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Hace unos días apareció una nota en un diario mexicano en la que mencionaban los actos que el presidente de Estados Unidos estaba realizando apenas en la primera semana de su gobierno. Actos retrógradas, coincidían los especialistas en materia política. Un retroceso de años; la destrucción de la política americana implementada por el ex-Presidente Barack Obama en sus años de gobierno. Es inminente el caos que, en cuestión de semanas, ha creado el hombre del copete rubio. A partir de aquella nota mi mente no pudo dejar de pensar en Wicked. Memorias de una bruja mala, de Gregory Maguire.

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La novela nos ubica en una ciudad Esmeralda gobernada por Oz; gobernante envestido de un héroe “dispuesto a ayudar” a los ciudadanos de Esmeralda y a la propia ciudad. A Oz lo podríamos abarcar desde la postura de Dictador, que si busca un bien, no será exactamente la de todo ciudadano de la ciudad sino el de cierta clase social, pero sobre todo la suya. En nuestro contexto histórico (el real), la situación se está dando, Trump está tratando de bloquear cualquier posibilidad de manifestación en su contra, postulando puestos políticos a su círculo.

Otro aspecto, que nos decepciona y enfurece, ha sido el famoso muro que nos quieren construir. Si de por sí existen muros de manera imaginaria, el hacerlo tangible será por más una situación preocupante. En este sentido, tanto en la obra de Baum, El mago de Oz, como en Wicked, de Maguire, la ciudad Esmeralda se encuentra en el centro y amurallada. Estados Unidos, por muchos años, ha sido la mayor potencia mundial, lo que la hace el centro de múltiples movimientos culturales, sociales y políticos. El construir aquella muralla (que descaradamente se espera que México pague) solo nos apartará. De esta manera, Estados Unidos como la ciudad literaria de Esmeralda se idealizará para muchos que anhelan el “American Dream”, ya que no es novedad que, para una parte de norteamericanos y hasta latinos, Donald Trump hará resplandecer a la poderosa nación.

Pero aquella idealización del país no viene sola; Donald Trump se ha encargado de crearse discursos (muy similares a los que usó Hittler en su momento) para encandilar y emocionar a la gente que le apoya. Este vendaje que se les ha creado, en Wicked hallamos una analogía en los lentes que todo ciudadano (y quien quiera entrar a la ciudad) debe usar; lentes color esmeralda que sirven para que vean el opulento resplandor esmeralda de la ciudad, la cual en realidad no es tan de dicho color.

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Por último, otro punto que rescataremos será el de las represiones. En estas pocas semanas de su gobierno, Trump ha comenzado a implementar un discurso xenófobo y discriminatorio: la construcción de un muro que separe estadounidenses de mexicanos,  negar el acceso a refugiados musulmanes al país americano, leyes contra el aborto, son algunos de los actos represivos que se están suscitando.

Ahora, aquello visto en Wicked, el mago de Oz, dentro de sus decisiones como soberano de Esmeralda, trata de que, aquellos animales con capacidad de habla e inteligencia sean tratados como animales: encerrados en corrales, sin ropa, caminando en cuatro patas. Todas estas formas de sometimiento que se representan en la novela hacia estos personajes son humillantes y nada alejadas a nuestro contexto histórico, donde con sus próximas leyes “Trumpeanas”, se quiere dominar a todo pueblo/cultura/sociedad que se le considere subalterna a la América de Trump.