagado su entrada, pues insistió en que asistir a los conciertos era la mejor manera de apoyar a los artistas. Luego de disculparse por la imposibilidad de poder tocar con batería en el lugar, concluyó que después de todo no lo lamentaba tanto pues las versiones en acústico parecían surtir un efecto muchísimo más personal con los asistentes.

Luego de resolver problemas con la iluminación – durante algunas de las primeras canciones los reflectores le daban luz directamente en el rostro a Lucy -, la británica no quería despedirse de tan «maravilloso auditorio» y agradecía la posibilidad que le ofrecía la música de llegar de una manera tan amplia y profunda a personas que no conocía, pero de las cuales no dudaba en que fuesen buenas ni un solo momento.

Estrenando algunos tracks de su siguiente producción discográfica, interpretó otros canciones como «Is this Called home» y «Shiver», después de la cual realizó un breve encore para terminar su presentación con un par de piezas más. Sumamente entregada a su público y a sus instrumentos,  Lucy Rose ofreció una velada entrañable y que se agradece muchísimo, pues aún a pesar de su sencillez, se tejió una tierna intimidad que resulta imposible en populosos conciertos o festivales masivos y rara en cuanto a su calidad, honestidad y entrega.

Fotos: Sergio Bautista (OCESA)