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Son pocos los momentos en los que el hombre se adueña del tiempo. En el suave beso del amado que nos deja; en las lágrimas de la muerte prematura; en la risa resultado de la felicidad más pura. El tiempo no está a nuestra merced para que podamos siquiera notarlo, excepto cuando nosotros decidimos encararlo, hacernos uno con él, permanecer arraigados, aunque esos segundos se extiendan a minutos, horas o meses que concluyen, pero se alargaron. En todas las demás circunstancias, el tiempo sigue, se mueve a pesar de nosotros.

La Tierra no se detiene ante los dolores del hombre, no para ante las injusticias sociales, ni siquiera se detiene cuando la lastimarnos. En nuestra Tierra y en el Cosmos el tiempo sigue caminando. No es de extrañarnos que nuestros antepasados se referenciaban de las estrellas para conocer su pasado y predecir su futuro.

La investigación que Patricio Guzmán lleva a cabo en su película Nostalgia de la luz (2010) parte de esta premisa; el conocimiento del cosmos y qué aprendemos sobre abajo al mirar hacia arriba. El lugar de su investigación: el desierto de Atacama en Chile. Su grupo de estudio: las esposas, hijas, hermanas, familiares y sangre que perdió a su sangre durante el genocidio perpetuado durante la dictadura de Augusto Pinochet.

La astronomía es una profesión parecida a la arqueología y la historia, las tres reconstruyen el pasado para entender el presente y poder ver hacia el futuro. Pero plantea una paradoja: ¿por qué rechazamos buscar codificar nuestro pasado más cercano? Las mujeres que han permanecido como arqueólogas de la historia en el desierto de Atacama son las únicas que buscan esclarecer ese pasado. Son mujeres que buscan entre los escombros de un desierto de huesos esperando encontrar por lo menos uno conocido para traer paz a un dolor arraigado en el tiempo que les ha dejado la sociedad. Ellas obsesivamente peinan este paraje que parece más un planeta desconocido, buscando aquellos pedazos que les fueron arrebatados. Es imposible olvidar a nuestros muertos, y el tiempo está detenido hasta que no haya una respuesta; el dolor no se olvida, solo transmuta. ¿Suena familiar, suena local?

Este largometraje explora la metafísica del dolor, como trasciende el tiempo y el espacio, como nos modifica y nos transforma. Como, a partir del dolor, podemos encontrar una nueva humanidad dentro de nosotros. Schopenhauer enaltece el dolor como aquello que nos hace más humanos. Yo creo que es aquello que nos recuerda nuestra propia humanidad y fragilidad. Nostalgia de la luz es un documental que explora de forma poética, el pasado lleno de dolor del pueblo chileno, dejándonos con una obra que reflexiona sobre el papel del hombre con el hombre, el hombre con su sociedad, y el hombre con el tiempo.

 

Como conclusión, quisiera dejar una reflexión. Tratando de alejarme de aquella sentencia del más ilustre de los italianos, me quedo con las respuestas que Martin Heidegger dictada en su conferencia El concepto del tiempo en 1924:

La cuestión de ¿qué es el tiempo?, se ha convertido en la pregunta: ¿Quién es el tiempo? Más en concreto: ¿Somos nosotros mismos el tiempo? Y con mayor precisión todavía: ¿Soy yo mi tiempo?