REVISTA PICNIC Red Hot Chili Peppers - The Getaway - Revista PICNIC
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Reseñar a Red Hot Chili Peppers después de tantos años se vuelve un problema, por eso en Voodoo contrastamos al fan de los buenos viejos tiempos con la que aún quiere darles una oportunidad para hablar sobre su nuevo álbum.

Crisis de la mediana edad

Por @freddorific

Antes de las pesadísimas líneas de bajo de Les Claypool en Primus, las rimas cortantes y poderosas de Zach de la Rocha junto a Rage Against the Machine, o del groove de José Pasillas tras las melodías de Incubus, estuvieron Red Hot Chili Peppers para consolidar un sonido que no se atrevieron a definir grupos como Parliament o Funkadelic. La receta que representaba combinar el funk con el rock y un atisbo de hip-hop parecía arriesgada pero rindió frutos al poco tiempo.

Para RHCP el punto de inflexión llegó, trágicamente, en 1988 al morir su guitarrista Hillel Slovak, que derivó en la renuncia de Jack Irons. Luego de esto se unieron John Frusciante y Chad Smith conformando la alineación clásica del grupo californiano. Chad se ha mantenido con ellos desde Mother’s Milk, y Frusciante ha dejado la banda en dos ocasiones, siendo la más reciente en 2010, antes de que su décimo álbum, I’m With You, viera la luz. Ahora, para The Getaway, John sigue ausente y se resiente en el sonido que se aprecia durante los 53 minutos de duración del álbum.

Otro ausente es Rick Rubin, que deja el papel de productor después de 25 años junto a ellos, para ser relevado por Brian «Danger Mouse» Burton, que ha trabajado en pasado junto a Gorillaz, Beck, The Black Keys, entre otros. De manera general se trata de un material bien hecho y perfectamente mezclado por Nigel Godrich que no dejó que el prestigio de la banda se cayera, al menos, desde la parte meramente audible. Sin embargo, a una agrupación con más de 30 años de vida no se le debe de apreciar por la calidad sonora de su producto, pues cuentan con el capital para igualar a las grandes producciones pop.

La apertura con «The Getaway» es promisoria con un sonido más parecido al disco que al funk, y un bajo armonioso que no termina por explotar como nos tienen acostumbrados RHCP en cada una de sus producciones. Esto da entrada hacia el que fue el primer sencillo promocional de este álbum, «Dark Necessities». El bajo de Flea lleva la batuta en todo momento y por primera vez en la carrera de los californianos escuchamos un piano de manera protagónica. Hay que recordar que en I’m With You la composición se realizó en un piano, pero nunca se escuchó uno en el álbum. Este cambio, parece ser, se basa primero en la libertad que les dio Danger Mouse para experimentar, además del accidente que sufrió Flea, por lo que además de componer en el piano, metió algunos arreglos con éste.

Hablar de cambios en el sonido de la banda no parece algo natural en su carrera, que se ha defendido y mantenido con un estilo completamente definido desde 1984, que alcanzó su madurez en 1989 y su punto más alto al finalizar la década de los noventa. I’m With You marcó un punto más tranquilo en su trayectoria, que se desprendió un tanto de la violencia lírica e interpretativa de otros materiales como Californication, By The Way, Stadium Arcadium o Blood Sugar Sex Magik, todos ellos hechos junto a Frusciante. Es aquí donde se resiente su falta, a la hora de querer cambiar un estilo que los hace reconocibles con tan solo cinco segundos de cualquiera de sus tracks.

No se puede decir que Josh Klinghoffer, es un mal guitarrista, pero sí que es un mal John Frusciante. Antes de malinterpretar la expresión, hay que aclarar que para el álbum anterior, Josh llegó a contribuir con poco tiempo a la finalización del álbum con la tarea de recrear el sonido característico de la anterior guitarra de RHCP. Klinghoffer se vio atado en esto y la guitarra en I’m With You fue deficiente por su falta de personalidad. Para The Getaway sí participó de manera activa en la composición y arreglos, pero no se nota un cambio y parece por momentos que sigue queriendo imitar a su predecesor, cosa que no logra.

El experimento de este álbum resulta sólo por momentos. En tracks como «Dark Necessities», «Detroit», «Dreams of a Samurai» o «Goodbye Angels» se intentan alejar sin éxito de la fórmula de sus hits como «Can’t Stop» o «Give It Away». Otras como «Feasting on the Flowers» o «Go Robot» suenan forzadas en busca de ese cambio. Donde sí se aprecia una comunión, un sonido orgánico, que puede verse como un paso para redefinir su sonido es en «Sick Love» que hace lucir a Josh Klinghoffer sin querer reproducir lo hecho antes por Frusciante. La canción se acompaña de un piano que no parece entrometerse ni romper la dinámica de todo el track. La batería y el bajo sirven como un cinturón que mantiene todo en orden y se complementan de unas congas que resuenan de manera discreta agregando un groove un tanto diferente.

