REVISTA PICNIC Santiago Caruso: la búsqueda de lo inquietante - Revista PICNIC

Cada una de sus obras sugiere un pequeño universo colmado de imaginación. Es tal su espíritu provocador, que cada uno de sus trazos quiebra los límites de lo real.

Extraño caso el de Santiago Caruso: es uno de los ilustradores argentinos más deslumbrantes del siglo XXI y, sin embargo, su obra revela un proceso creativo incompatible con su tiempo.

En una época en que la creación electrónica se ha vuelto dominante, Caruso manipula sus ideas con la precisión manual de un cirujano. Devoto del contacto con el papel, considera que la ilustración digital pertenece a una lógica distinta: «tiene otras posibilidades, pero está tratando de emular lo hecho a mano, lo rústico, lo textural».

Su proceso transcurre de la palabra al trazo. «Lo que hago es escribir algunas líneas sobre de qué va a ir la imagen; en ocasiones ni siquiera hay bocetos previos», explica el ilustrador. En cierta forma, partir de la escritura es un síntoma de sus intenciones. Al recibir el mensaje, el lector ejecutará un proceso inverso: utilizará la imagen como una vía de retorno a la lectura.

Cada una de sus obras sugiere un pequeño universo colmado de imaginación. En sus ilustraciones los detalles son seductores; quien los observa sabe que si se acerca demasiado podría quedar congelado en tinta oscura. Es tal su espíritu provocador, que cada uno de sus trazos quiebra los límites de lo verdadero y se codea con el surrealismo. El ilustrador argentino, sin embargo, no se considera surrealista. «Mi trabajo es más bien una hibridación entre el simbolismo de fines del siglo XIX y género fantástico». Si en un primer vistazo su virtud técnica parece deslumbrante, la exploración profunda de sus ideas —de una fascinación incomparable— altera el orden de la realidad.

Hay otras razones que explican el éxito de la plástica carusiana. El reconocimiento internacional de su obra le ha permitido migrar de la industria editorial a la musical. Es autor de la identidad iconográfica de bandas como The Organ Thieves, Tragic Culture y Bella Novela. A la manera de Charlie Parker, Caruso es un creador de instantes. Afirma, con la certeza de quien domina su arte, que «si la música se improvisa, la imagen también».

Nada más natural que sentir curiosidad por la creación literaria cuando se vive en contacto permanente con los libros. A Caruso le atrae la idea de escribir una obra propia, pero su instinto creativo compite con el tiempo, que nunca le parece suficiente.

En años recientes ha publicado su trabajo en Libros del Zorro Rojo, editorial barcelonesa con la que ha publicado El horror de Dunwich (2009), de H. P. Lovecraft; La condesa sangrienta (2010), de Alejandra Pizarnik; El monje y la hija del verdugo, de Ambrose Bierce (2011) y El Rey de Amarillo (2015), de Robert W. Chambers.

Santiago Caruso