REVISTA PICNIC Orozco, embalsamador sin tumba - Revista Picnic
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La muerte, ¿qué hay detrás de ella?

El tema ha sido tantas veces trabajado y hasta cierto punto trivializado que muchas veces se ha perdido el contacto con su significado. Esta cinta nos muestra algo diferente: nos enseña a respetar el trabajo con la muerte.

Orozco, el embalsamador, nos narra la cotidianidad de Froilán Orozco Duarte, un proyecto realizado en Colombia, durante la década de los ’90, por el japonés Tsurisaki Klyotaka, documentalista y periodista de la nota roja. El documental se mostró en las pantallas de México, durante el festival de Macabro, en el 2012.

Orozco, el embalsamador, (2001)

Orozco, el embalsamador, (2001)

 

El recorrido comienza por las calles de Colombia

Las calles que vive la sociedad en países latinoamericanos como Colombia, son vestidas de violencia; las heridas sociales que esconden toda una historia sociopolítica muestran al desnudo lo marginal, la pobreza, el hambre o la violencia, disfrazadas con el ritmo de su música. Este es el ambiente real de una sociedad que experimenta crímenes por el narcotráfico, orillados a este tipo de durezas cotidianas, debido a las malas decisiones políticas de siempre.

Allí, las muertes no se leen por alguna cifra como lo muestran los periódicos o noticieros; allí podremos ver de manera impactante y desgarradora, lo singular que la muerte puede llegar a incubar en cada persona, ya sea en una mujer, en un anciano o en un niño.

De esta manera, la vida cotidiana de un embalsamador en un país como Colombia, se muestra en la pantalla. El potencial de la imagen puesta en escena, logra disparar hondas sensaciones que provocan al espectador otra experiencia, le obliga a bordear lo siniestro y real de la muerte.

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 El rigor mortis y su expresión cadavérica

Después de la violencia en las calles nos introducimos en una funeraria, ¿qué nos muestra en un inicio? El proceso de embalsamamiento y su costo, el hecho de poner un precio para fracturar, cortar, desangrar el cuerpo. Después, un recién nacido y su inocencia, al que el propio Orozco, se rehúsa en pasar “el cuchillo” sobre su pequeño cuerpo. El primer contacto con los cuerpos rotos y sin vida se hace presente.

De esta manera la cosificación del cuerpo humano aparece, pues es corrompida su imagen, su simbolización, su figura. Lo siniestro aparece con el rigor mortis y su expresión cadavérica que eriza la piel del espectador. El cierre del cuerpo como un costal, figuras que alguna vez tuvieron vida y mejillas rosadas, terminan reformadas con hilo y algodón, o tal vez, un balazo en la frente que es maquillado.

¿En qué lugar ponemos esta experiencia? ¿Cómo lo nombramos? Por un lado, vemos la corrupción de la normalidad del cuerpo que provoca querer cerrar los ojos, porque las imágenes te quitan el aliento, y en cierto sentido, uno queda desprovisto de lenguaje, incapaz de simbolizar ni elaborar la sensación que provoca la figura humana desbaratada.

Pero, sin duda, lo interesante también es la otra fase de este proceso, el arte de re-hacer el cuerpo después de la muerte, como un intento por retornarlo a la vida por última vez; el deseo por querer prevalecer la imagen de ese otro que ha partido.

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El peso de la muerte

Bajo un análisis detallado, es posible observar la degradación paulatina de Orozco, unas veces aparece y en otras, el protagonista se ausenta por la enfermedad y de pronto, una hernia le quita la vida. “Estas correítas son valiosas para mí”, como dijo él mismo para referirse a los cinturones en los que se apoyaba para cargar a los cadáveres. Murió “a base de la fuerza que hizo con los muertos” como se muestra en el documental.

Su oficio es honorable, ya que por un lado representa la disección de los cuerpos, pero por otro, su implacable compromiso con la muerte; ese trabajo que él mismo dijo ejecutar “a conciencia”, nos remarca el respeto hacia ésta. Las lágrimas contenidas de su aprendiz también muestran a otro Orozco, como mentor,  como figura paternal, como amigo.

Y por último, la leyenda que se muestra al final, simplemente deja sin palabras:

Orozco, embalsamó a más de 50,000 cuerpos en toda su vida. Pero él no fue embalsamado. Tampoco existe su tumba.

El documental se pude ver completo en youtube.