REVISTA PICNIC Rise Against @ Pabellón Cuervo - Revista PICNIC
Todas la pecas del mundo

Texto: Fernando Valencia

He visto a Tungas más que a cualquier otra banda mexicana, y nunca he pagado para ver a Tungas. Pero no quiero salirme cuando tocan”. Es notorio que la audiencia conoce sus canciones al derecho y al revés. Se aplaude al ritmo y se corean las letras. El público está encendido desde que entra al Pabellón Cuervo, y en tono juguetón aclaman a Rise Against en los silencios más prolongados, sin dejar de participar en el set de los chilangos.

El tiempo entre bandas pasa con lentitud tortuosa. Los fans no llevan veinte minutos esperando, son ya siete años. Los chiflidos y gritos invaden el aire, y son acallados únicamente por Bad Religion y su clásico “Sorrow”, cantado con el alma por la mayoría de los asistentes.

No hay avisos. Se apagan las luces y Rise Against toma abruptamente el escenario. La concurrencia se compacta al ritmo de “Ready to Fall”. Tim McIlrath, casi a sus 40, demuestra con desgarradores gritos que los años no han hecho más que entrenar su voz.

México, se siente bien estar aquí, y es todo gracias a ustedes”. Con “The Good Left Undone”. El público, en su abrumadora mayoría gente de entre 22 y 35 años, se calma un poco tras la tormenta inicial. “Re-Education (Through Labor)” y “Satellite” reavivan las llamas. Casi todos cantan apasionados sobre confesarse e iniciar el resto de sus vidas.

Si nos permiten, queremos tocar una canción nueva”. “The Violence” deja en claro que los fans de Rise Against no viven de viejas glorias. Se abren mosh pits, mientras todos corean. “Estamos en una batalla por nuestro país. Una batalla contra el racismo, la xenofobia, la homofobia y esas mierdas, y de eso es esta canción, se llama ‘Welcome to the Breakdown’”.

“State of the Union” es, sin lugar a dudas, el momento más brutal de la noche. Tim columpia violentamente el micrófono, brinca por todo el escenario, se acerca a la audiencia y les invita a cantar, mientras grita sin inhibiciones una nota sostenida impresionante.

Llegamos a México antier, hemos tenido tiempo de caminar las calles, probar su maravillosa comida, y fuimos a las pirámides. Nos recordaron que no fuimos los primeros, ni seremos los últimos. Nuestros problemas tendrán solución. Los resolveremos juntos”. Con “Give It All”, la agrupación termina de estrechar el vínculo íntimo que ha generado con su público.

Un chico semidesnudo, probablemente en medio de un malviaje, es arrastrado por sus amigos hacia atrás. “I Don’t Wanna Be Here Anymore” lo trae de vuelta a la vida, y como si nada hubiera sucedido corre, mezclándose entre la gente. Con “Prayer of the Refugee”, Tim ya no está en el escenario, canta entre los brazos de sus fans.

La banda sale, y minutos después Tim vuelve con una guitarra acústica para interpretar “Hero of War”. Por momentos su voz se ahoga entre el resto. “Son una gran audiencia, déjenme tocar una canción extra”, dice antes de comenzar “People Live Here”. Su pequeña sesión termina con “Swing Life Away”, otro de los momentos más ovacionados.

Nuevamente quedamos a oscuras, la banda entera regresa a tomar posiciones. Son las últimas canciones, y todos lo saben. Se abre un círculo enorme frente al escenario, la banda lo ve y sonríe. “Blood-red, White & Blue” desata el infierno. Al menos cincuenta personas corren unos tras otros, golpeando todo a su paso. “Audience of One” mantiene la tendencia.

Finalmente, aparece “Savior”. El caos se apodera del Pabellón. Gritos, sudor, pits. Rise Against cumple y supera las expectativas de su regreso regalándonos el set más largo de su gira latinoamericana, con promesas de no dejar pasar tanto tiempo para volver. Y claro, les creemos.

Fotos: Salvador Bonilla