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 Maira Colin: Salida de emergencia

Por Rogelio Flores @rogeliofloresj

Siempre se puede caer más bajo. No es algo que nos guste contar o nos enorgullezca, pero sucede. A todos nos llega el momento. A todos.  Una voz interior nos lo advierte: esto no está bien. Y nosotros lo entendemos. Pero en lugar de dar marcha a atrás, comenzamos a guardar secretos; a hacer las cosas a escondidas, a mentirnos, porque nos avergonzamos, porque nos sentimos patéticos; porque sí nadie más sabe de nuestras flaquezas, nadie nos verá volver con la cola entre las patas a aquello que nos juramos dejar atrás, a aquello que nos hace más ordinarios y vulgares de lo que nunca querríamos admitir. Salida de emergencia.

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Crecer y ser adulto implica una serie de desilusiones para las que nadie nos preparó. El amor es una de ellas y se devela como una tierra prometida para la que sólo tenemos mapas apócrifos y mal hechos, mapas que no nos llevan más que a laberintos. La autoestima, por su parte, se manifiesta como una zanahoria que pende de un hilo amarrado a un madero que a su vez está amarrado a nuestro cuello: siempre la tendremos a unos centímetros, nunca la alcanzaremos. Y no nos importa. Como no nos importa dejar la piel en esa búsqueda absurda, o la dignidad, o la tranquilidad de los desdichados o desdichadas que se cruzaron en ese camino destinado a la derrota.

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Salida de emergencia, novela de Maira Colin editada por La Cifra Editorial, da cuenta de ello. Sus personajes, Renata, Gabriel, Rubén y Laura, cada uno y en conjunto, en las extrañas y familiares relaciones de amistad y romance que forman entre ellos, atraviesan distintos infiernos para alcanzar una felicidad que saben que nunca llegará; para demostrarse cosas que nadie les pidió demostrar; para recibir un premio Oscar por actuaciones de personajes que ellos mismos inventaron (y mal), y que después los devoraron. La frivolidad, el machismo, el éxito y el triunfo familiar se convierten para cada uno en las cruces que cargan hacia su propio calvario, cruces que podrían soltar para salvarse, pero que deciden seguir llevando a cuestas porque el morbo de saber hasta donde pueden llegar, los ha embriagado. Lo dicho, siempre se puede caer más bajo. Y no es una sentencia moral, porque Maira no pretende juzgar a nadie, ni decir qué es correcto y qué no. Y no es tampoco una tragedia, porque Maira disfruta la creación de su mundo y hace que este viaje, por espantoso que parezca, sea divertido y disfrutable para nosotros.