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Por Claudia Mendoza Olivar

Tuvimos la oportunidad de entrevistar al artista de origen español Pablo Carpio, quien se ha caracterizado por indagar los límites y resonancias que puede tener la pintura en diálogo, por ejemplo, con la escultura o la instalación. Se puede decir que Carpio a menudo “construye pinturas” usando objetos de uso cotidiano como materia y materiales, con lo cual desafía distintas nociones sobre la representación, la duración y las interacciones que puede haber entre objetos y espacios. Sus obras han sido exhibidas en lugares como Mirat & Co Gallery (Madrid), Deutsche Bank Americas Foundation (Nueva York), Areatec (Buenos Aires), New York Foundation for the Arts (Nueva York), Waterfall Mansion & Gallery (Nueva York), The Active Space (Nueva York) y Concepto Hudson (Nueva York), entre otros. Actualmente reside en México, donde está planeando varios proyectos.

Sobre sus primeros encuentros con el arte comenta que como mucha gente, ya desde muy pequeño se divertía dibujando, y que desde entonces ha pasado por diferentes períodos creativos: “Supongo, en el fondo, salvo épocas más difíciles, nunca he dejado de fomentar esa sensación de libertad que te da. Y es lo que me mantiene hoy en día de alguna manera atrapado en esto de la creación plástica, es algo biológico, y en concreto la pintura, es adictivo. Esa sensación de recompensa a la hora de componer una obra, hasta el punto en el que lo que no ves se hace presente es algo indescriptible”. Incluso señala que quizás todos deberíamos mantener esa sensación de juego y libertad que la infancia nos brinda, pues tal vez así de alguna manera, el mundo dejaría de ser un lugar tan hostil.

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“estuvo ligado una larga época, al grafiti”

Desde muy joven, al estar siempre en contacto con la calle, estuvo ligado una larga época al grafiti, cuestión que no sólo disfrutó mucho sino que en cierto sentido sentó bases importantes en su utilización del color y otros aspectos formales. Más tarde, trabajó con otros medios como el diseño gráfico, la ilustración y la fotografía. Sin dejar nunca de lado su experimentación con la pintura, hasta que finalmente ésta logró imponerse de una manera contundente. Respecto a las cosas que le influyen en su trabajo refiere que formalmente le han inspirado siempre las irregularidades, los accidentes, el error, lo imprevisto, la casualidad o la arbitrariedad, que todo esto se encuentra cada día caminando por la calle, aunque no siempre está al alcance de la mirada. Explica también la relevancia que tiene siempre vivir en determinada época, y no en otra: “Obviamente la situación actual en el mundo no es muy alentadora, de hecho se siente como si estuviéramos atravesando una época crítica de cambios radicales. Todo parece que va a una velocidad frenética y la información casi nos sobrepasa, o por lo menos esa es mi sensación. Cada día recibes miles de imágenes y casi no te das ni cuenta pero el cerebro ahí va acumulando estímulos”. Esta conciencia sobre el mundo actual, aunada a que ha tenido la oportunidad de vivir en distintas ciudades, sin duda lo ha llevado a apreciar otras culturas y otras maneras de pensar.

Carpio se distingue por el uso de la pintura como material escultórico. Le interesa explorar, por medio de la confrontación con el material, los límites de la pintura y su transformación, y el establecer diálogos con otras disciplinas: “La pintura en mi trabajo se convierte en algo tridimensional, a veces autónomo, elástico y a la vez sólido, pero sigue siendo pintura. La perspectiva que mueve su ejecución es pictórica, aunque el resultado se acerque a la escultura. La obra transita entre los márgenes en un ejercicio de cuestionamiento de los mismos. Es un proceso que indaga en la construcción de una pintura. Pretende promover una reflexión acerca de los mecanismos estructurales de la pintura. Esta investigación del medio pictórico y su consecuente transformación resuena en temas como la adaptabilidad, el cambio, la flexibilidad, lo volátil, la temporalidad y otros factores similares que cada vez son más comunes en la sociedad actual”.

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Su proceso creativo es casi de forma automática, dentro de una libertad de movimientos: desde leer, escribir o abocetar una idea, hasta la producción de la obra en el estudio u otro espacio. Todo varía, dependiendo de su estado de ánimo. Concidera que siempre hay partes más rutinarias o mecánicas en las que, sin embargo, encuentra espontáneamente cierta relajación: “Si es verdad que durante todo el día uno se encuentra intentando dar forma en su cabeza a ciertas piezas en las que estás trabajando, por eso creo que también hay una parte fuertemente pensada y meditada que te permite poder soltarte en alguna ocasión a la hora de la resolución de una obra. Todo el proceso es orientado a disfrutar en su mayor medida de lo que hago, y así suele ser, aunque en ocasiones el proceso se convierta en algo no tan divertido”. Y en cuanto a la selección de la técnica que utiliza para determinada obra explica que es el uso de los materiales en tal proceso lo que lo guía hacia una dirección u otra. Por lo tanto, el hecho de que utilice la pintura de una manera no muy habitual fue consecuencia más de la experimentación que de una elección demasiado premeditada. No obstante, también considera que la técnica es algo que se va perfeccionando.

Cuando le preguntamos cómo cree que sus obras dialogan con las distintas manifestaciones artísticas que confluyen hoy en día explica que hay tantos estilos y manifestaciones que ya no es tan clara la aproximación o la influencia de una corriente o de otra, que todo se ha diversificado mucho. Los márgenes se han difuminado. “Creo que ya no se sabe distinguir muy bien si tu trabajo es geográficamente más a fin a un sitio o a otro. Se podría hablar de aproximaciones formales que guardan más relación entre unas y otras, y de usos de los materiales de una forma similar o contraria en algún caso pero con finales y soluciones parecidas. Sí me siento cómodo con la obra que investiga la materia, valorando la sustancia como algo vital en el desarrollo de la obra; la gravedad, el peso, la textura, el color, su relación con el espacio, etcétera. En un mundo fundamentalmente virtual y perecedero, de usar y tirar”.

Carpio llego recientemente a México, después de vivir algún tiempo en Nueva York, al preguntarle sobre qué le motivó a venir a este país y cuáles son los proyectos que tiene en puerta comenta que, pese a que Nueva York seguirá permaneciendo en su memoria como una ciudad especial donde se ha formado en muchos aspectos, de momento México y en concreto la Ciudad de México le está ofreciendo una experiencia vital diferente y de nuevas sensaciones gracias las múltiples cosas que acaecen aquí.

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Si bien acaba de terminar de preparar una exposición individual en Madrid, está ya en proceso de realización de una serie de nuevas obras. Manifiesta, en general, un interés notable por reflexionar sobre el universo citadino: “Aparentemente las ciudades grandes, sobretodo actualmente en un empeño por conseguir la ansiada modernidad, se están olvidando de las personas y las sociedades están sufriendo las consecuencias de una transformación que poco a poco premia cada vez más el individualismo por encima de todo. Estas sociedades tienden a expulsar a todo aquel que no se identifique con esos valores reinantes, y debido a eso un cierto tipo de personas terminan buscando otras realidades físicas y emocionales que les permitan desarrollarse en armonía con lo que piensan, o por lo menos más cerca de ello. En este cambio constante y voraz te ves abocado a intentar encontrar sitios donde todavía haya tiempo antes de que el monstruo del cambio lo devore todo, y así uno va planteándose descubrir otras ciudades que le permitan encontrar cierto equilibrio, aunque sólo sea por un tiempo, ya que la temporalidad nos engulle sin piedad”.