REVISTA PICNIC Moon Safari: Air coqueteando con la sensualidad del futuro - Revista PICNIC

Moon Safari, el primer long-play de Air fue publicado un 16 de enero de 1998 y veinte años después, mucho más allá de las críticas (en su mayoría positivas) que surgieron entonces, se ha convertido en piedra angular para diversas fusiones de pop y electrónica en nuestros días.

Air se tornó en un concepto en sí mismo.

Actualmente, gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y del sonido, es posible descargar un par de programas a la computadora y listo, posees lo básico para emprender tu propio proyecto de mezclas y sampleos caseros que llegan a cualquier parte del mundo gracias al simple clic en un enlace web. Por ello, también se ha vuelto más fácil encontrar una cantidad apabullante de oferta musical en la que la creación artística es una hidra de préstamos, imitaciones y secretas sustracciones sonoras.

Lo complicado ya no es solamente ponerse al día, sino hallar aquello que algunos aún buscan con empeño: la existencia de espacios y ambientes sonoros donde la intención de generar emotividad no esté peleada con lo genuino. Donde la sobre oferta no sea impedimento de la experiencia estética. Piezas como «La Femme D’Argent» dieron pie a voltear hacia Francia y salir de la oscuridad que dominaba los últimos años del milenio anterior.

En 1998 Air publicaría un álbum que sin necesidad de letras rebuscadas ni complicados giros instrumentales ya contaba con la capacidad de abducción que una rola EDM no podría soñar siquiera. Y llamarle a eso dream pop o space rock quizás era solamente un inicio. A partir de Moon Safari el estilo del dueto francés siempre parece sumergirnos en una banda sonora, impresión que se afianzaría posteriormente con Virgin Suicides (2000). Sin embargo, cuando se esfuma la necesidad de imágenes o secuencias previas para situarnos en entornos y emociones aludidos esa magia se hace notable.

Air explora y teje su propio estilo de downtempo que no excede en lo melancólico ni en lo cerebral. Se trata más bien de un delicado viaje en el espacio-tiempo sin abandonar nuestros propios cuerpos.

Pareciera que ahora resulta mucho más fácil hacer una distinción entre los pop hits de un rato y la música de “pretenciosos”, pues la industria ha dividido al público consumidor en nichos cada vez más pequeños. No obstante, el conjunto francés comenzaba a mostrar que un éxito medianamente pop como “Kelly Watch The Stars” podía convivir con piezas sumamente introspectivas como “Talisman” o «Ce Matin La» e incluso sucederse o hasta complementarse.

Moon Safari representaría el inicio de una nueva empresa en la esfera de la música electrónica y el ambient: sentir más allá de los beats y coquetear con los sensuales sonidos del futuro.

El estilo y la electrónica de Air nunca alcanzaron la popularidad a nivel de éxito radiofónico pero tampoco se quedaron respirando polvo en la colección de algún clavado e insoportable melómano y muestra de ello es la inclusión de “Sexy Boy” en 10 Things I Hate About You (1999).

Y si bien Air contaba ya con un EP y la dupla de Jean-Benoît Dunckel y Nicolas Godin se caracterizaba por cierta ñoñez al preferir el trabajo en interiores, Premiers Symptômes (1997) fue sólo el punto de partida. Moon Safari abrió la posibilidad de explorar un raro intermedio entre la popularidad desde el bajo perfil y cierto elitismo desenfadado: ni muy Daft Punk ni muy Serge Gainsbourg.

La importancia del debut de Air, además de abrir paso para ellos y para quienes vendrían después (fuesen Phoenix, M83 o Justice), consiste en oscilar tranquilamente entre géneros y públicos sin buscar la complacencia de nadie en particular.

Godin y Dunckel retomaron elementos del pop francés de los setenta y esa vibra ha continuado presente en varios de sus álbumes junto al uso de vocoders y sintetizadores Moog, voces etéreas e instrumentación ligeramente , los cuales se volvieron inspiración y continuaron con carreras como la de Sebástien Tellier. No obstante, Air mantiene una línea inigualable por su calidad y elegancia, que aún coqueteando con la cultura de masas, continúa fluyendo dentro de sus propios paisajes invisibles.

Existe una generación (o varias) entre nosotros a la que le ha tocado ser testigo de enormes cambios y evoluciones culturales y tecnológicas. Una que recuerda el boom de The Chemical Brothers y ha visto inflarse DJ’s prefabricados por decenas.  Una que tuvo la fortuna de vivir la transición del cassete hasta el streaming.

Air representa hasta cierto punto un pedacito de esa generación intermedia, ese continuo humano de la nostalgia por lo anterior coexistiendo con el anhelo por el porvenir, intentando llegar a él y comenzando a construirlo con los elementos que el pasado le había legado. Moon Safari es el primer capítulo de una historia de ciencia ficción que no cobraría sentido sino hasta llegar a su propio futuro.