REVISTA PICNIC Paulo Sierrah: rostros hechos arte urbano - Revista PICNIC
CINE DE ARTE

Las diferentes facetas que encuentra la expresividad humana se pueden encontrar fácilmente en los rostros. El representarlos ha sido un punto central en muchas de las corrientes artísticas durante toda la historia. En el arte urbano muchas veces pasan a segundo plano pues los diseños de muchas de las obras se enfocan en otras áreas; en el estilo se decanta a algo más abstracto o más caricaturezco. Paulo Sierra, artista urbano originario de Perú, encontró la forma de expresarse mediante la definición de la mirada y los gestos faciales.

Su formación artística siempre fue autodidacta, por lo que pasaba el tiempo dibujando en casa y buscando materiales o información al respecto en Internet. Sus primeros pasos como ilustrador fueron justamente a través de la red y se hizo de un pequeño nombre mientras colaboraba en exposiciones con su material digital. Sin embargo, un día sintió la necesidad de simplemente salir y pintar, como contó para Muro Streetart: «Me di cuenta que pasaba mucho tiempo frente al monitor de una computadora. Tomé lo básico: pintura y brochas. De pronto me di cuenta que pintaba un muro rayoneado; lo hice sin pensar que nadie me diría nada.»

A partir de este momento comenzó a pintar en la calle y a definir su estilo en los retratos individuales con gran peso en los gestos faciales. Su forma de representar a la gente es, al mismo tiempo, la forma en que se retrata él mismo y que hace una reflexión de la sociedad en la que está inmerso y del tiempo en el que vive. Los colores que rondan los grises y las tonalidades poco saturadas aportan a la emotividad de los rostros, que muchas veces aparecen solo por partes o con algunas zonas cubiertas.

Paulo también comenta que: «una chica que veía mis cuadros me hizo me comentario: ‘¿Te das cuenta que siempre dibujas personas solas?’ Después una amiga que estudió psicología me hizo una pequeña valoración que daba al mismo punto. Y lo confirmé al reflexionar un poco sobre mi pasado, pues mucho tiempo la pasé solo frente a una computadora, sin amigos desde la primaria.” Las zonas vacías, que asemejan una textura acuosa, completan la sensación de soledad en los sujetos que pinta que termina por rematar con las zonas de color contrastante que asemejan un resquebrajamiento.

El trabajo de Paulo, visto desde su estilo hasta su personalidad (incluso a su edad, pues tan sólo tiene 23 años), es un reflejo de una generación que, como él, se encuentra solitaria. Las miradas gachas, los cuerpos gríses y frágiles, los rostros cubiertos y acuosos han sido la forma en que él experimenta su soledad a través de su arte pero también la cara amarga de las ciudades que esconden entre todos esos grandes edificios, fachadas dañadas y resquebrajadas, donde este artista peruano llega a poner un acento para que no quede en el olvido.

Paulo

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