REVISTA PICNIC Trópico 2016 @ Pierre Mundo Imperial, Acapulco - Revista PICNIC

Por Fernando Valencia @fervalencia4

A la orilla del mar, debajo de un sol implacable, el festival Trópico volvió en su edición 2016 para deleitar a todos aquellos que viajan a Acapulco año con año para disfrutar tres días de fiesta, playa y música en vivo.

Luego de un primer día de pool party, el sábado unas 4 mil personas se dieron cita en el Hotel Pierre Mundo Imperial. Las primeras horas fueron de confusión total, puesto que el escenario principal se encontraba cerrado. La seguridad, aún sin saber bien qué hacer, ponía barricadas en todos los accesos y salidas posibles. En el escenario Panamérika, Marrón tocaba para unos cuantos tempraneros que disfrutaban las dos piscinas del área.

Con casi una hora de retraso, el escenario Trópico por fin abrió sus puertas. Elsa y Elmar inauguraron sus actividades con un set bailable y divertido, despertando a los que aún sufrían los estragos de la noche anterior.

Durante estas primeras horas, las albercas fueron los grandes puntos de reunión. Muchos aún no caían en la cuenta de que el festival ya había iniciado, por lo que llegar a las primeras filas era una tarea muy sencilla. En el escenario Playa XX, cuyo telón es el océano mismo, Allah-Las puso a algunos alcoholizados jóvenes a moverse.

Jaakko Eino Kalevi tomó el escenario cuando la noche comenzaba a hacer su aparición. Ante una audiencia nutrida, dio ejemplo de ejecución impecable que desafiaba los obstáculos de acústica provocados por los edificios del hotel. Tristemente, este fue el acto que demostró el poco interés de muchos asistentes por la música. Decenas de personas dedicaron su tiempo a platicar y gritar cosas sin sentido, cosa que el finlandés notó especialmente cuando intentó usar el micrófono para dedicar unas palabras a los presentes.

Con un mejor ánimo colectivo llegó uno de los momentos más anticipados de la noche. Devendra Banhart y su banda salieron con un espíritu muy alegre a interpretar su seductora música. Combinando temas viejos y nuevos, en español y en inglés, con movimientos exagerados y coqueteando con el público, el músico se ganó los corazones de los presentes creando una conexión casi íntima en un evento masivo. Un chico se desgarraba la voz con particulares exclamaciones, destacando “¿Qué le harías a Devendra? Uy, muchas cosas, ¡wuuuu!”.

El retraso del escenario se había acortado poco a poco, quedando en una media hora. Más de una docena de instrumentos comenzaron a tomar su posición en el escenario a bordo de gigantes plataformas móviles. Había llegado el momento de escuchar a uno de los más grandes genios de la historia musical interpretar uno de los discos más influyentes de todos los tiempos.

Diez músicos asumen posiciones. Uno de ellos escolta a Brian Wilson, tomándolo por el brazo para ayudarlo a llegar a su silla. A sus 74 años, el ex líder de los Beach Boys está lejos de sus mejores días. Le llueven aplausos por todos lados. La banda comienza a interpretar parte del catálogo de éxitos de la agrupación californiana antes de llegar al álbum prometido. Destacan “California Girls”, “I Get Around” y “Don’t Worry Baby”. Los fotógrafos incomodan claramente a Wilson, por lo que en el micrófono les dice que es suficiente y los despide con un gesto de su mano.

Brian habla poco, cediendo el control del show a Al Jardine y Blondie Chaplin, cuya vitalidad es francamente sorprendente. Las notas altas corren a cargo del hijo de Al. Nada de eso importa, la trascendencia de este hombre es tal que podría llegar a sentarse dos horas sin moverse y dos horas tendría que aplaudírsele. La música suena perfecto ahí, junto al mar, con el sonido de las olas y el viento cálido.

Cuando suenan las primeras notas de “Wouldn’t It Be Nice”, la euforia explota. Muchos fans del disco se destapan, incluyendo a los chicos de Allah-Las, que desde el pit bailan ligeramente intoxicados. Durante media hora el tiempo se detiene, todo es perfecto, y el legado de Wilson vibra más fuerte que nunca en un mosaico generacional precioso. “God Only Knows” es, sin lugar a dudas, el momento cumbre de muchas vidas que se dieron cita en Acapulco.

Después de Pet Sounds, sin tomar ningún descanso, llega una sucesión de hits que devuelven al Trópico su espíritu festivo playero. Es cierto, los Beach Boys fueron creados para escucharse en un lugar paradisiaco. “Good Vibrations”, “Surfin’ USA” y “Fun Fun Fun” son algunos de los temas elegidos para poner fin a este histórico acontecimiento.

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La mayoría de la gente se traslada a las albercas nuevamente, dispuestos ya a terminar el día con ayuda de alcohol y otras sustancias. La madrugada y las más de 24 horas de fiesta ininterrumpida no terminan de matar las ganas, los trajes de baño siguen luciendo y los bares siguen teniendo largas filas. Seun Kuti carga el legado de su padre junto con su banda de afrobeat Egypt 80, para un público más reducido.

Entre Daniel Maloso y Bufi, el Red Bull Panamérika mantiene con vida el fuego de Acapulco. A la orilla de la piscina, varios bailan descalzos sobre el pasto. Caminar entre escenarios se vuelve complicado por la gran cantidad de gente que, sentada o acostada, escucha la música en el fondo.

Casi para finalizar, Vox Low entrega su electrónica pesada en formato live set ante un público que aprovecha los huecos que se han ido dejando para bailar completamente perdidos en el trance. Aunque muchos están esperando a Todd Terje, son cautivados por la propuesta.

Son altas horas de la madrugada cuando Todd aparece. Solamente él, una mesa y una laptop ponen a bailar a quienes se niegan a dormir. Increíblemente, animados por la noche, muchos comienzan a sacar coreografías más complejas y pasos mucho más vistosos. Con ese ritmo, muchos elegimos dejar el recinto, completamente rendidos.

El domingo, más que una fiesta, parece una recuperación. El número de gente que ha llegado al hotel por tercer día consecutivo es reducido, y todos se encuentran en la Alberca Adidas escuchando a algunos DJs que ponen música conocida para que el baile no se detenga. A muchos nos espera un largo viaje, pero pese a las fallas de organización y el público que llegó a ser molesto en más de una ocasión, nos quedamos con un gran recuerdo. Nos llevamos una experiencia que se quedará con nosotros para siempre.

Fotos por Hayde Corona