El tiempo pasa y este grupo emblema de California se niega a morir en repetirse a sí mismo, y la intención es bien recibida. Querer trascender dentro de sí mismos es una actividad que resulta loable en una industria que les puede dar de comer para toda su vida simplemente desde 1999 que lanzaron Californication.rhcp

¿Crisis? ¿Dónde?

Por @tanimuz

Su onceavo álbum es claramente el inicio de una nueva etapa para Red Hot Chili Peppers y la elección de su productor, Danger Mouse, es prueba de ello. Se trata de una producción, que además de limpia y bien hecha se muestra mucho más experimental de lo que nos tienen acostumbrados con sus anteriores discos. Siempre se agradece cuando una banda se reinventa y no se estanca con lo que ganaron prestigio. Es agradable al oído el tener una banda que antes de comercializar su música, busca una creación digna con propuestas tanto para la escena actual como para los días venideros.

¿Se extraña la presencia de Rick Rubin como productor? ¿Existe un mejor/peor manejo de las guitarras desde la salida de John Frusciante? Antes de comparar un sonido con otro habría que analizar la composición del disco por sí sólo. Pensemos, por ejemplo, que por alguna razón es la primera vez que escuchamos a la agrupación, ¿sería un buen disco? Parte de la respuesta la encontramos en canciones como “Sick Love”, con el bajo suavemente dominante de Flea que marca una cadencia agradable, acompañado del característico estilo de voz de Kiedis y ciertos coros (presentes a lo largo de todo el disco) que terminan por darle a la canción -donde colaboraron Elton John y Bernie Taupin– una presencia y carácter ameno.

Si escuchas cualquier canción del álbum, encuentras la esencia de la agrupación. En eso consiste un buen experimento sonoro: lograr moverse de la comodidad del sonido ya hecho hasta otro nuevo punto, pero manteniendo fijas las particularidades de los integrantes de la banda y explotando sus talentos. Red Hot Chili Peppers sigue manteniendo esa unidad y armonía, además de estilo que le caracteriza. La voz modulada de Kiedis sigue teniendo la misma fuerza y estampa de antaño. Se mantiene el estilo funk-rock que le ha dado renombre a la agrupación, pero toma una vertiente hacia una eufonía mucho más tranquila y madura.

I’m With You fue un disco de transición, al que le faltaban pulir demasiados aspectos. The Getaway es ese estirar las piernas después de un viaje y disfrutar lo que salió del camino. Claro está, no es su mejor álbum, y por mucho, pero es un buen disco. Buscaban un cambio y lo logran dignamente, sólo que esto nos lleva a pensar en las diferencias que encontramos entre las guitarras del aquí ausente John Frusciante y Josh Klinghoffer. Sí, se extraña a Frusciante pero se aprecia la figura de Josh y sus muy audibles propuestas para la banda.

A quien no se le extraña es a Rick Rubin. Red Hot Chili Peppers está bien sin él. Les hacía falta un cambio de look musical y Danger Mouse era el indicado para ello. Si no hubiera sido así, quizá tendríamos ahora como resultado un segundo I’m with you. Canciones como “Encore”, “Sick Love” “The Hunter” “Dark Necessities” y “Goodbye Angels” no habrían encontrado su momento de no haber sido por estos cambios.

Algo que varia a lo largo del disco son los ritmos. En la segunda mitad del disco son más melódicos y la voz tiene como acompañamiento principal un bajeo profundo. Además en canciones como “Dreams of Samurai” encontramos nuevos elementos, como el piano llevando la canción, una guitarra y bajo chillantes con delays, coros y ritmos más solemnes, que en conjunto hacen una buena armonía.

The Getaway se escucha bien de principio a fin, salvo detalles como alguna parte dentro de la lírica de Anthony Kiedis que por momentos cae en lo soso y burdo, pero en general existe una oferta sólida y enérgica. Al final, es un cambio, los cambios son buenos, y más en cuestiones musicales. Si no se experimentara de este modo con el sonido, habría subgéneros musicales aún en la obscuridad.

Red Hot Chili Peppers - The Getaway
Freddy Campos5
Tania Mora7.5
Pros
  • Busca un nuevo sonido
  • Buen trabajo de Danger Mouse
  • Kinghoffen mejora y propone
Contras
  • No lo logran del todo
  • Líricas muy 'poéticas'
6.5Promedio final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
6.9

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