REVISTA PICNIC Neutral Milk Hotel: El disco raro de una banda aún más rara - Revista PICNIC
Todas la pecas del mundo

Tuve la oportunidad de asistir a dos conciertos de Neutral Milk Hotel en 2013 y recuerdo sorprendido ante algunos de los sujetos más raros que he visto en mi vida sobre un escenario. Jeff Mangum, líder y mente maestra, oculto tras una gorra de camionero, una larga cabellera y una espesa barba escandinava, además de ese suéter naranja que no se ha quitado en décadas, y Julian Koster vestido como un niño friolento, tocando un serrucho con el arco de un violín. Vi a cuatro ermitaños que habían descendido de sus cabañas en el bosque para embrujar con folk.

Recuerdo que la gente cantaba sobre la banda, opacándola, en una competencia por demostrar para cuál de los asistentes eran más importantes y vitales las canciones del disco In the Aeroplane over the Sea, canciones que acumulan ya dos décadas.

La placa se lanzó el 10 de febrero de 1998, bajo el sello Merge Records, la producción corrió a cargo de Robert Schneider (The Apples in Stereo). Sus 11 temas –que juntos no acumulan siquiera 40 minutos– colocarían al grupo como piedra angular del indie y quedarían tatuadas en la conciencia colectiva musical de la cual brotaron proyectos como Animal Collective, Arcade Fire, Beirut, The Decemberists y, a riesgo de que se me acuse por pecar de subjetivo, Bon Iver.

El disco raro de una banda aún más rara que se convirtió en un mito.

Grabado en el Pet Sounds Studio –nombrado a partir de la obsesión de Schneider por la obra de The Beach Boys–, el álbum se mantiene como una de las joyas más influyentes, pero menos descifrables, del indie/folk/rock psicodélico.

Dado que nadie habla de On Avery Island –el LP debut del cuarteto–, ¿cómo consiguió Neutral Milk Hotel convertirse en una banda de culto sólo con el lanzamiento de In the Aeroplane over the Sea?… ¿Y cómo terminó Mangum como un protohipster involuntario? Honestamente no recuerdo qué sentí la primera vez que escuché el disco, hace unos ocho o nueve años, pero desde entonces se manifiesta en mi cabeza como un rompecabezas cuyas piezas no embonan, de ahí mi fascinación por el mismo.

Las letras de Mangum son un ejercicio de ascesis que plantea un mundo pictórico con un niño en España que toca pianos en llamas y que solía ser una chica (¿Ana Frank?), una voz poética que con nostalgia recuerda atravesar la boca del ser amado con sus dedos para mover ciertos músculos y una dulce hija comunista parada sobre agua de algas.

Es interesante como la música del cantautor de 48 años puede provocar angustia y alivio al mismo tiempo. Por ejemplo, en el tema que da título al material suena constantemente un theremin, que eriza la piel, sobre cuatro acordes de guitarra, con una letra que se aferra a la vida y al “fantasma de Ana” (¿Ana Frank?).

El mundo que representa In the Aeroplane over the Sea me hace pensar en los delirios de Lewis Carroll o en los asfixiantes paisajes de El Bosco, pavimentados con una capa asfáltica de nostalgia. Las guitarras saturadas, gaitas y demás instrumentos de viento a manera de una procesión fúnebre y las vocales de Mangum siempre imperfectas y a tope de su capacidad pulmonar.

¿Se trata de un álbum conceptual?, sí, no sólo por la temática fantástica, la instrumentación recurrente y el repetido uso de una misma progresión de acordes, sino por ciertos elementos metamusicales que no permiten al escucha saber si entra o sale del sueño sonoro. Al final de “Oh, Comely” se escucha a alguien gritar “Holy shit!”, luego de que supuestamente Mangum grabara la canción de más de ocho minutos en la primera toma; o al final del álbum, donde oímos al músico dejar la guitarra y marcharse, o las distorsiones en las cuerdas, que remiten más a un error de grabación (saturación) que a un efecto intencional.

In the Aeroplane over the Sea es un álbum que pone en aprietos si hay que explicarlo, clasificarlo o describirlo. Se trata de una pieza tan singular y atemporal que, sencillamente, puede maravillar hasta los oídos más sordos y necios, o al menos eso creemos los cursis que lo cargamos como relicario de recuerdos y emociones.

https://www.youtube.com/watch?v=Z-fjyEIgWik

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Por si lo anterior no fuera suficiente, a continuación algunas palabras sobre el disco de gente con más autoridad que quien escribe esto.

“…el LP –cuya bella crudeza aún me da escalofríos- representa la verdad que inicia como un murmullo subcultural, y que concluye como un grito colectivo”.- Will Hermes, Rolling Stone

«Puede que sea el único álbum en muchas colecciones de discos que trae consigo la influencia del folk del este de Europa, los collages sonoros, el jazz libre; con sierras que cantan, bombardinos y gaitas irlandesas». Dan Snaith (Caribou)

“Nacido de la interpretación brutal y bizarra de “El Diario de Ana Frank” a cargo de Mangum, (el álbum) rehúye de la realidad y las interpretaciones históricas hacia un imaginario surrealista, música callejera búlgara, zumbidos y un surtido de por vida de pedales de fuzz”. – Jamie Milton, The Guardian

Nota..

La gente involucrada en In the Aeroplane over the Sea es tema para un texto aparte; sin embargo, merece la pena mencionar el trabajo de Robert Schneider con The Apples in Stereo, en especial el LP doble New Magnetic Wonder; así como el podcast “The Orbiting Human Circus”, de Julian Koster, donde se plantea un surreal programa de variedades con invitados de la talla de John Cameron Mitchell, Tim Robbins y Charlie Day, toda la música corre a cargo de The Music Tapes, proyecto alterno de Koster.

Texto: Jesús Serrano