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En 2012 llegaba a nuestro país un acontecimiento de efecto retardado (España descubrió el boom chileno dos años antes). La nueva escena independiente de la ciudad de Santiago de Chile pisaba tierras mexicanas para volverse una de las favoritas. Radiodifusoras, festivales, prensa y más le dieron el impulso necesario para que los músicos de esta nueva ola pudieran crecer. Pero fue principalmente el público quien se convirtió en su fiel seguidor. Tras este boom muchos artistas chilenos decidieron quedarse a vivir por un tiempo en México, caso especifico: Los Bunkers. Según ellos era un paso necesario para seguir creciendo.

Regresando en el tiempo, en 1998 los hermanos Rodrigo y Jorge Santis crean en la ciudad de Santiago un pequeño sello discográfico llamado Quemasucabeza, que sirvió como plataforma a los jóvenes músicos emergentes. Javiera Mena y Gepe fueron de los primeros en pertenecer al sello, para más tarde volverse íconos dentro de la escena independiente o el nuevo pop chileno, que sonaba fuerte en México, España y el resto de Latinoamérica. Hasta el famoso programa de televisión 31 minutos tomó su segundo aire a partir de esta nueva oleada, participaron en un video de Los Bunkers, Juan Carlos Bodoque se encargó de entrevistar a la promesa melódica Pedro Piedra y comenzaron una gira que los ha traído en varias ocasiones a México donde han sido un verdadero éxito.

El nuevo sonido creado desde la capital ayudó a sobrellevar los múltiples sucesos (terremotos, movimientos estudiantiles, etc.) de aquel país. Todas las bandas compartían su gusto por el pop, fue algo que tenían a la mano y la manera más sencilla de llevar su mensaje. Como es natural, muchas agrupaciones provincianas tuvieron que emigrar a Santiago puesto que ahí se empezaban a concentrar bares, discográficas y medios. Era punto de inflexión para comercializar su música. Absolutamente era necesario viajar hasta esa ciudad ya fuera para grabar o promocionar. Santiago sirvió también como una bodega musical.

La música centralizada 

Otro sello importante es Cazador fundado por Diego Sepúlveda, quien se encargó de lanzar a Protistas y su propuesta de noise pop.

Dos de los festivales más importantes para la música chilena se festejan en Santiago: Lollapalooza que tuvo su primera edición en 2011 y el Festival Neutral que se ha vuelto tradición y sinónimo de fiesta. Prehistöricos es tan sólo una de las propuestas que han pisado el escenario del Neutral. La música de este dúo está inspirada por los paisajes como El Cajón del Maipo, uno de los lugares bacanes de Santiago, frontera entre la naturaleza y urbanización.

Fernando Milagros es un artista de folk que logró crecer sin salir de Santiago. Nació, creció y se quedó en la ciudad, donde él mismo confiesa que la crítica de dicho lugar lo ayudó a mover su proyecto que lo ha llevado a presentarse en el Primavera Sound.

Sello azul es otro ubicado en el centro de Chile, la mayoría de las bandas firmadas son de provincia. Entre su catálogo se encuentra el primer álbum lanzado por Teleradio Donoso, agrupación liderada por otro personaje importante dentro de la escena: Alex Anwandter.

Creado hace apenas dos años, Sello Piloto es el más reciente de las discográficas. Se encuentra en los pequeños suburbios de Santiago y se ha convertido en la casa de la nueva generación de músicos menores de 30 años:  Patio Solar, Niños del Cerro y Los Valentina. Uno de sus fundadores, Elías Leyto, explicó en una entrevista que la selección para su catálogo se basaba en que todas la bandas estuvieran relacionas, que vivieran en una zona especifíca.

Santiago de Chile es una ciudad en la que se han reunido razas, clases sociales, ritmos, estilos. Es ahí donde llega toda la cultura y donde les ha resultado más fácil crecer a muchos artistas y encontrar el medio para después cruzar fronteras y conquistar nuevas tierras. Para bien o para mal Santiago es cuna del pop chileno.