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Espacios vacíos retocados de colores con tonos profundos, falta de argumentos narrativos, un trabajo de cámara agresivo y en momentos innecesariamente vertiginoso, un ejercicio formal que apela a un cine de sensaciones y no de discursos. Así se plantea Tenemos la Carne (Mex, 2016), ópera prima de Emiliano Rocha Minter. Una especie de viaje al fondo del mal, a un infierno tal vez, o al oscuro interior de un país que muere día con día.

Es Kandinsky quien dice: “Comprender” es formar y aproximar al espectador al punto de vista del artista. Ya dijimos que el arte es hijo de su tiempo. Un arte así solo puede repetir artísticamente lo que ya satura evidentemente la atmósfera del momento. Este arte, que no guarda ningún germen del futuro, que es solo hijo de su tiempo y que nunca crecerá hasta ser engendrador de futuro, es un arte castrado. Tiene escasa duración y moralmente muere en el instante en que desaparece la atmósfera que lo ha originado.

 Se vuelve de suma importancia tener claro que el cine es un arte; es por ello que las palabras del pintor ruso, aplican para su análisis, para su crítica. No podemos esperar que todo el cine quepa en tan profundo análisis, pero ahora se convierte en un vehículo que podemos tomar, pues el film que se analiza peca de banal, se atribuye un discurso que no embona con la manera de contar la historia que nos pretende contar. Carece de imaginación y sutileza, y busca con acciones agresivas al ojo común, generar emociones. Ahí su mayor defecto: rellenar con violencia y agresividad  las carencias de argumentos visuales y narrativos.

Si se quisiera manejar la idea de que esta película pertenece a un legado de obras cinematográficas que nos han configurado los lugares más oscuros de la psique, o que nos han mostrado en su plástica, lo mórbido, lo soez, lo oculto, lo maldito. Estaremos cometiendo un error, pues este tipo de  obras son hijas de su tiempo y han buscado abordar los temas más oscuros con honestidad y con una conciencia histórica y social claras y fundamentadas. No se han refugiado en su forma, en sus bellos escenarios o sus estallidos visuales. Es el caso de Saló o los 120 días de Sodoma(ITA, 1976), Irreversible (FRA, 2002) o La montaña Sagrada (Mex, 1973), por mencionar solo algunos de los eslabones que conforman esta cadena.

¿Qué nos quiere decir?

Como buena película de su “género” Tenemos la carne busca abordar muchos temas, de muchas formas, con muchas variables; busca que el espectador interprete las ideas filosóficas  del director, su idea de país, de gobierno, de sociedad, de muerte, de vida. En una lectura de temas profundos y que necesitan mucho más desarrollo para ser captados, de eso va la película. Sobre la línea de buscar una posible sinopsis; la película nos cuenta la historia de dos hermanos que divagan por un extraño y desolador contexto. Es ahí donde encuentran a un personaje que los lleva por un camino de rituales y decadencias simbólicas (por llamarlo de alguna manera)

Entonces, la película busca encontrar su camino a partir de la decadencia de sus personajes, con el shock visual como instrumento narrativo, con la incongruencia que confunde al espectador y que a manera de “transgresión” hace que los presentes en la sala salgan uno a uno, Tal y como lo cuenta el diario El Pais en su cobertura de la cinta durante en el festival de Sitges, en Catalunya.

Sería injusto sobre-analizar una obra que se vuelve simple tras pretender su complejidad. No podemos olvidar que es una ópera prima; el director apenas comienza su camino y busca encontrar las mejores herramientas para contar sus historias, para transmitir sus ideas. Esta oportunidad que tuvo, la llenó de conceptos, la elevó a un grado que cruzó el limite de lo narrativo, sin justificación. La saturó de colores, de elementos artísticos, de citas visuales a autores que le gustan, de Noé Hernandez en un tono más que elevado, haciendo teatro frente a una cámara, de ¿autoría?

La película se presentó en el programa #MásCineMexicano del cine Tonalá y continúa en la Cineteca Nacional. 

Sobre El Autor

Joshua Chacon Vega

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